Uno de los elementos que más
ha ayudado a desarrollar tramas y a crear historias que se puedan retratar a
través de cualquier medio, que ha expuesto de la manera más cruda y honesta la
naturaleza humana en todos sus niveles y que ha aportado a la consolidación de
numerosos dramas que al mismo tiempo se desprenden de él y enmarcan otro tipo
de reflexión sobre el hombre mismo y su formación a través de su contexto
político y social, es la guerra. Pero no la guerra contada como una noticia o
un suceso coyuntural, no como un capítulo más en una enciclopedia o libros de
historia o como el engranaje que ayudó a que el desarrollo social a través de
las eras se diera de manera secuencial, sino como un suceso que condiciona la
vida y la perspectiva de una persona. Un individuo como cualquier otro que
enmarca en sí mismo todos los dramas y conflictos que estos acontecimientos
pueden desatar, pero que afectan directamente la naturaleza del ser humano y lo
exponen y desnudan ante los ojos de la desprejuiciada cámara que lo percibe
desde la mirada más estética y enriquecedora posible.
Valiéndose de una fotografía
deslumbrante y de una historia monumental y enternecedora, “War Horse” es otro
ejemplo de cómo la guerra ha sido tan enormemente provechosa para el cine que
la mira, la critica, la reflexiona y propone nuevas maneras y personajes para
hablar de ella, y sobre esto es en lo que se apoya esta historia. Esta vez no
es un soldado que lo abandona todo para luchar por su país. No es la camaradería
que une a todo un pelotón que se juega la vida contra el enemigo en inhóspitos
escenarios, ni es la historia de amor trágica que rompe un lazo sentimental y
lo pisotea con tanques, balas y trincheras. La mirada ha cambiado y el enfoque
trasciende al de un caballo que, a diferencia de los humanos, no es dueño de
ninguna tierra y anda por donde lo lleve su instinto animal, por ende no siente
obligación de defender nada ni arriesgar su vida por estas causas absurdas como
las guerras; aún así, el protagonista de esta historia, que es sin duda el
animal, refleja todos estos dramas y sentimientos que despiertan estos
acontecimientos, y más aún cuando esta historia de valentía y supervivencia es
atravesada por la amistad. Una amistad fundada sobre la confianza y la lealtad
que si bien también se puede dar entre seres de la misma especie, parece ser
que cuando éstas no son las mismas el fruto de ella es más sólido y fuerte, y
es por esto que este relato eleva ese sentimiento de amistad y lo fortalece, y
sigue el viaje de incertidumbre repleto de altibajos de este cuadrúpedo.
También muestra una faceta
de ser vivo que se asemeja o podría decirse es igual a la del humano. No presenta
a Joey, el caballo protagonista, como un autómata que reacciona a órdenes o
como una insensible bestia que está sólo para las labores físicas, sino que es
expuesto como un ser viviente, una criatura que sufre, teme y reconoce la amistad
y la confianza. Su carrera por sobrevivir que es en gran medida predestinada
por las andanzas y las decisiones del hombre, es lo que se despliega a lo largo
de este argumento narrado con excepcional maestría en las manos de Steven
Spielberg que utiliza, como ya mencionado, una espectacular concepción visual
que presenta las grandes praderas y campos de la Inglaterra rural donde se
yergue la criatura y se contrasta con la crudeza y frialdad de los campos de
batalla empapados de lodo, explosiones y circundados por intimidantes barreras
de púas y trincheras sofocantes; todo esto para poner a prueba la fortaleza y
valentía que se encarnan en este animal que por su condición misma, siempre
estará bajo la mano del hombre que en una secuencia llena de emoción y una
puesta en escena efectiva, se decide su destino en las vueltas de una moneda en
caída.
Spielberg es sin duda uno de
los grandes narradores que han pasado por el escenario cinematográfico mundial.
La imagen como alma y esencia del cine, es llevada a su máxima expresión con
esta película y por supuesto, la anatómica belleza con la que carga el caballo
(quien fuera el animal que ayudó a consolidar los primeros inicios del cine con
el experimento de Standford) hace de esta narración algo bastante épico. Las esbeltas
pero al mismo tiempo poderosas piernas del caballo arando un campo de cultivo y
arrastrando un pesado cañón, o galopando mientras arrastras consigo cientos de
púas incrustadas en su cuerpo, exhiben la perseverancia de una gran criatura
cuyo vínculo con el humano transciende las barreras y todo tipo de obstáculos y
es tan bello y conmovedor como esta deslumbrante y visual épica historia.