Tratando de entender el mundo en imágenes móviles.

domingo, 31 de julio de 2011

“Midnight in Paris” Una noche de nostalgia.

El deseo por vivir en otra época donde, según el pensamiento popular, las cosas pudieron haber sido mejores, ha invadido la mente del ser humano (según la premisa planteada en esta película) a través de la historia. Esa nostalgia que causa el mirar atrás a ese pasado que nunca se vivió y que sólo se conoce a través del arte y otras manifestaciones del hombre, es lo que plantea esta extraordinaria y mágica película del maestro Woody Allen. Una película en la que los conflictos son palpables en todas las situaciones que se despliegan a lo largo del relato y que a través de personajes sólidos y altamente contrastados, se entrega directamente el mensaje y la reflexión que se hace sobre la banalidad de todos los presentes que ha acontecido la historia y la superficialidad de ese propósito de recordar lo que nunca se vivió.

Esta película, si bien mantiene muchos de los ya conocidos “sellos de marca” del director neoyorkino, como lo son su puesta en escena tan naturalista y que al mismo tiempo hace que sus personajes interactúen altamente con el espacio, sus largos planos estáticos y diálogos ideológicos que exponen de manera eficaz el punto de vista del personaje, innova más que todo es en el argumento, el cual se divide en dos grandes partes: el planteamiento del contexto del personaje protagonista (Gil), que se da a medida que se enfrenta a ciertas discrepancias con la familia de su futura esposa y con ella misma y que se incrementan aún más al sumarle la presencia de un hombre que encarna todos los aspectos opuestos a él pero que su esposa disfruta enormemente de su compañía, incluso más que con su futuro esposo; todas estas situaciones llevan al personaje a apartarse de este núcleo social y se encuentra deambulando por las misteriosas y hermosas calles de París en la noche, en este instante se inaugura la segunda parte del film: el viaje de Gil entre el París de los años 20 y el París actual, su mundo idealizado que le produce nostalgia y la intrascendente realidad que lo acoge en el presente. Y aquí radica uno de los grandes logros de este film, la manera tan sutil y natural (que no cae en lo inverosímil ni ilógico) en la que el señor Allen introduce al espectador en esa lógica de viajar en el tiempo en una calle específica de París a través de un carro clásico de la época justo a la medianoche, un código de lectura que se establece con el público y cuyo objetivo se cumple a cabalidad.

A partir de allí los conflictos, tanto en su presente como en el pasado, van a empezar a incrementarse y todo esto llevará a giros inesperados y sorprendentes encuentros con todos los ídolos artísticos del personaje, que si se mira con más detenimiento, bien podría ser un directo alter ego de su creador, Woody Allen, pues todos esos ídolos y la manera en la que el personaje interactúa con ellos y manifiesta su gran admiración, son un reflejo de la pasión por el arte y la formación que ha recibido este excelente realizador; personajes como Dalí, Hemingway, Picasso y muchos otros harán que esos recorridos nocturnos hagan más significativa esa estadía que se tornará en una jornada de autodescubrimiento y provecho creativo en la faceta de escritor del protagonista (otro aspecto que refleja al genio creador de este universo en el personaje).

Otro “sello” que se mantiene más que constante en esta película es el protagonismo de la ciudad que enmarca a la historia. Como lo fue Londres en “Match Point” y Barcelona en “Vicky Cristina Barcelona”, París sale a relucir en todo su furor en la concepción visual que se le da a esta historia. Como lo mencionado arriba, se mantiene el mismo estilo de Allen de una fotografía más bien estática y general, pero nunca se deja de lado al escenario, sino que algunas veces se impone sobre la situación y se le da cierta prioridad a el dónde se realiza la acción que a la acción misma y por supuesto, el complemento de ambos aspectos. También, la dirección artística ha sido un logro significativo, pues logran complementar muy bien el París moderno con el antiguo y lo representa de una manera muy real y cotidiana: como lo son todos los encuentros de Gil con todos sus ídolos intelectuales. Los antiguos bares, las residencias de sus “héroes” y el vestuario de los mismos, hacen que estas secuencias del argumento sepulten por unos segundos a esa ciudad clásica pero vanguardista a la que le huye el protagonista y hagan pensar, al igual que Gil, que efectivamente nos encontramos en otra época.

Pero esta película no se queda sólo en el hecho de crecimiento artístico y deleite personal de Gil al viajar en el tiempo a esa ciudad perfecta, sino que, como es característico en el director, los altibajos del amor también salen a relucir. Los conflictos de pareja y la infidelidad son un punto clave en el argumento, pues acentúan más ese distanciamiento que tiene Gil de su presente y el amor literal que crece por el pasado, encarnado en Adriana, una de las “musas” de Picasso. Esa desconfianza se manifiesta también en uno de los aspectos más intrigantes de la historia, el detective que sigue a Gil para descubrir la supuesta infidelidad que sus “suegros” sospechan de él, que pudo haber funcionado como la ventana que podría esclarecer el misterio de la magia de los viajes del tiempo, algo con lo que la película juega bastante al mantener la tensión y la intriga en esta incógnita.

Esta historia es un clásico ejemplo del hecho de recurrir al aspecto que se quiere criticar, como elemento narrativo, para a su vez, cuestionarlo y tratarlo, pero que esta vez se hace con la ironía y la sátira tan características de Woody, y que deja más que claro su mensaje de vivir el presente tal y cómo se nos da, esto lo hace haciendo alarde de su talento como guionista al plantear una situación similar con Gil y su enamorada del pasado que tiene los mismos sentimientos suyos hacia otra época: La Belle Èpoque de Francia, y se plantea ese círculo vicioso en la mente humana de la nostalgia y el menosprecio por el propio presente.

En suma, una historia original, muy bien contada, eficaz y directa, que expone una vez más la maestría de Woody Allen al presentar su punto de vista y todo enmarcado dentro de su narrativa cinematográfica tan particular y en un divertimento artístico y cultural para el espectador.

sábado, 9 de julio de 2011

"Cuarenta" La edad es más que un número.

A través de la historia de la cultura popular se ha tratado un tema bastante universal que ha acogido a cientos de personas adultas y se ha intensificado más a través del tratamiento que, tanto el cine como la televisión, le han dado; éste es acerca de la tan temida crisis de la mediana edad; aquella etapa de la vida en la que la nostalgia por el pasado y por la juventud disuelta en el tiempo cobra una importancia desmedida en la vida de la persona que usualmente se suele estereotipar en un hombre, cuya edad se le nota a leguas. “Cuarenta” es una película que mantiene la misma ideología pero que innova y profundiza más, no sólo en el tema de la supuesta vejez prematura, sino también en todo lo que pueden significar todos esos años dejados atrás y sumados a una cercana y significativa amistad.

Los personajes de esta historia pasan por situaciones bastante significativas que definen en todo su haber, de alguna manera, el destino que los apremia. Una reunión casual se transforma en una especie de rendición de cuentas, de autodescubrimiento y de fortalecimiento de esos lasos que nunca quedaron disueltos en ese pasado tan añorado en la etapa de la vida que retrata esta historia y que se pone a prueba con conflictos tan internos como el hecho de lidiar con una “nueva” orientación sexual pero que tienen incidencias en sus respectivas relaciones y cierta infidelidad que no pasa a mayores pero que se mantiene latente hasta el final.

Otro de los grandes aciertos de este film es la manera en la que se muestra el pensamiento de los personajes de una manera tan real pero que al mismo tiempo se establece un código con el espectador y no lo confunde ni impresiona de maneras facilistas ni efectistas. También, el tratamiento que se le da a estas secuencias del argumento muestran cierta experimentación en lo recurrente a la narrativa y la utilización de recursos como la asincronía del sonido con la imagen y el alto ritmo y discontinuidad propia de muchas imágenes.

El guión está construido de tal manera que se expongan de manera equitativa los altibajos del trío protagonista de la historia y la manera en las que éstas, de una manera natural, se van encontrando y haciendo remisiones a episodios significativos de sus pasados, atravesados directamente con el contexto sociocultural de la época en la que maduraron tanto física como mentalmente. La fotografía y puesta en escena mantiene cierto realismo y naturalismo dado el minimalismo que se mantiene durante toda la película al utilizar sólo una locación y un grupo de protagonistas tan reducido, lo que le da la facultad a esta historia de ser altamente intimista y personal pero que al mismo tiempo carga un mensaje y una ideología cercana a cualquier espectador, pues se pregunta sobre la vida misma, sobre el pasado, la amistad y el hecho de un autocuestionamiento que hace de las interacciones entre los personajes, más conflictivas y carga las situaciones que le siguen a éste, de cierta tensión y trascendencia dentro de la historia.

Ésta es una historia altamente personal y crítica que retrata una etapa bastante problemática de la vida al utilizar conflictos como el redescubrimiento de una nueva orientación sexual en la que se debe pensar en la familia y en el futuro incierto de una relación; también el descontento con la profesión dadas las supuestas circunstancias en las que se trabaja que llevan al personaje a una destrucción literal de todo ese pasado y seguir adelante sin casi mirar atrás, la gran premisa de la historia.