Una vez más, víctima de la astucia y la persuasión de la publicidad, acudí a ver “La Red Social” (The Social Network).
Recientemente suelo categorizar a las películas, a mi no muy entrenado juicio aún, en tres grandes categorías que son susceptibles al debate y de las cuales, por supuesto, se desprenden todo tipo de detalles que pueden enriquecer o empobrecer a una obra cinematográfica: las películas cuya cualidad sobresaliente se asemeja a una facultad casi teatral, es decir, sus personajes, encarnados en las pieles y las voces de esos inocentes entes llamados actores , son las estrellas y brillan sobre cualquier otro aspecto del film. Las películas en las que sale a florecer y le rinden un total culto a lo que promovió un de los más influyentes movimientos de la historia del cine, La Nouvelle Vague: la cámara lápiz, obra del crítico Alexander Astruc. Películas en las que la capacidad estilista del maestro creador o director salen a flote y maravillan al espectador con imágenes conmovedoras, movimientos de cámara hipnotizantes y una puesta en escena que guía al espectador con una fluidez y una destreza equiparable a la de un ascensor en un edificio con sólo una parada. Y siendo justos al juicio que les compete, siempre ganadoras o nominadas del gran premio de La Academia, para tomar un referente, a la mejor película del año. Y están las que sencillamente combinan ambas de estas destrezas, y aunque escasas, las hay.
“The Social Network” cabe definitivamente dentro de la primera categoría, sin dejar de lado muchos de los aspectos que acompañan a la segunda, pues su director, David Fincher, logra enmarcar una entretenida historia con un registro magnifico y una organización espacial de los escenarios, impecable. Volviendo al tema de la categorización, esta película resalta enormemente por la interpretación de su personaje principal, en el que el actor Jesse Eisenberg encarna al multimillonario creador de Facebook, Mark Zuckeberg, con una naturalidad y credibilidad tan eminente que pareciera que se estuviera viendo al verdadero Zuckeberg a través de la magia desapercibida que nos trae el cine. También cabe resaltar un impecable guion inspirado en un libro, cuyo nombre no recuerdo, en el que se narra la historia de varios “millonarios por accidente”. Aun así, las frases que pronuncian sus personajes son impactantes y simplemente nunca dejan que el espectador pierda el hilo y el contacto con los personajes, especialmente con el principal, y mantengan la atención fija en el objetivo marcado de la película: la controversia creada alrededor de la creación de la red social, y no hubiera sido posible sin la magistral interpretación del actor protagónico anteriormente nombrado.
Sin embargo, y volviendo al encabezado de este intento de “critica”, la publicidad ha jugado una vez más con mi mente. Siento que se le dio mucho alboroto a esta película y que aunque está muy bien lograda, no deja de ser la típica pero no por eso mala o errónea biopic o película biográfica. Acudí a esta cita con el cine con las expectativas más altas posibles a esta película y que sinceramente no se llenaron por completo. No termino de entender cómo una sociedad de críticos norteamericanos la cataloga como la mejor película del año, sobre muchísimas otras obras que superan evidentemente a ésta. Pero como siempre, se saldrán con la misma coartada que arropa a cualquier interpretación artística o en este caso en particular, cinematográfica: la subjetividad que viene precedida por muchísimos otros trasfondos. Y ya que esta película hace enaltecer más la cultura norteamericana, su muy superior educación universitaria y perseverancia empresarial, pudo haber sido un factor decisivo para el veredicto de los críticos que la eligieron como la mejor del año. Aun así, no dejo de sorprenderme de lo bien ambientado que estuvo el universo Harvard durante toda la historia y un montaje fenomenal que en ningún momento trata de resaltar y de despilfarrar los elementos de la narrativa audiovisual, sino todo lo contrario, complementan enormemente las interpretaciones bastante realistas de sus actores y le dan un punto más a favor a este film que vale la pena disfrutar una o dos o las veces que se quiera. Atención a la secuencia del torneo de canotaje.
“The Social Network” está totalmente recomendada para aquellos que disfrutan de los dramas amorosos y legales en general y para cualquier ingeniero de sistemas o aficionado en general a la informática que encontrará en esta historia un total espejo de sus ambiciones y, quién sabe, una que otra gota de inspiración.