El deseo por vivir en otra época donde, según el pensamiento popular, las cosas pudieron haber sido mejores, ha invadido la mente del ser humano (según la premisa planteada en esta película) a través de la historia. Esa nostalgia que causa el mirar atrás a ese pasado que nunca se vivió y que sólo se conoce a través del arte y otras manifestaciones del hombre, es lo que plantea esta extraordinaria y mágica película del maestro Woody Allen. Una película en la que los conflictos son palpables en todas las situaciones que se despliegan a lo largo del relato y que a través de personajes sólidos y altamente contrastados, se entrega directamente el mensaje y la reflexión que se hace sobre la banalidad de todos los presentes que ha acontecido la historia y la superficialidad de ese propósito de recordar lo que nunca se vivió.
Esta película, si bien mantiene muchos de los ya conocidos “sellos de marca” del director neoyorkino, como lo son su puesta en escena tan naturalista y que al mismo tiempo hace que sus personajes interactúen altamente con el espacio, sus largos planos estáticos y diálogos ideológicos que exponen de manera eficaz el punto de vista del personaje, innova más que todo es en el argumento, el cual se divide en dos grandes partes: el planteamiento del contexto del personaje protagonista (Gil), que se da a medida que se enfrenta a ciertas discrepancias con la familia de su futura esposa y con ella misma y que se incrementan aún más al sumarle la presencia de un hombre que encarna todos los aspectos opuestos a él pero que su esposa disfruta enormemente de su compañía, incluso más que con su futuro esposo; todas estas situaciones llevan al personaje a apartarse de este núcleo social y se encuentra deambulando por las misteriosas y hermosas calles de París en la noche, en este instante se inaugura la segunda parte del film: el viaje de Gil entre el París de los años 20 y el París actual, su mundo idealizado que le produce nostalgia y la intrascendente realidad que lo acoge en el presente. Y aquí radica uno de los grandes logros de este film, la manera tan sutil y natural (que no cae en lo inverosímil ni ilógico) en la que el señor Allen introduce al espectador en esa lógica de viajar en el tiempo en una calle específica de París a través de un carro clásico de la época justo a la medianoche, un código de lectura que se establece con el público y cuyo objetivo se cumple a cabalidad.
A partir de allí los conflictos, tanto en su presente como en el pasado, van a empezar a incrementarse y todo esto llevará a giros inesperados y sorprendentes encuentros con todos los ídolos artísticos del personaje, que si se mira con más detenimiento, bien podría ser un directo alter ego de su creador, Woody Allen, pues todos esos ídolos y la manera en la que el personaje interactúa con ellos y manifiesta su gran admiración, son un reflejo de la pasión por el arte y la formación que ha recibido este excelente realizador; personajes como Dalí, Hemingway, Picasso y muchos otros harán que esos recorridos nocturnos hagan más significativa esa estadía que se tornará en una jornada de autodescubrimiento y provecho creativo en la faceta de escritor del protagonista (otro aspecto que refleja al genio creador de este universo en el personaje).
Otro “sello” que se mantiene más que constante en esta película es el protagonismo de la ciudad que enmarca a la historia. Como lo fue Londres en “Match Point” y Barcelona en “Vicky Cristina Barcelona”, París sale a relucir en todo su furor en la concepción visual que se le da a esta historia. Como lo mencionado arriba, se mantiene el mismo estilo de Allen de una fotografía más bien estática y general, pero nunca se deja de lado al escenario, sino que algunas veces se impone sobre la situación y se le da cierta prioridad a el dónde se realiza la acción que a la acción misma y por supuesto, el complemento de ambos aspectos. También, la dirección artística ha sido un logro significativo, pues logran complementar muy bien el París moderno con el antiguo y lo representa de una manera muy real y cotidiana: como lo son todos los encuentros de Gil con todos sus ídolos intelectuales. Los antiguos bares, las residencias de sus “héroes” y el vestuario de los mismos, hacen que estas secuencias del argumento sepulten por unos segundos a esa ciudad clásica pero vanguardista a la que le huye el protagonista y hagan pensar, al igual que Gil, que efectivamente nos encontramos en otra época.
Pero esta película no se queda sólo en el hecho de crecimiento artístico y deleite personal de Gil al viajar en el tiempo a esa ciudad perfecta, sino que, como es característico en el director, los altibajos del amor también salen a relucir. Los conflictos de pareja y la infidelidad son un punto clave en el argumento, pues acentúan más ese distanciamiento que tiene Gil de su presente y el amor literal que crece por el pasado, encarnado en Adriana, una de las “musas” de Picasso. Esa desconfianza se manifiesta también en uno de los aspectos más intrigantes de la historia, el detective que sigue a Gil para descubrir la supuesta infidelidad que sus “suegros” sospechan de él, que pudo haber funcionado como la ventana que podría esclarecer el misterio de la magia de los viajes del tiempo, algo con lo que la película juega bastante al mantener la tensión y la intriga en esta incógnita.
Esta historia es un clásico ejemplo del hecho de recurrir al aspecto que se quiere criticar, como elemento narrativo, para a su vez, cuestionarlo y tratarlo, pero que esta vez se hace con la ironía y la sátira tan características de Woody, y que deja más que claro su mensaje de vivir el presente tal y cómo se nos da, esto lo hace haciendo alarde de su talento como guionista al plantear una situación similar con Gil y su enamorada del pasado que tiene los mismos sentimientos suyos hacia otra época: La Belle Èpoque de Francia, y se plantea ese círculo vicioso en la mente humana de la nostalgia y el menosprecio por el propio presente.
En suma, una historia original, muy bien contada, eficaz y directa, que expone una vez más la maestría de Woody Allen al presentar su punto de vista y todo enmarcado dentro de su narrativa cinematográfica tan particular y en un divertimento artístico y cultural para el espectador.