Tratando de entender el mundo en imágenes móviles.

viernes, 2 de diciembre de 2011

“Restless” Nuestra amiga la muerte.

¿Tiene que ser la muerte un triste acontecimiento? La historia que se nos cuenta en esta película nos demuestra que éste no es necesariamente el caso, pues en la forma en la que enfrentemos la desaparición de este ser querido (o aceptemos la propia) y la manera en la que lo recordemos, está esa fortaleza y esa otra mirada con la que se puede percibir y vivir este cierre inevitable de la naturaleza humana.

Gus van Sant nos presenta un relato con una estética bastante naturalista tanto en sus actuaciones como en sus decorados y fotografía, cuya fuerza recae principalmente en su original historia que hace una reflexión profunda y directa sobre la muerte y sobre las actuaciones de sus protagonistas, que guían el relato con mucha verosimilitud e intimismo y hacen del mensaje del relato algo efectivo y ameno de percibir.

Por más que una historia o argumento cuente con la más detalla y sólida construcción, sino cuenta con los personajes que la encarnen correctamente y la lleven hasta el desenlace de una manera verosímil y acorde con los propósitos de la misma, ésta no funcionará; esta película en definitiva contiene ambos elementos que se complementan obviamente entre sí. Un guión sólido con conflictos bien establecidos y personajes desarrollados en todo el argumento, es lo que propone esta historia que resalta enormemente por su originalidad, pero al mismo tiempo su simpleza y naturalismo en su puesta en escena. También hay imágenes igualmente originales y un tanto irreverentes que complementan el tono y la personalidad de los protagonistas que le dan vida a la historia Los elementos enfocados a la relación entre la vida y la muerte, que rodean a la pareja protagonista, le dan un agregado simbólico bastante fuerte a la historia; cosas como que el amigo imaginario o fantasma que acompaña a Enoch sea un kamikaze, una persona entrenada para morir, y que Annie sienta una especial admiración hacia la vida silvestre y se interese por Darwin, le dan un significado bastante grande a la construcción de estos protagonistas y carga de elementos a la trama que se desarrolla entre ellos.


Pero esta historia no es sólo una sobre la muerte, el amor también se ve implicado y atraviesa toda esta trama. Esta característica de la historia es la que le da mayor relevancia al sentimiento de desaparición, pues es una relación que no prevalecerá por más de tres meses pero la manera en que estos personajes asumen esos tres meses, es lo que encarna la idea del relato. La muerte está a la vuelta de la esquina, pero no quiere decir que se deba asumir el miedo como el eterno acompañante. Situaciones curiosas y que dan cuenta de un tono autoral e íntimo son las que componen el argumento. Conflictos significativos que exponen cada vez más y adentran al espectador en el interior de Enoch, que es sin duda el personaje más intrigante; saber de su pasado, su relación en carne propia con la muerte y la actitud con la que la enfrenta en su presente, hacen de sus acciones algo mucho más trascendente y conflictivas que elevan el relato a algo más profundo, un clímax igual de curioso como todo lo anterior a él y un final contundente y directo.


Una sonrisa es la que cierra esta historia. Una sonrisa hacia el recuerdo y no hacia el olvido. Un guiño hacia la complicidad que se ve reflejado en la comida servida que se presenta a través de un muy bien logrado paneo descriptivo. Todas señales de una nueva forma de ver la muerte. La inexistencia de una persona cercana que transforma la vida puede seguir causando el mismo efecto gracias al poder de la memoria, pues esos acontecimientos y capítulos prevalecerán sin descanso en ella.

viernes, 25 de noviembre de 2011

"Silencio en el Paraíso" Lo que en un segundo desaparece.

El cine siempre ha sido y será una de las armas más poderosas para criticar de manera estética y artística una problemática social; para retratar sin prejuicios o arbitrariedades a cualquier tipo de sociedad y para hacer una reflexión profunda y personal sobre la condición humana. “Silencio en el Paraíso” es una fuerte reflexión, acompañada de un retrato efectivo y honesto de la población marginal del país, sobre un acontecimiento que ha estremecido a la sociedad colombiana en los últimos años y ha generado una gran polémica a nivel social y político en el país: los falsos positivos.

Esta película cuenta con una presentación del personaje principal y de su contexto social muy bien lograda que ayuda a desarrollar un argumento a su alrededor bastante sólido y verosímil. Prácticamente casi toda la película es el día a día de Ronald, un habitante de los tantos barrios marginales que yacen en las ciudades colombianas. Lo que pareciera una simple y poco extraordinaria historia de superación atravesada por el amor, los conflictos propios de este núcleo de la sociedad y la amistad, cobra un sentido más amplio al mirar cómo todo esto ayuda a engrandecer el peso de las últimas secuencias de la película y cierran con contundencia y eficacia ese retrato honesto del destino de uno de los tantos jóvenes víctimas de este conflicto armado, cuyas aristas han devenido en problemáticas mucho más impactantes.

Dentro de sus aspectos visuales y narrativos, esta película cuenta con elementos que la hacen resaltar bastante y complementar ese trasfondo ético que sin duda es la intención y fuerza mayor en el mensaje que pretende transmitir. Su estructura narrativa lineal no sólo centra la atención en el personaje principal y eje indispensable del argumento, sino que también expone de muy buena manera las perspectivas y miradas de otros personajes y del que al final se descubre como el antagonista en todo el sentido de la palabra. A través de esta variedad de miradas, se va evidenciando y contextualizando, aún más, todas las problemáticas sociales que acogen a las personas que habitan estos lugares y especialmente a su protagonista que hace de su diario vivir un constante conflicto de supervivencia económica y de superación sentimental con el elemento amoroso que atraviesa la trama, algo que sin duda deja ver más facetas del personaje. La concepción visual de esta historia le da una importancia muy significativa al espacio en el que se desarrollan los hechos: las calles y los caminos empinados, la precariedad de las viviendas que a duras penas se sostienen en estos terrenos.

La fuerza que surge de esta película es una que recae enormemente y necesita, como es basada en hechos reales, del contexto histórico que quiere retratar. La angustia del personaje principal que encarna a su vez la cotidiana realidad de muchos otros jóvenes desafortunados de esta sociedad que como Ronald, se las arreglan para vivir el día a día sin nada asegurado y que esta incertidumbre los obliga a tomar decisiones desesperadas cuyos desenlaces son totalmente los inesperados y perjudiciales.

Una historia con un tono muy documental pero que, claro está, cuenta con ventajas que sólo la ficción se puede dar el lujo de explotar. El drama de la supervivencia diaria y el conflicto social con el resto de personajes reflejan a Ronald a lo largo del argumento a través de sucesivos altibajos con sus proyectos personajes que desembocan en un indignante y estremecedor final que cierra rotundamente esa reflexión sobre los extremos a los que son obligados los jóvenes o cualquier persona en general cuando carga sobre sus hombros con el temor de un futuro incierto y casi inexistente, o poco diferente de su presente y la consecuencia que conlleva, atada al conflicto armado que ya desborda sus propios límites, a la desaparición en un segundo de toda una vida de problemas, dilemas y situaciones que todos los días se multiplican en el país. Sin duda un documento más, pero con un agregado estético, de la mirada que ha recibido el mayor drama de la sociedad nacional.

domingo, 6 de noviembre de 2011

“Whatever Works” Convivir con la amena incertidumbre.

El conformismo ha cobrado una enorme importancia en la psiquis del hombre moderno y/o contemporáneo. Ya sea por la frustración e incapacidad con la que regularmente se cuenta a la hora de enfrentar cualquier problemática mundial o personal que haya sido producida por todo un contexto exterior al propio, o por una simple indiferencia que optamos por asumir porque simplemente no queremos lidiar con problemas existenciales que nos compliquen aún más la vida. Este dilema es expuesto con una ya clásica estructura y un tratamiento recurrente en la obra del director Woody Allen, en esta película en la que el humor y la exposición ideológica de este excepcional autor son llevadas hasta su más alto nivel.

Una de las cosas más interesantes y atrayentes de este film, es cómo le ocurren las cosas a su protagonista, quien goza de una exquisita construcción al contar con una actitud bastante pesimista ante la vida en la que nada lo satisface, pero que al mismo tiempo parece conformarse con cualquier cosa (lo que podría justificar lo primero), y vivir su día a día sin mucha planificación, pues sabe cómo terminará todo: mal. Lo mismo ocurre con todos los otros personajes que complementan la historia con nuevas subtramas que recargan aún más esa reflexión sobre la incertidumbre que acompaña al ser humano a través de su existencia. Otro aspecto imprescindible de cualquier obra del señor Allen es cómo el amor atraviesa cualquiera de estas reflexiones de la condición humana, en las ocasiones en las que éste no es el centro de atención, lo que en esta película podría ser tratado como un elemento del tema central y que sin embargo, es un tanto opacado por la trascendencia en el tono universal en términos de perspectiva, que toma la película.

La estructura narrativa, como es normal en Woody, no tiene defecto alguno. Todas las situaciones están elaboradas ya sea para subrayar la idea planteada desde el principio o (y acompañadas de unos diálogos inteligentes y amenos) generar un humor muy bien elaborado que cuenta con un sarcasmo muy directo que terminan de engrandecer la fuerza con la que dice las cosas esta historia. Algo que realmente hace de esta película una experiencia poco repetitiva es la manera en la que el director/guionista hace de esta historia algo más personal para un público universal. La inclusión directa y literal del espectador en las experiencias narradas por el protagonista, el rompimiento sin anestesia de la denominada en teatro cuarta pared (límite entre lo que sucede en el escenario y lo que acontece al público testigo), sin duda termina de resaltar aún más ese carácter contemporáneo del que goza la película.

A medida que se desarrolla el personaje principal a través del argumento, se empiezan a ver reflejados en el resto de personajes que de alguna manera, son catapultados a la historia por todos los nexos que existen entre ellos mismos, es decir, su inclusión en la historia no es gratuita ni innecesaria, todos esos aspectos pesimistas y reveladores que se contagian de Boris, el personaje principal y aquí entra en juego otro de los elementos ciertamente recurrentes en la obra de Allen, que es ese misterio sin resolver que rodea muchos aspectos de la historia y que le agrega aún más humor y dinamismo al film. En este caso es el hecho de que sin razón alguna, los padres de Melody la hayan encontrado en la gran ciudad de Nueva York y a partir de allí, se haya dado una metamorfosis total en las vidas de estas personas, las cuales están muy bien caracterizadas en sus facetas conservadores provenientes del sur de los Estados Unidos, donde esta conducta es bastante generalizada.

Una reflexión sobre la vida misma y el cómo enfrentarla, encarnada en personajes sólidos y un argumentos dinámico y efectivo que toma los diferentes puntos de vista: el veterano y el joven, y de alguna manera le da un aliento de esperanza a ambas partes para no perder la ilusión en un optimismo por la vida y como lo ilustra su personaje principal, sólo basta con voltear la página del periódico matutino y seguir comiendo los huevos del desayuno y nunca esperar nada de nadie ni de ningún acontecimiento, sino estar abierto a que cualquier cosa puede llegar a funcionar.

lunes, 17 de octubre de 2011

“Biginners” La carga del pasado.

Un dibujo bocetado por varias líneas abstractas y que aún así se entiende perfectamente: un figura humana aplastada y destrozada completamente por una gran roca; de la roca una flecha que señala la palabra “pasado”. En esta imagen que toma lugar en alguna parte del film, queda sintetizada la idea que se plasma en esta excepcional e íntima película cargada de una narrativa poco convencional que le apuesta al monólogo interno del personaje, una reflexión personal con trascendencia universal y cierta originalidad en varias secuencias del argumento.

El miedo de volver a empezar, de voltear la página, de seguir adelante sabiendo que seguiremos encadenados, inevitablemente, al pasado turbulento y ambiguo del que nunca nos podremos desprender; todo esto es presentado de manera magistral en “Biginners”, una película que recurre a la utilización de fotografías literales para ilustrar de una manera más dinámica y sin seguir los convencionalismos narrativos del cine tradicional, los pensamientos del personaje principal que debate toda su existencia y la relaciona con todo lo que hay detrás de sí y también detrás de los demás.

Esta película se mueve principalmente en un solo tiempo, pues aunque hay una alta recurrencia a los diferentes flashbacks, su intención no es desarrollar una subtrama paralela al tiempo principal de la película, sino hacer énfasis en esos aspectos definitorios del presente del personaje y a su vez, explicarlos. Cabe resaltar lo bien planteado que está todo el argumento en general y ese toque de originalidad e irreverencia con el que cargan muchas de las secuencias; los diálogos constantes entre Oliver y Arthur, el perro que perteneció alguna vez a su fallecido padre y que expresa directamente ese nexo que se mantiene durante toda la historia, entre Oliver y su padre, y en general con todo su pasado.

En general, ésta es una película que enfatiza enormemente en esa relación irrompible que se teje entre el presente y el pasado y ese afán que se tiene por tratar de parecerse lo menos posible a los padres o por lo menos de no cometer los mismos errores. Mantiene un ritmo muy constante, una fotografía simple y unos personajes muy bien construidos que guían la historia a través de situaciones de alta significancia que dotan al relato de un alto contenido reflexivo no sólo del asunto del pasado, sino que siguiendo esa misma estructuración de personajes, la revelación de la homosexualidad del padre, todo su dilema interno y la farsa que termina siendo toda su vida matrimonial y familiar, hacen que cada una de las situaciones que acontece Oliver, sean más significativas: su relación amorosa, principalmente, y el papel fundamental e indispensable que tiene Arthur, el perro, en cada momento de su vida como ese único recuerdo palpable que tiene de su padre.

Una historia bastante conmovedora e innovadora en algunos aspectos, que cuenta con actuaciones si bien pasivas pues las cargas emocionales no son tan explícitas, resaltan de una manera que acercan más al espectador a la historia dada su naturalidad y verosimilitud en las mismas. Una mirada íntima con trascendencia universal sobre el sentido de la vida y la relación de la misma con ese trasfondo imborrable que es nuestro pasado y un guiño de esperanza a esa incertidumbre y locura con la que a veces hay que enfrentar el futuro sin tratar de medir o preconcebir cada acto que hacemos o cada relevancia que pueda tener ese acto en nuestro presente, a partir del pasado que pueda o no afectar la vida misma.

sábado, 8 de octubre de 2011

"El Páramo" De las emociones sin fondo.

Últimamente, el cine colombiano le ha estado apostando a un lenguaje y a un tratamiento de temas más universales con el fin de no sólo llegarle y tratar de cautivar al escaso público que acude a las salas, sino también de lograr una distribución que supere las fronteras nacionales y logre un impacto mayor tanto en el público ajeno al país, como en el propio, el cual se ve mal acostumbrado a la maquinaria hollywoodense que inunda en su gran mayoría, la cartelera nacional. Esta estrategia no es mala, por el contrario, es sumamente importante para llegar, algún día, a cimentar unos inicios de una futura industria cinematográfica nacional que sea capaz de competir con el mismo Hollywood o con otros países cuyos sistemas de producción fílmica están mejor consolidados que el nuestro, y sobre todo, tratar de hablarle a un público que, como lo ya mencionado, está programado a recibir mensajes empaquetados al estilo Hollywood con un lenguaje simple y directo, que por lo tanto, tendrán una percepción de este cine mucho más positiva y no se sentirán alejados por películas muy intimistas que los excluyen completamente, pues al fin y al cabo, el público es la razón de ser de un arte tan social como lo es el cine y sin él no existe esa alteridad tan necesaria y fundamental en este medio de expresión.

Sin embargo, se corre el riesgo de inclinar la balanza, al momento de iniciar la producción o creación de una película, demasiado hacia al lado del público, esa masa uniforme que casi siempre se cautiva por una forma llena de brillos y artificios, y poco fondo y trascendencia. Ése fue el gran desacierto de “El Páramo”, una película que carga con una factura, fotografía y dirección de arte excepcionales, pero que descuida uno de los grandes aspectos expresivos del cine y que comparte con las demás artes, que es el hecho de hacer una reflexión del hombre mismo y su naturaleza interior, y no sólo buscar enmarcar y personificar sentimientos y situaciones comunes y conocidas por cualquier público, sino buscar una mirada particular y una opinión certera y firme sobre una problemática que acoja a la sociedad o al ser humano en particular.

Por esto es que “El Páramo” no deja de ser una película anecdótica que, enmarcada dentro del género del thriller de suspenso y terror, cuenta una historia donde las emociones que produce en el espectador no tienen tanta fuerza y significancia, sino que se dan de una manera más bien gratuita (dentro de la lógica del argumento), y padece una falta de trasfondo en sus personajes que justifiquen y soporten el porqué de sus acciones y reacciones y hagan del mensaje de la película algo que de verdad pueda trascender el hecho de espectacularidad que el buen cine, sin duda, sobrepasa sin problemas. Aunque cuente con un conflicto central bien establecido y desarrollado que a su vez se multiplica en otras problemáticas dentro del grupo de protagonistas, las consecuencias y resoluciones de estos conflictos carecen de unas causas narrativas bastante evidentes, como lo es el hecho de que el personaje Cortez se rebele contra su superior y termine “vengando” al mismo tiempo la muerte de su otro superior, algo contradictorio y sin justificación alguna.

Ese facilismo y falta de solidez se presenta en la construcción de la misma historia: desde las primeras secuencias sólo se ve una misión cualquiera de un grupo de soldados del ejército, intercalada con lo que parece ser un flashback de su protagonista, cosa que no le aporta ningún significado o paréntesis aclaratorio al argumento que se desarrolla en el tiempo principal de la historia y sólo hasta muy avanzada la misma se conoce el conflicto central y la necesidad dramática del grupo de personajes, cosa que aporta aún más a esa debilidad narrativa de la película. Otra falla del film es la falta de énfasis en la presentación e introducción de los personajes, sus conflictos y sus características principales que hacen de la historia una con sentido, fuerza y trascendencia; en esta película, esto se obvia casi por completo, lo que deja al desarrollo de la misma en una simple sucesión de hechos que no tienen esa misma fuerza narrativa que si se dieran a conocer todos esos trasfondos sociales que soporten y expliquen de manera general la personalidad de cada uno de los protagonistas, pues tan deliberada es la importancia de este aspecto que apenas si se conoce un pequeño detalle del protagonista principal de la historia, que en parte ayuda a que todas sus reacciones cobren un poco más de sentido narrativo y emocional con el espectador.

Si bien, la película tropieza bastante en su construcción de personajes y situaciones, cuenta con una impecable concepción visual y una estética muy expresiva, dado el uso de planos muy cerrados y atención a los detalles espaciales que sumergen de inmediato en ese inhóspito espacio y le dan a los personajes mayores obstáculos que no se les presentan tan fuerte de manera psicológica, sino de una manifestación física y espacial.

Ésta es una película que puede ser disfrutada en forma general pero que, sin duda, carece de ese elemento de trascendencia y reflexión que le da poder a todas las situaciones que, en conjunto, conforman la totalidad de la historia, y en su lugar genera un montón de emociones sin un trasfondo claro y busca simplemente sorprender al espectador a través de mecanismos facilistas y subtramas, como la del afectado por la mina, que no aportan nada a la idea del film, sino que sirven como un relleno o comodín que de alguna manera esconde esa debilidad narrativa y emocional que padece la historia.

domingo, 2 de octubre de 2011

"Póker" A merced de la suerte

Perdido vive el hombre en su cotidianidad. Cada decisión que toma es un dado tirado que definirá su suerte. Cada acontecimiento que condiciona su comportamiento, es la carta que le dirá si arriesgarlo todo o retirarse con poco o nada. Dentro de esta lógica y haciendo referencia directa al juego de azar que es la vida, se mueve “Póker”, una muy buena apuesta del cine nacional que apela por una historia universal encarnada en personajes conflictivos y un tratamiento bastante vertiginoso y de alto ritmo narrativo.

Esta historia se desarrolla dentro de una estructura narrativa fragmentada y aunque se recurra a la fórmula de empezar el relato con el clímax, no genera la expectativa facilista de enganchar al espectador para mantener el suspenso hasta llegar a esta parte, sino que la historia misma cuenta con momentos propios de alta tensión y relevancia narrativa, que el impacto que genera esta primera secuencia se mimetiza con la intensidad emocional con la que cuenta la película. En esta historia no se toma por separado a ninguno de los cuatro personajes principales del argumento como centro de la misma, sino que hace énfasis en cada una de sus vidas para ilustrar los diferentes puntos de vista y lo variable que puede ser el resultado o las consecuencias de jugar con la suerte o el “destino”. El paralelo que se hace entre el espacio que los acoge en la mayoría del argumento (la mesa de póker) y en sí sus experiencias individuales, le da un toque más personal y reflexivo al asunto que está expuesto en la historia y también logra un dinamismo muy bien logrado al momento de contar la historia, pues no es una película tediosa o narrativamente lenta ya que, siguiendo la estética y la tensión que maneja el juego del póker, decide mostrar y presentar la información por partes, desde diferentes ángulos y, como lo permite cualquier juego de azar, ocultar la información y revelarla en el momento justo y decisivo y apelar a la sorpresa con los giros y las reacciones de los personajes. Sin embargo uno de los desaciertos con los que lidia el guión de este film es la llamada “enfermedad retórica”: la tendencia de los personajes a decir, a través de los diálogos, lo que se está mostrando en imágenes; pues si bien en la conducta de un jugador de póker y en lo que demanda este ambiente se tiende a decir lo mismo que se expresa con las meras actitudes, esa característica propia del juego, se esparce a otras situaciones del argumento, lo que debilita un poco la carga narrativa y el impacto mismo de la historia.

Al tener un ritmo narrativo tan acelerado y una estructura fragmentada, la fotografía que enmarca todo esto tiene que seguir la misma estética, lo cual se cumple a cabalidad y se combina con diferentes movimientos de cámara de descripción espacial que al mismo tiempo generan tensión y complementan las actuaciones, e imágenes movidas con cámara al hombro que definen los momentos tensionantes de la historia que cuenta a su vez con una apariencia más bien oscura y contrastada.

La construcción misma de los personajes también expresa ese contraste que muestra la concepción visual, pues se toman a personajes muy opuestos entre sí, con problemas bastante significativos y motivaciones bien establecidas que se acogen a la psicología que se desplega y logra presentársele al espectador durante todo el argumento. Todas estas diferencias ayudan a incrementar más el conflicto que trasciende el ámbito de una simple y cotidiana partida de póker sino que a eso se le suma todo un trasfondo que, como lo ya mencionado, es expuesto de una manera fragmentada que se intercala y complementa con lo que pasa en “tiempo real” que es la partida de póker en la que literalmente se está jugando el todo por el todo.

En conclusión, ésta es una historia netamente universal que reflexiona de manera directa y con una mirada personal de su director y guionista Juan Sebastián Valencia, sobre esa insignificancia que caracteriza al hombre ante la incertidumbre de su destino y lo muestra, de manera magistral y en contraparte con el argumento central del film hasta en los personajes que parecieran menos relevantes de la historia, cómo una simple decisión de entregar o no una billetera o un simple giro del destino podría darle un abrupto golpe a nuestras vidas y que no importa lo que se haga, siempre se estará totalmente indefenso ante ese asesino con vendas en los ojos que es el azar.

viernes, 23 de septiembre de 2011

"La Doble Realidad" Un duelo con la culpa.

El sentimiento de culpa es uno de los más fuertes e impactantes que puede sufrir un ser humano a lo largo de todas las experiencias que tenga en su vida. Tanta es la fuerza de este sentimiento que no se necesita un ente externo del sujeto, como en el amor, para que surta un efecto devastador hasta el punto de llevarnos a la locura o peor aún, a una autodestrucción, ya sea física o psicológica; sin embargo, la vida sigue y a veces esa culpa que pareciera que quedará impregnada cual tatuaje en la piel, se desvanece con el tiempo o cicatriza como una herida de guerra.

Esta reflexión es la que hace Guiseppe Capotondi en una película que combina un montaje bastante vertiginoso y “elíptico”, en lo referente al ritmo y a la manera en que transita de un espacio o situación a otra; unas actuaciones bastante intensas e impactantes en las que la tensión se vive tanto interna, como lo condiciona una gran parte de la película, y externa, cuando los demonios que se carcomen por dentro a la protagonista emergen de sí; y por último, una fotografía que juega bastante con los claroscuros en los espacios cerrados y de mayor tensión dramática, encuadres sobrios y bien logrados y en general una relación entre personaje y espacio (junto con la puesta en escena) que deja ver el incremento de ese drama culposo/amoroso que vive la protagonista.

Uno de los grandes logros de esta película es su estructura narrativa, pues si bien es lineal, con puntos de giro bastante bien establecidos y objetivos bien marcados, la manera de presentar la información es lo que la engrandece, pues su historia se mueve entre dos realidades (como lo denota el título): un mundo onírico del cual el espectador es un total testigo de lo que vive la protagonista, y la realidad en sí en el que todos esos acontecimientos que nunca salieron de su inconsciente toman vida y se materializan completamente. Es aquí donde la historia empieza a cobrar mucho más sentido, ya que, al acogerse a un tratamiento tanto visual como narrativo que está inscrito dentro del género del thriller, muchas de las situaciones parecieran ser bastante predecibles y lo que parece el final, terminaría siendo algo molesto y cliché, pero he ahí la cualidad de esta película: ese giro inesperado y muy bien oculto a los ojos del espectador que mantiene la lógica del género y le da un giro de casi 180 grados a la historia en donde se refuerza aún más ese duelo interno que sufre Sonia, la protagonista, con el hecho de haber traicionado la confianza de su pareja, un elemento que intensifica la idea que se plasma en la película, pues al cruzarse con una relación amorosa, ya no se trata sólo del auto-perdón o la tranquilidad en la consciencia, sino que también se le suma el papel que juega esa otra persona dentro de este proceso de debate interior.

Ese dilema interno y ese auto-castigo que se afronta al saber que lo que se hace está mal, es sobre lo que se hace más énfasis en este relato y lo hace de una manera muy directa, pues utiliza los mismo recursos narrativos de los que está construida la historia para transportar al espectador dentro de esa consciencia literal de Sonia y allí desarrollar una especie de metalepsis en donde el relato que se desarrolla en este fragmento del argumento general de la película, podría tomarse y analizarse fácilmente en independencia con el resto del argumento, pero al enlazarse (a través del punto de giro bastante fuerte que provee la historia) con el resto del desarrollo de la misma, es cuando se comprende aún más esa turbulencia emocional, pues se ha vivido hasta al punto de pensar que se estaban tocando los límites del terror, que vive la protagonista.

El desenlace de esta historia es uno bastante realista y acorde con la naturaleza humana que nos acoge en todo lo que hacemos. A veces ese duelo con la culpa se supera hasta al punto en el que se borran esos recuerdos y se es una persona diferente, algo que el film expone de manera magistral y efectiva en dónde pareciera que nuestra protagonista termina envolviéndose en una faceta antagónica por las decisiones que toma, todo, como lo ya dicho, presentado con una muy buena propuesta de un thriller de suspenso que llega a mezclarse con algo de terror, pero que no prioriza ese atractivo comercial del que viene acompañado, sino que lo utiliza para complementar una idea que no es ajena a nadie y que sirve de espejo de crítica a la manera como actuamos y simplemente seguimos pensando como diría Celia Cruz: “Pues la vida es un carnaval y las penas se van cantando”, y así de simple nos olvidamos del pasado, pasamos y cubrimos de polvo esas heridas que propiciamos al exterior y sólo seguimos sin mirar atrás.

domingo, 31 de julio de 2011

“Midnight in Paris” Una noche de nostalgia.

El deseo por vivir en otra época donde, según el pensamiento popular, las cosas pudieron haber sido mejores, ha invadido la mente del ser humano (según la premisa planteada en esta película) a través de la historia. Esa nostalgia que causa el mirar atrás a ese pasado que nunca se vivió y que sólo se conoce a través del arte y otras manifestaciones del hombre, es lo que plantea esta extraordinaria y mágica película del maestro Woody Allen. Una película en la que los conflictos son palpables en todas las situaciones que se despliegan a lo largo del relato y que a través de personajes sólidos y altamente contrastados, se entrega directamente el mensaje y la reflexión que se hace sobre la banalidad de todos los presentes que ha acontecido la historia y la superficialidad de ese propósito de recordar lo que nunca se vivió.

Esta película, si bien mantiene muchos de los ya conocidos “sellos de marca” del director neoyorkino, como lo son su puesta en escena tan naturalista y que al mismo tiempo hace que sus personajes interactúen altamente con el espacio, sus largos planos estáticos y diálogos ideológicos que exponen de manera eficaz el punto de vista del personaje, innova más que todo es en el argumento, el cual se divide en dos grandes partes: el planteamiento del contexto del personaje protagonista (Gil), que se da a medida que se enfrenta a ciertas discrepancias con la familia de su futura esposa y con ella misma y que se incrementan aún más al sumarle la presencia de un hombre que encarna todos los aspectos opuestos a él pero que su esposa disfruta enormemente de su compañía, incluso más que con su futuro esposo; todas estas situaciones llevan al personaje a apartarse de este núcleo social y se encuentra deambulando por las misteriosas y hermosas calles de París en la noche, en este instante se inaugura la segunda parte del film: el viaje de Gil entre el París de los años 20 y el París actual, su mundo idealizado que le produce nostalgia y la intrascendente realidad que lo acoge en el presente. Y aquí radica uno de los grandes logros de este film, la manera tan sutil y natural (que no cae en lo inverosímil ni ilógico) en la que el señor Allen introduce al espectador en esa lógica de viajar en el tiempo en una calle específica de París a través de un carro clásico de la época justo a la medianoche, un código de lectura que se establece con el público y cuyo objetivo se cumple a cabalidad.

A partir de allí los conflictos, tanto en su presente como en el pasado, van a empezar a incrementarse y todo esto llevará a giros inesperados y sorprendentes encuentros con todos los ídolos artísticos del personaje, que si se mira con más detenimiento, bien podría ser un directo alter ego de su creador, Woody Allen, pues todos esos ídolos y la manera en la que el personaje interactúa con ellos y manifiesta su gran admiración, son un reflejo de la pasión por el arte y la formación que ha recibido este excelente realizador; personajes como Dalí, Hemingway, Picasso y muchos otros harán que esos recorridos nocturnos hagan más significativa esa estadía que se tornará en una jornada de autodescubrimiento y provecho creativo en la faceta de escritor del protagonista (otro aspecto que refleja al genio creador de este universo en el personaje).

Otro “sello” que se mantiene más que constante en esta película es el protagonismo de la ciudad que enmarca a la historia. Como lo fue Londres en “Match Point” y Barcelona en “Vicky Cristina Barcelona”, París sale a relucir en todo su furor en la concepción visual que se le da a esta historia. Como lo mencionado arriba, se mantiene el mismo estilo de Allen de una fotografía más bien estática y general, pero nunca se deja de lado al escenario, sino que algunas veces se impone sobre la situación y se le da cierta prioridad a el dónde se realiza la acción que a la acción misma y por supuesto, el complemento de ambos aspectos. También, la dirección artística ha sido un logro significativo, pues logran complementar muy bien el París moderno con el antiguo y lo representa de una manera muy real y cotidiana: como lo son todos los encuentros de Gil con todos sus ídolos intelectuales. Los antiguos bares, las residencias de sus “héroes” y el vestuario de los mismos, hacen que estas secuencias del argumento sepulten por unos segundos a esa ciudad clásica pero vanguardista a la que le huye el protagonista y hagan pensar, al igual que Gil, que efectivamente nos encontramos en otra época.

Pero esta película no se queda sólo en el hecho de crecimiento artístico y deleite personal de Gil al viajar en el tiempo a esa ciudad perfecta, sino que, como es característico en el director, los altibajos del amor también salen a relucir. Los conflictos de pareja y la infidelidad son un punto clave en el argumento, pues acentúan más ese distanciamiento que tiene Gil de su presente y el amor literal que crece por el pasado, encarnado en Adriana, una de las “musas” de Picasso. Esa desconfianza se manifiesta también en uno de los aspectos más intrigantes de la historia, el detective que sigue a Gil para descubrir la supuesta infidelidad que sus “suegros” sospechan de él, que pudo haber funcionado como la ventana que podría esclarecer el misterio de la magia de los viajes del tiempo, algo con lo que la película juega bastante al mantener la tensión y la intriga en esta incógnita.

Esta historia es un clásico ejemplo del hecho de recurrir al aspecto que se quiere criticar, como elemento narrativo, para a su vez, cuestionarlo y tratarlo, pero que esta vez se hace con la ironía y la sátira tan características de Woody, y que deja más que claro su mensaje de vivir el presente tal y cómo se nos da, esto lo hace haciendo alarde de su talento como guionista al plantear una situación similar con Gil y su enamorada del pasado que tiene los mismos sentimientos suyos hacia otra época: La Belle Èpoque de Francia, y se plantea ese círculo vicioso en la mente humana de la nostalgia y el menosprecio por el propio presente.

En suma, una historia original, muy bien contada, eficaz y directa, que expone una vez más la maestría de Woody Allen al presentar su punto de vista y todo enmarcado dentro de su narrativa cinematográfica tan particular y en un divertimento artístico y cultural para el espectador.

sábado, 9 de julio de 2011

"Cuarenta" La edad es más que un número.

A través de la historia de la cultura popular se ha tratado un tema bastante universal que ha acogido a cientos de personas adultas y se ha intensificado más a través del tratamiento que, tanto el cine como la televisión, le han dado; éste es acerca de la tan temida crisis de la mediana edad; aquella etapa de la vida en la que la nostalgia por el pasado y por la juventud disuelta en el tiempo cobra una importancia desmedida en la vida de la persona que usualmente se suele estereotipar en un hombre, cuya edad se le nota a leguas. “Cuarenta” es una película que mantiene la misma ideología pero que innova y profundiza más, no sólo en el tema de la supuesta vejez prematura, sino también en todo lo que pueden significar todos esos años dejados atrás y sumados a una cercana y significativa amistad.

Los personajes de esta historia pasan por situaciones bastante significativas que definen en todo su haber, de alguna manera, el destino que los apremia. Una reunión casual se transforma en una especie de rendición de cuentas, de autodescubrimiento y de fortalecimiento de esos lasos que nunca quedaron disueltos en ese pasado tan añorado en la etapa de la vida que retrata esta historia y que se pone a prueba con conflictos tan internos como el hecho de lidiar con una “nueva” orientación sexual pero que tienen incidencias en sus respectivas relaciones y cierta infidelidad que no pasa a mayores pero que se mantiene latente hasta el final.

Otro de los grandes aciertos de este film es la manera en la que se muestra el pensamiento de los personajes de una manera tan real pero que al mismo tiempo se establece un código con el espectador y no lo confunde ni impresiona de maneras facilistas ni efectistas. También, el tratamiento que se le da a estas secuencias del argumento muestran cierta experimentación en lo recurrente a la narrativa y la utilización de recursos como la asincronía del sonido con la imagen y el alto ritmo y discontinuidad propia de muchas imágenes.

El guión está construido de tal manera que se expongan de manera equitativa los altibajos del trío protagonista de la historia y la manera en las que éstas, de una manera natural, se van encontrando y haciendo remisiones a episodios significativos de sus pasados, atravesados directamente con el contexto sociocultural de la época en la que maduraron tanto física como mentalmente. La fotografía y puesta en escena mantiene cierto realismo y naturalismo dado el minimalismo que se mantiene durante toda la película al utilizar sólo una locación y un grupo de protagonistas tan reducido, lo que le da la facultad a esta historia de ser altamente intimista y personal pero que al mismo tiempo carga un mensaje y una ideología cercana a cualquier espectador, pues se pregunta sobre la vida misma, sobre el pasado, la amistad y el hecho de un autocuestionamiento que hace de las interacciones entre los personajes, más conflictivas y carga las situaciones que le siguen a éste, de cierta tensión y trascendencia dentro de la historia.

Ésta es una historia altamente personal y crítica que retrata una etapa bastante problemática de la vida al utilizar conflictos como el redescubrimiento de una nueva orientación sexual en la que se debe pensar en la familia y en el futuro incierto de una relación; también el descontento con la profesión dadas las supuestas circunstancias en las que se trabaja que llevan al personaje a una destrucción literal de todo ese pasado y seguir adelante sin casi mirar atrás, la gran premisa de la historia.

viernes, 10 de junio de 2011

“Blue Valentine” Un desamor predestinado.

Las historias de amor siempre han sido y serán recurrentes en todo tipo de arte. Han existido en toda la historia de la literatura, el teatro no podía ser indiferente a ellas y, por supuesto, el cine, como producto de la unión de estas y las demás artes, no podía dejarlo atrás. Sin embargo, es el tratamiento y la manera en que se mire al amor, lo que hace que este tema nunca se desgaste, pues se han utilizado tramas amorosas hasta en las más violentas y espectaculares películas y obviamente la llamada comedia romántica lo explota en su manera más cómica e idealista.

Derek Cianfrance ha construido este universo desde una perspectiva íntima y naturalista en la que, con dos personajes altamente contrastados que llenan la trama con una carga emocional bastante poderosa, retrata ese lado oscuro del amor que nunca se es capaz de mirar sin soltar una lágrima.

Esta historia utiliza el recurso de una estructura escalonada en la que cuenta con sucesivos flashbacks en los que se muestran, alternados con el presente, la construcción y destrucción, respectivamente, de esa relación amorosa que se trata en el relato. Afectada enteramente por las condiciones sociales de cada uno de los protagonistas y de otros elementos externos a ellos que condicionan la manera en la que se desarrolla su relación y como todo esto tiene un fuerte impacto en su vida un tanto avanzada de casados, a pesar y por ser una pareja joven. Los diálogos que acompañan las situaciones íntimas y definitorias de su relación, están llenos de una alta carga ideológica que ayuda a contrastar más la personalidad de Cindy y Dean, la pareja protagonista. También, junto con el recurso del flashback propio de la estructura del relato, estos diálogos proporcionan mayor información sobre las personalidades de cada uno de ellos y hace que el conflicto se intensifique cada día más y con la ayuda del montaje se relacionen directamente sus encuentros del pasado junto con la angustia que los destruye desde dentro en el presente.

Todos estos elementos cinematográficos hacen de esta historia una netamente realista que mira con otros ojos al amor. Unos ojos que no dejan de mirar al pasado y que le dan un significado mayor a esos detalles insignificantes que parecieran no tener mucha importancia, pero es precisamente la solidez en la construcción de estos dos personajes paradójicos entre sí, lo que le da a esos detalles de convivencia mutua la carga emocional que condiciona altamente las reacciones entre esta pareja. Cuestiones sobre el futuro, el trabajo. Antiguos encuentros, simples preguntas o un saludo formal, toman otro significado en esta historia que hace de esta pareja no otra del montón, con problemas clichés de infidelidades ni desacuerdos, sino algo más profundo, más definitorio que se sustenta en todo su haber en la personalidad firme e imponente de los miembros de esta pareja que construyen un conflicto novedoso en términos narrativos y llenan la historia de giros inesperados que elevan el relato a un punto dramático tan incluyente con los personajes de esta relación se vuelven un espejo amplificado de cualquier otra relación promedio que teme exponer sus miedos e inseguridades.

El clímax de esta historia está perfectamente logrado tanto desde el punto de vista técnico como narrativo. Un alto ritmo en el montaje y actuaciones impactantes y abrumadoras le dan el cierre final a esta historia de altibajos que se enmarca en una fotografía que acentúa aún más esa intimidad y naturalidad constante en toda la historia. Sencilla pero muy bien lograda da prioridad a los planos cerrados y la cámara movida que le da un toque de documental e incrementa el naturalismo y realismo del relato.

En suma, esta historia, cargada con un alto contenido intimista e ideológico, muestra a una pareja común, con marcadas diferencias sociales, y deja ver desde un punto de vista bellamente dramático cómo un matrimonio se desmorona poco a poco. Es todo un deleite dramático soportado en actuaciones verosímiles e impactantes que junto con la manera paralela de intercalar esas dos líneas temporales, enfatizan más en ese contraste tan grande y esa incertidumbre de que hasta la pareja más “perfecta” puede sucumbir a la indeleble unión que acoge un par de anillos.

miércoles, 1 de junio de 2011

"Karen Llora en un Bus" Al igual que todos.

La angustia del hombre inmerso en un escenario urbano. El miedo al cambio y la sensación de estar en un lugar al que simplemente nunca podrá adaptarse. Esos personajes afligidos e impregnados de una alta depresión que presentó el gran maestro Dostoievsky en sus obras, son totalmente atemporales y sirven como modelos de inspiración para la construcción de personajes parecidos. “Karen” es uno de esos personajes que retrata la mentalidad del ciudadano que vive una realidad en la que lo tiene todo en contra y que parece que nunca tendrá una salida de ésta. Esta película retrata esa depresión y angustia que a veces es tan fuerte que no importa el lugar, tiene que salir a través del llanto.

Ésta es una historia en la que las situaciones íntimas pero significativas toman un gran valor; acompañadas de personajes que ayudan a exponer la personalidad de Karen y le sirven como espejo o llamada de alerta sobre lo que debe o no debe hacer. También presenta una estructura narrativa sólida y muy bien lograda en la que todo es sucesivo y todo está justificado; desde su inicio como independiente de todos, pasando por la empatía que despierta con su compañera de casa e incluso la relación amorosa que se desarrolla. Todas estas cosas dejan ver la personalidad de un personaje que fácilmente puede representar la mentalidad de alguien inmerso en esta angustia en la que se está tan ensimismado, que el exterior pierde sentido y todo es una lucha por la supervivencia. Acompaña a todo esto, personajes de igual solidez pero que al mismo tiempo cuentan con giros totalmente inesperados y ambiguos que llenan el relato de una originalidad que traspasa el límite de la naturalidad en la puesta en escena y se concibe como uno más personal pero que desde la construcción misma de todos los elementos ya mencionados, da cuenta de una trama netamente universal y cercana a cualquier espectador. Se resalta enormemente la obra de teatro dentro del argumento de esta película. Muy bien logrado y significativo dentro de todo el proceso de transformación y cambio del personaje. Un gran logro creativo que explota de muy buena manera todas sus posibilidades cinematográficas dentro de esta película.

En cuanto a lo visual, esta película expone muy bien todo el ambiente urbano de la metrópolis ubicada en Bogotá, una ciudad, sin duda, despiadada en la que cada ser humano se vale por sí mismo. También las habitaciones que acogen muchas de las escenas definitorias de la historia están bien logradas, tanto la precariedad de la pieza de Karen como las comodidades a las que renuncio por ir en busca de una verdadera felicidad. Todo esto genera un gran contraste que resalta, aun más, ese cambio que la protagonista afronta durante toda la historia.

En general esta película representa de una manera eficaz y directa la mentalidad de ese individuo reprimido por la sociedad, lleno de ambigüedades y contrastes que se contagia de lo despiadado de la metrópolis y vive el día a día. Una manera de presentar a los personajes que ayuda a que la historia tenga una mayor carga emocional y a que las tramas en ella se desarrollen de manera fluida y consecuente y como lo mencionado arriba, la universalidad del relato, de los personajes y de las situaciones que los acogen hacen de esta historia algo cercano a cualquier persona. También las actuaciones son un agregado mas a todos los aspectos que resaltan en esta obra y que le dan un tono muy particular dentro de la cinematografía nacional, una historia que puede ubicarse en cualquier contexto geográfico y que resalta por su alto impacto con el muy buen uso de todas esas situaciones personales de cambio y autocritica que afronta la protagonista, pero que también generan ciertas ambigüedades y cuestionamientos sobre ese ser que se cultiva todos los días dentro de las fértiles tierras del asfalto citadino.

sábado, 28 de mayo de 2011

“Somewhere” Una vida artificial.

Una de las cosas más absurdas que trata de hacer el hombre a lo largo de su existencia, es luchar contra esa monótona corriente que lo acoge cada día de su vida, sin pensar que eso es sencillamente inevitable. Tratar de buscarle un significado a cada minuto que llena su vida de más y más sin sentidos. Esta película retrata con mucha honestidad esa artificialidad de la vida de las grandes celebridades pertenecientes a la maquinaria de Hollywood que, al contrario de la creencia popular, pueden tener unas vidas tan vacías y deprimentes como cualquier otra persona “normal”.

Johnny, un actor casi que en la cúspide de su carrera; famoso, adinerado y con todas las mujeres a su merced, empieza a tratar de encontrarle otro significado a esta banal y superficial existencia. Algo de lo cual el espectador es netamente testigo. Lo vacío de su existencia, esa deprimente rutina que lo envuelve todos los días, algo que es uno de los énfasis más marcados en este relato, pero sobretodo esa transformación que lo lleva a tomar consciencia definitiva de lo que ha estado haciendo y un cambio total que se evidencia a medida que avanza la historia.

Una estética sencilla y sobria, como la vida de un ser humano común, es la que acoge a esta historia que acompaña a su protagonista a lo largo de un viaje de autocrítica y cambio. También la ambientación en los escenarios frecuentados por este tipo de personas: hoteles lujosos, autos deportivos y una despreocupación en general por la vida, es lo que caracteriza en todos sus aspectos al comportamiento de este personaje, pero que se ve truncado por la aparición de su hija. Ese nexo con la otra realidad de la cual vive bastante alejado.

Este relato es sencillo y eficaz en todos sus aspectos. No es necesaria la utilización de grandes escenarios ni situaciones de alto impacto para plasmar una idea adecuada para esta sociedad postmoderna y materialista que se sigue cultivando cada día. Es muy directa en este sentido y trata de plasmar esa farsa y engañosa vida de celebridad de una manera un tanto cómica pero que puede resultar molesta y distractora en algunas ocasiones; el hecho de mostrar el micrófono utilizado para grabar los diálogos, podría simbolizar esa ficción en la que se ha convertido su vida, pero creo que resulta más bien molesto, pues puede anular la facultad ficcional del producto cinematográfico.

En general, esta historia cuenta con un planteamiento muy bien definido en el que se presentan a cabalidad todos esos elementos definitorios de la vida del personaje principal que a su vez, cargan el resto del relato de cierta significancia al ver cómo todo este mundo de fama y fortuna se involucra en la relación con su hija y cómo todo esto va perdiendo valor al lado de la compañía de Cleo. También cuenta con puntos de giro muy definidos que acentúan mucho este vínculo padre e hija; las charlas entre ellos, esos momentos de intimidad. Otro aspecto que resalta en esta película es esa naturalidad que acompaña a toda la puesta en escena que Sofía Coppola presenta y que es una constante en todas las situaciones que acompañan el relato.

Una historia sencilla de auto superación que brinda especial atención a todos los detalles de esa superficial y monótona vida de celebridad y que es bastante eficaz en el mensaje que logra transmitir con personajes muy bien construidos que presentan la banalidad y superficialidad de la vida de cualquier persona pero que tiene mayor impacto al ser enmarcado dentro de alguien envuelto en toda la parafernalia del estrellato ya que este es y seguirá siendo uno de los ideales del ser humano, el reconocimiento y la vida fácil.

sábado, 30 de abril de 2011

“Soul Kitchen” Una terca pasión.

Cuando se traza un objetivo claro en la vida y las posibilidades para llevarlo a cabo no son las mejores, la actitud que se manifiesta frente a éstas puede que no siempre sea las más adecuada, pero aun así, en un espíritu rebelde y joven, el “no” no existe y los obstáculos que se interponen en el camino, se convierten en simples piedrecillas que se pueden superar y sobrepasar sin ningún problema. Acompañada de una estética innovadora y llamativa, es presentada esta premisa en “Soul Kitchen”, una historia contemporánea de superación, perseverancia, rebeldía y responsabilidad con uno mismo e integridad.

Esta película destaca altamente por el tratamiento visual que acompaña a una puesta en escena que le da prioridad a los espacios abiertos y a la agresividad entre la interacción de los personajes; todo enmarcado en un escenario netamente urbano en el que se evidencia la vulnerabilidad del habitante de la ciudad en la misma. Esta estética refleja un alto protagonismo de los escenarios al utilizar muy bien la profundidad de campo y también la variedad de lentes para expresar diferentes perspectivas y puntos de vista desde diferentes personajes. Pues en definitiva es la relación del protagonista, Zinos, con el lugar que se ha esmerado tanto en levantar y mantener, lo que guía la historia.

Esta historia podría pasar por la típica y ya mil veces contada anécdota de perseverancia y superación personal, pero son precisamente todos esos elementos visuales y narrativos los que hacen que no se quede en la simple fórmula de un héroe que supera un obstáculo, sino que al incorporar un ambiente juvenil y libertino en todo sentido, acompañado de relaciones amorosas no muy agradables, se plantea un relato más realista e impactante; también destaca el humor que acompaña muchas de las situaciones que acentúan de muy buena manera ese ambiente juvenil que ayuda a que los conflictos que surgen en la trama sean más significativos: un amor a distancia, una libertad condicional o el hecho de querer seguir un sueño y no estancarse en un simple empleo.

Con respecto a su estructura narrativa, este relato maneja una manera clásica, pero al mismo tiempo muy propia al momento de presentar los conflictos que sobrevienen en el protagonista, como su encuentro con el chef y la reacción que conlleva esto en el restaurante, también la trama paralela con la novia a distancia que premedita todo lo que pasa con Zinos y su relación con su hermano y el destino del restaurante.

Ciertamente, la historia que nos presenta Fatih Akin, es una historia clásica pero tratada con una mirada del siglo XXI e impregnada de una perspectiva urbana, moderna y rebelde que hace que las situaciones que componen el relato se vean más impactantes y las consecuencias que traen consigo, acompañadas de un humor bien construido y no tan facilista, sean más significativas y terminen en un desenlace acompañado de todos esos elementos de humor, y coincidencias terriblemente favorecedoras que cierran la historia con un final un tanto semi abierto que deja la historia a merced de muchas otras posibilidades.

martes, 19 de abril de 2011

“Crimen de Autor” La verdad sale a la vista.

En un mundo donde las apariencias lo son todo y la posición social de una persona es determinada por lo que haga en la vida y por quién esté acompañada, se es capaz de recurrir a cualquier recurso con tal de satisfacer las expectativas, ya sea de un público masivo o simplemente de un grupo familiar. Basado en esta premisa, Claude Lelouch presenta una historia que gira en torno a la literatura y la mantiene como telón de fondo de las relaciones que se desarrollan en la trama, y además presenta unos personajes tan complejos, pero al mismo tiempo tan bien construidos que llenan el relato de situaciones totalmente inesperadas hasta terminar en un final contundente y acorde con todo lo sucedido en el desarrollo argumental de la historia.

La mentira y el engaño son dos cosas que salen a relucir en todo su haber en esta historia. La manera en la que se manipula la información, complementa la idea que se transmite en este relato, al hacerle creer unas cosas al espectador que luego se desmienten, haciendo que él mismo tome una posición netamente objetiva con respecto al punto de vista de presentación y desarrollo de los hechos. Los tres personajes protagonistas se ven manchados por estas dos características, pues, como lo mencionado anteriormente, están enfocados en satisfacer la expectativa de un público. También el hecho de ocultar la verdadera faceta de uno mismo, que hace al espectador una víctima más de este engaño, como sucede con Pierre, el protagonista y eje central del relato, a quien, sólo en los momentos más avanzados de la historia, se le llega a conocer realmente y simboliza de muy buena manera y utilizando elementos homo diegéticos, como los diálogos con los personajes y la misma puesta en escena al ocultar muchos detalles y exponer algunos comprometedores de su personalidad, para dar a entender y plasmar de manera clara y directa la idea del engaño que prevalece e lo largo de la película.

La estructura narrativa de la historia juega con muchos recursos: la característica circular de la misma, combinada con una escalonada en la que se retoman los recuerdos de un protagonista, hacen de este relato verdaderamente dinámico e innovador; y tomando como soporte estas dos formas de mostrar los hechos, se fundamenta la muy buena construcción del guion, al exponer todos los encuentros, que son enteramente casuales y que además ninguna de las situaciones se ve forzada ni tampoco carece de verosimilitud, pues cada fragmento de la historia, al momento de unirse a la línea central, viene con un trasfondo antes expuesto que deja ver la manera en que los personajes entrelazan sus vidas y la influencia que tienen estos encuentros en el desarrollo de la trama. Y es precisamente ese encuentro del azar entre dos de los protagonistas lo que impulsa la historia y todo este encuentro, lo que soportará el conflicto central, la lucha por el prestigio y el reconocimiento.

El desenlace, sin duda deja más que claro cómo una total mentira puede transformarse hasta convertirse en una verdad absoluta y, al mismo tiempo, cómo ese engaño y esa farsa pueden hacer de una vida superficial y plana, algo que ya no cobra sentido, algo que siempre estuvo a la sombra de la grandeza de alguien más. Todo eso encarnado en personajes que dejan ver la inseguridad del ser humano y su necesidad de encajar en la sociedad.

Ésta es sin duda, una historia, exquisitamente construida en la que todas las situaciones que acontecen los personajes, sus trasfondos y traumas personales confluyen en un solo punto que sale a relucir al dar a entender que aunque se oculte la verdad, ésta siempre sale a la vista en algún momento, y que esta liberación y exposición puede llegar a ser tan provechosa como la aceptación de una familia o tan trágica como perderle el sentido a la vida.

sábado, 9 de abril de 2011

“Another Year” El miedo a la monótona soledad.

El ser humano siempre ha estado y seguirá estando ligado a la naturaleza. Esos cambios y evoluciones constantes que se manifiestan visualmente en las facetas superficiales que revisten todo el trasfondo psicológico de una persona. Al igual que lo hace la naturaleza con sus facetas netamente identificadas en cada una de las estaciones del año y que el hombre se vale de ellas para que, a través del arte, pueda asociarlas con sus propias emociones y sentimientos. Tomando como base esta analogía, es como “Another Year” representa el miedo a una soledad y una incertidumbre enmarcados dentro de un contexto muy cercano a cualquier espectador, una familia común, con personas comunes y situaciones comunes, y que sin embargo, encaran reacciones que elevan a un punto muy sublime las tensiones que generan estos miedos y la inseguridad que nace de ellos.

Esta historia de personajes cotidianos con situaciones no muy fuera de lo común parecería, a primera vista, algo muy simple o incluso aburrido; pero es, sin duda, el tratamiento visual y la estructura narrativa de la misma, lo que la hacen una historia universal muy bien presentada. Una manera netamente innovadora de presentar a los protagonistas de la historia. Todo se da a través de enlaces en los que se recurre a otro personaje, como ocurre al inicio de la historia, para encajar de muy buena manera con el personaje central del argumento; sin duda un recurso innovador y muy bien utilizado, que expone muy naturalmente muchos aspectos del personaje y mantiene la atención en el tema central de la historia. Esta constante se mantiene durante todo el relato, que viene acompañado de extensos diálogos y conversaciones que a su vez, presentan muchos aspectos de los personajes y al mismo tiempo, conllevan a una innumerable cantidad de conflictos entre sí que transforma a los mismos desde un esplendor hasta una decadencia total, como lo muestran las estaciones del año y se ve enmarcado, principalmente en Mary y su relación con la familia protagonista.

Se mantiene una puesta en escena netamente sobria y sencilla en la que se busca un interés por las conversaciones y la revelación de información a través de las mismas. Se destaca brillantemente el largo plano de la última secuencia en el comedor para terminar en un primer plano cerrado del rostro de Mary, luego de recorrer toda una natural y ordinaría cena familiar. Un verdadero logro del director Mike Leigh que se multiplica en muchas de las situaciones que componen este relato.

Enmarcado dentro de un contexto muy íntimo y cotidiano, se muestra un tema tan universal como lo es el hecho de una amistad, pero no cualquier amistad. Es esa amistad que llega a convertirse en la viga que sostiene una insegura y conflictiva vida. Esa persona que se convierte en un confidente y llega a ser incluso familia. Pero como en todas las familias, los conflictos definitorios de esas relaciones se manifiestan en todo su furor, y sólo es posible cuando se tienen todos esos elementos que ayudan a soportar esos contrastes y le dan verosimilitud a los mismos, lo cual se muestra de una manera magistral en unos personajes muy bien construidos, con trasfondos claros que se presentan sutil y naturalmente a medida que avanza la historia; interpretaciones que ciertamente llenan de credibilidad todos los conflictos tanto internos como externos de los personajes; y una estructura que lo presenta todo de una manera descendente teniendo como base esa longeva relación entre la pareja de Tom y Gerri y toda su familia y Mary acompañada de su relativamente trágica existencia.

Sin duda una muestra dramática y netamente emotiva de la soledad que acoge a cualquier ser humano y que a veces se teme aceptar y no siempre se tiene a alguien tan cercano con quien compartirla o llenar ese vacío.

sábado, 2 de abril de 2011

“Los Ojos de Julia” Una mirada a lo desconocido.

Uno de los más grandes filósofos de la historia, que produjo una gran ruptura en la forma de pensar del ser humano y desató una gran revolución intelectual fue, sin duda, René Descartes. Dentro de su postura del “Pienso, luego existo” plantea el hecho de desligarse de los sentidos, anular la confianza en los mismos, y con el simple hecho de pensar, ya se garantiza la existencia. Esa duda, esa desconfianza e inseguridad que puede causar la falta de uno de los sentidos más nobles y fundamentales del ser humano, la vista; es lo que plantea la impactante y abrumadora historia de “Los Ojos de Julia”. Un thriller cargado de suspenso y mucha sorpresa que expone en todo su furor hasta qué nivel puede alcanzar la vulnerabilidad del ser humano cuando el más noble de los sentidos se deteriora junto con la razón que acompaña a cualquier individuo.

Con una estructura narrativa cíclica y lineal que toma como punto de vista central a la protagonista, Julia, se van presentando las situaciones que exponen el conflicto principal de la historia, que es el hecho de la confianza y la supervivencia en un mundo donde se es netamente más vulnerable que le resto de las personas alrededor. A medida que avanza el argumento, se presenta toda la información necesaria para ayudar a construir todo el trasfondo de la historia que acontece en la turbulenta vida de Julia, y se hace de una manera muy sutil y precisa en donde la atención a los detalles tanto narrativos como visuales, se mantiene al mismo nivel que los elementos revelados durante la historia. En este relato, como dicho anteriormente, se toma como referencia la perspectiva de Julia, su búsqueda por la verdad y su lucha contra su inevitable impedimento, dos elementos: un objetivo bien marcado y un conflicto interno totalmente identificable, que se manifiestan enteramente en su exterior y en todos los personajes que interactúan con ella a medida que avanza el relato.

En el aspecto visual, la fotografía de esta película tiende a ser un tanto innovadora ya que apela mucho a las composiciones centradas, haciendo alusión a la visión misma del ser humano, como uno de los elementos de fondo que yacen en el argumento de esta historia. También, apelando a esta característica de la visión humana, acompaña esta limitación el hecho de controlar la cantidad de información que se revela, siguiendo el género mismo de la historia y el punto de vista desde el que se cuenta. Una iluminación altamente contrastada y la primacía de interiores, ayudan a intensificar la carga psicológica de la película y a ambientar de muy buena manera el universo tanto interno como externo, de Julia en su condición de ceguera y su dilema interno, con repercusiones externas, que le causa esta condición.

La confianza y la búsqueda por la verdad, son dos cosas que se ponen a prueba en este relato y el hecho de presentarlo en un formato tan visualmente impactante, como lo es el thriller, deja ver lo importante que pueden llegar a ser estos dos elementos en una relación y más aun cuando se es enteramente dependiente de una tercera persona.

Es, sin duda, una historia muy hitchckoniana que maneja la distribución de información al espectador de una manera ascendente en donde se controlan los momentos definitorios de la historia y se concentran en los marcados puntos de giro, que guían la historia a por un sendero muy bien marcado desde el inicio con un objetivo claro y un conflicto netamente establecido, en donde sale a relucir, en todo su furor, el elemento ya antes mencionado, que prevalece en toda la línea narrativa de la historia: la confianza. Esa doble faceta que se esconde bajo las superficiales máscaras en las caras de las personas de las que se cree conocer hasta el más mínimo aspecto. Ese terrible miedo que puede causar en alguien el hecho de estar 100% vulnerable ante un enemigo tan cercano y el inevitable placer de la venganza y la avaricia por querer encajar en la sociedad, se encarnan muy claramente al oponerse totalmente al objetivo central de la protagonista. Una historia que lleva al límite las emociones y cuenta con un grupo de personajes que guían el relato a través de una montaña rusa para acabar en un no tan placentero pero contundente final que deja de manifiesto que los sentidos casi nunca proporcionan la información correcta.

sábado, 26 de marzo de 2011

“Rango” En busca de la identidad.

Uno de los conflictos más impactantes que puede afectar a cualquier individuo es la búsqueda de su identidad y de su razón de ser en este mundo. Tratar de ocultar las verdaderas apariencias al pretender ser alguien totalmente opuesto a lo que verdaderamente se es, puede resultar en una total revolución interior, especialmente cuando la cuestión de la identidad propia y el lugar que se ocupa en el universo no está del todo definido. Todo esto lo presenta “Rango”, una historia que recurre a la clásica organización de un relato en el género western y recurre a personajes propios de este tipo de regiones para plasmar una imagen perseverante, obstinada y ciertamente afortunada de alguien que está totalmente perdido en el mundo.

Sin duda, el western y toda su iconografía visual, jamás dejará de funcionar y de innovar en su contenido y su tratamiento visual. Esta película es la mejor muestra de ello. Con una estructura narrativa muy clásica y apegada totalmente al estilo de este género, se muestra una historia que expone y mantiene un conflicto netamente definido que guiará la historia a través de éste y expondrá situaciones que plasman al personaje principal dentro de una imagen que conmueve, divierte y hace auto interrogar sobre el propio destino.

La estructura narrativa de este relato tiene dos enfoques principales: el primero, presentar en todo su haber al personaje principal, quien cargará con toda línea argumental de la historia y se enfrentará a todos los conflictos, Rango; el segundo, es exponer la problemática que se vive en el pueblo “Tierra” que guiará a una total transformación del personaje de Rango y terminará de plasmar la idea que se plantea en esta historia, a través de personajes bien caracterizados, con conflictos que ayudan a alimentar más la personalidad del personaje y en general la transformación que éste sufre a medida que combina su personalidad obstinada y perseverante con la busqueda de su identidad y de encajar en una verdadera sociedad. Y a medida que avanza la historia, se cruzan estos dos enfoques para construir una verdadera trama en la que intervienen todo tipo de personajes que siguen ligados a esta estetica, lo que deja ver de una excelente manera los dilemas y las confusiones que afronta el protagonista con sus obstinadas decisiones y sus paradojicas reacciones a las causas de las mismas.

Visualmente, es increíblemente realista hasta en el más mínimo detalle, tanto de los personajes como del escenario inhóspito y árido que los acoge. Las características de cada uno de los particulares animales que conforman este universo, y todo el amiente que los rodea, encajan y se complementan en todos los sentidos, que la fotografía del viejo oeste se luce en todo su esplendor. Todos los escenarios enmarcados en planos generales amplios que evidencian la soledad y la abstracción de este pueblo, ayuda a incrementar mas el peso de los efectos que contrae consigo el problema central de la trama y las consecuencias que trae consigo el personaje principal.

Una muestra original, clásica, y muy bien lograda que representa el hecho de que cada uno es forjador de su propio destino y que aunque se esté atrapado en la más confusa e incomprensible incertidumbre, hasta el más abstraído contratiempo puede llevar a un auto descubrimiento totalmente inesperado que conlleve a una fuerte superación personal.

Definitivamente, una historia que utiliza de manera magistral todos los recursos narrativos para exponer un conflicto central que mantenga enfocada toda la historia y un objetivo claro del personaje. Con la inacabable estética del western que complementa totalmente a todos los personajes que encarnan, en un pueblo remoto, una temática universal y común a cualquier ser humano, aunque no sea tratada por humanos.

sábado, 19 de marzo de 2011

“The Kids are All Right” Y sí que lo están.

Está más que claro que la concepción que se tiene de la familia, ese núcleo formador de la sociedad y primera escuela de la vida, no ha cambiado mucho, en teoría. Pero con la libertad de pensamiento que se ha producido en el siglo XXI, todas estas concepciones han cambiado, para bien, en todos los ámbitos de la sociedad. “The Kids are All Right” muestra, sin ningún tipo de censura ni miedo, qué tan cerca están todos los problemas que pueden afectar la unión y la integridad de una familia sin importar por quiénes esté conformada.

Una familia poco convencional, con un problema poco convencional. Todo expuesto en una historia poco convencional. En este relato se muestran todo tipo de problemas que pudieran afectar a cualquier núcleo familiar, pero lo interesante de ello es que se tiene una mirada más moderna y liberal al derrumbar todos los tabúes y todos los prejuicios que se tienen sobre una familia que se construye a partir de una pareja homosexual. Con personajes muy bien caracterizados y con conflictos bien establecidos, la pareja protagonista “Nic” y “Jules” se enfrenta al dilema que acoge a cualquier padre o madre: el ver a sus hijos crecer y cortar el cordón umbilical que los une a ellos. Y como lo mencionado anteriormente, no es sólo la maduración de los hijos, es también la curiosidad que los impulsa a generar aun más tensión entre su intimidad familiar. El hecho de querer conocer a su progenitor. La irrupción de este personaje pondrá a prueba la fidelidad y la lealtad que se ha construido en esta peculiar familia en la que, claramente había varias disfunciones desde antes que apareciera este personaje.

Con una historia lineal, cargada de situaciones que exponen muy bien la personalidad de cada uno de los personajes: su intimidad, sus miedos y sus dilemas adolescentes, se expone de una manera muy original desde los mismos diálogos que dejan ver el trasfondo de la historia acompañado de un presente lleno de ironía y miedo a revelar los verdaderos sentimientos. También una fotografía sutil en donde priman los planos medios y primeros planos que dejan ver el reflejo del espíritu libre que acompaña toda la película, encarnado en la personalidad de sus personajes.

Sin duda una historia diferente que se atreve a tratar un tema común desde una perspectiva que no oculta nada, sino que deja ver en todo su furor la libertad para hablar de temas como la amistad, la sexualidad, el amor y la infidelidad sin juzgar sino simplemente dejando ver la humanidad que acoge a todo tipo de personas y el lazo que se puede tejer entre hijos y padres o en este caso madres que aun así, teniendo presente el contexto de esta historia, se mantiene latente la figura de un padre que no encajaría dentro del imaginario de cualquiera que, si bien actúa como una especie de antagonista, en realidad ayuda a esclarecer, a través de los conflictos que se generan a su alrededor, todos los problemas que a veces se temen revelar y que las situaciones más comprometedoras que ponen a prueba al lazo fraternal que une a las familias.

El desenlace de esta historia muestra de la mejor manera y es sin duda, un gran ejemplo de que la paternidad y la crianza no están encasilladas dentro de ningún molde y no comprende ninguna fórmula para su ejecución. El hecho de afrontar una etapa de la vida extremadamente turbulenta, como lo es la adolescencia, pone a prueba a cualquier padre y este relato muestra como la autoridad y el carácter de los mismos, encarnados en mujeres tan distintas entre sí, pueden llegar a formar jóvenes sólidos y seguros de sí mismos.

viernes, 11 de marzo de 2011

“Los Colores de la Montaña” Una infancia arrebatada.

“Errare humanun est”. Recita la clásica expresión latina en donde se deja por sentado la naturaleza equívoca y errónea del ser humano. El hecho de que equivocarse es tan natural y tan nuestro como lo es asustarse, respirar o la mismísima muerte. Entre esa naturaleza humana del error se han manifestado los estragos más devastadores de la historia de la humanidad: guerra tras guerra tras guerra, sean civiles o mundiales han acabado con todo y todos, y aunque desafortunado para la sociedad, han hecho del arte su más comprometido fanático y crítico al mismo tiempo. Por supuesto Colombia no se escapa a estos errores y “Los Colores de la Montaña” muestra de la manera más dramática y emotiva las consecuencias que puede traer este conflicto a los más vulnerables e inocentes de esta guerra, los niños. Que se une a las demás que acaban o rectifican la humanidad del hombre.

Éste es un relato que toma como punto de vista central a un tradicional niño campesino de los montes colombianos. Unos escenarios bien caracterizados y en general un grupo de protagonistas que hacen ver la realidad palpable de las verdaderas víctimas, cuyo único “pecado” fue llevar una vida tranquila y hacer lo posible por mantener la paz y la integridad en sus respectivas tierras. Acompaña a todos estos elementos, una estructura narrativa que presenta el conflicto central desde los primeros momentos, al tiempo que se muestran las vidas cotidianas de las personas que, quiéranlo o no, se ven inmiscuidas en este problema.

Definitivamente una fotografía que resalta los escenarios rurales. Deja ver en todo su esplendor los fondo montañosos, los empolvados caminos y las tradicionales y típicas fincas que acogen a estos simples y trabajadores campesinos; sin embargo, se mantiene el interés, sin dejar de lado los escenarios, en los mismos personajes, pues se evidencia un muy buen uso de los teleobjetivos para realzar las figuras humanas sobre los fondos y dar prioridad en las acciones de los personajes, algo que sin duda ayuda a intensificar más la fuerza psicológica y las reacciones que acompañan esta historia repleta de sorpresas y obstáculos. También desde una muy bien lograda dirección de arte se exponen muy bien las tradiciones y actividades cotidianas que acompañan a estas personas, como el ordenar, la cocina cacera y la intimidad y cercanía del interior de estas acogedoras y simples fincas.

Manuel, como personaje principal, es tomado como modelo para simbolizar la inocencia y el efecto que trae consigo este desastroso conflicto. Con situaciones muy cotidianas del universo de la niñez, enmarcadas dentro del contexto campirano, se muestra como, con la incidencia del enemigo bien caracterizado y más que conocido, se va desquebrajando esta vida simple y buena que debería acompañar a un niño del campo: estudiar, jugar, crecer, ser niño. Un arrebato despiadado de todas estas cosas que acompañan a cualquier niño en el esplendor de sus años más libres y alegres, es lo que nos muestra esta historia: la educación, la diversión, un hogar una familia, un amigo, todo sepultado para siempre bajo las balas y los camuflados que arrasan sobre cualquier rama o árbol que se les cruce en sus objetivos. También juega un papel fundamental la amistad y el compañerismo que son mostrados en todo su esplendor y son desarrollados de igual manera bajo el yugo y la represión de estos enemigos y usurpadores del campo. Con una perseverancia acompañada de terquedad se construye le que es quizás uno de los conflictos más emotivos de esta historia. El hecho de querer recuperar el balón, que simboliza más que un juego, más que un deporte; simboliza esa diversión arrebatada y casi destruida. Un factor, la evasión, se mantiene constante durante toda la historia, al tomar como referencia la visión de un niño que trata de escaparle a estos problemas de adultos, pues en todos los momentos de tensión de la historia se muestra a Manuel alejado consciente o inconscientemente de estas situaciones.

Es sin duda uno de los retratos más emotivos y dramáticos que se han hecho del conflicto armado en el país. Una muestra magistral de los afectados directos de este problema y el hecho de verlo desde abajo, desde la infante faceta de un niño, le da más carga emocional y psicológica al relato, cuyo final es otro comienzo de otra historia casi tan dura y cruel como la vivida, que se gesta en un escenario opuesto: la ciudad, el desplazamiento.

domingo, 27 de febrero de 2011

“Black Swan” Un tributo a los extremos.

En el momento de presentar una historia en la que la línea narrativa está totalmente ligada a un sólo personaje y es narrada en primera persona, se suele recurrir a la muy conocida y efectiva voz en off; pero esta película deja más que claro que no es necesario hacer uso de este recurso cuando se tienen miles de posibilidades tanto narrativas como visuales para hacer que el espectador se meta dentro de la piel del personaje y viva al 100% todo lo que éste vive. “Black Swan” lo expone de manera magistral en esta conmovedora e increíblemente intensa historia.

Una historia de límites, de extremos, dedicación y obsesión con un sueño, es la que nos presenta Darren Aronofsky haciendo un espectacular uso de todos los recursos técnicos y artísticos para narrar una historia que, si bien, no es muy innovadora en su estructura narrativa, su fuerza recae en las imágenes y las acciones del personaje principal que conducen el relato a través de situaciones que la conllevan a una paradójica transformación, tanto física como psicológica y que, como lo mencionado anteriormente, atrapa de manera magistral al meter al espectador de lleno dentro de la mente de Nina, el personaje principal; que hay momentos en los que la realidad y la irrealidad no tienen diferenciación. Retomando la línea narrativa de esta historia, en donde se evidencia una exquisita construcción de todos los acontecimientos, pues contiene marcados puntos de giro, un objetivo bien planteado y un desenlace lleno de dramatismo y que satisface todas las expectativas que se plantean desde los primeros momentos.

Una historia eminentemente visual, con un lado oscuro estrictamente contrastado con la “pureza” de la protagonista de la historia y conflictos internos que enriquecen aun más el relato, pues la historia sería una más del montón sin este particular detalle de la transformación psicológica que deviene e influye fuertemente en sus conflictos externos en los que pareciera que todos son antagonistas cuando, en realidad, son dos opuestos encarnados en una sola mujer.

Una historia eminentemente cargada de simbolismos e interpretaciones; todas ligadas a alimentar la personalidad y el desarrollo del personaje y cómo esto guía el relato a un clímax bastante intenso y cargado de suspenso. Entre los símbolos más recurrentes se encuentra el espejo: aquella ventana a una dimensión paralela en la que se es literalmente opuesto, juega un papel definitorio en “Nina”, una mirada muy paradójica de la realidad, ese ojo que es el que juzga con más fuerza y al que parece que nunca se escucha, esa copia que parece idéntica pero que en realidad no es ni remotamente parecida a la original. Estas ventanas a dimensiones paralelas son las más representativas muestras de uno de los temas más recurrentes de la historia: el deseo de cambiar y transformarse en un opuesto, sustentado totalmente en la imagen y la superficialidad de satisfacer a un público en el despiadado mundo de la danza. Algo que apasiona totalmente a su protagonista. Como mencionado anteriormente, una historia que lleva todo al extremo y procura que todo gire en torno a la transformación de la protagonista, y uno de estos elementos es la misma calidad fotográfica de la imagen en la que la sensibilidad de la película es puesta a niveles altísimos que reflejan el gránulo de la superficie de la misma ¿tendrá algún significado? Puede que sí o puede que no, sin embargo y teniendo en cuenta que todo está destinado a soportar al personaje principal, encajaría efectivamente en una metáfora a la sensibilidad y la fragilidad de Nina.

Volviendo a los extremos de la película, en algunas ocasiones corre el riesgo de pasar a lo ridículo y lo cliché, con secuencias como en la que Nina se desase de su, ya muy muerta, inocencia, utilizando los peluches. Un sentimiento que, a mi parecer, se pudo haber mostrado de una manera más sutil sin tocar el límite del ridículo; algo que pasa con muchas de las acciones que se ven pero que, si se analiza correctamente, el espectador está totalmente sumergido dentro de la mente de Nina y pues ¿Qué más ridículo que los propios pensamientos y alucinaciones provocadas por una presión por ser perfecto?

Sin duda, una total sobredosis de emociones en la que todo gira en torno a un mismo eje y en la que priman los conflictos internos y las debilidades emocionales como obstáculo e impulso al mismo tiempo para alcanzar un objetivo que parece alejarse y acercarse conforme avanza la historia.

sábado, 19 de febrero de 2011

“The King’s Speech” El poder de la palabra

El lenguaje lo construye y lo destruye todo, incluso a nosotros mismos. La influencia de una persona sobre toda una nación. El poder que ejerce un monarca y la confianza que debe impregnar éste en sus palabras. Aun así, hasta el más ancestral monarca no deja de ser un ser humano y como tema recurrente en diferentes obras cinematográficas no se puede salir adelante solo y mucho menos con una discapacidad o debilidad, como se quiera ver. Esto lo dejó más que claro la abrumadora y conmovedora historia de George VI en “The King’s Speech”

Una fotografía monumental, tal como su personaje principal, pero sin dejar de lado el común de la vida de un habitante corriente del Imperio británico, es donde acontece la inspiradora relación de George VI con su terapeuta vocal, Lionel Louge. Con decorados que le dan una total verosimilitud a todo el universo de la realeza inglesa, se muestra la humanidad que acompaña a cualquier miembro de la nobleza contemporánea y la fragilidad que implica estar siempre en el ojo público en la que todo el mundo espera el mejor ejemplo del líder de una nación.

Una historia muy bien construida en la que se exponen de manera muy clara y acogedora los altos y bajos de la relación entre el Rey y su “doctor”. Algo que después se convertirá en una amistad. Está claro que el protagonismo de la historia se reparte entre estos dos personajes en donde cada uno lidia con sus propios problemas, lo que le da al espectador una mejor perspectiva en la vida de estos dos hombres.

La figura del micrófono, como un arma capaz de destruir al mundo como lo demostró Hitler, sale a relucir desde el primer plano de la película. Una manera de mostrar la sumisión que tiene el Rey con su discapacidad y la enemistad que llega a desarrollar ante cualquier audiencia pública. Volviendo a la amistad que se desarrolla a través de la historia, Lionel Louge deja de lado cualquier protocolo impuesto y exige igualdad con su paciente, uno de los elementos más sobresalientes de esta historia, el demostrar que la monarquía no está llena de semidioses omnipotentes sino de seres humanos no diferentes de cualquier otra persona.

La valentía absoluta de Bertie, como lo llaman, para tomar las riendas de su país y la desmedida confianza que manifiesta hacia Louge son valores que sin duda alguna llenan este historia de un sentido humano que nos hace pensar sobre cualquier dificultad que se nos presenta y la inacabable idea de el valor de una mano ayuda.

Con actuaciones memorables de Colin Firth al encarnar la tartamudez sin ningún exceso ni ridiculez al punto en el que el espectador siente casi que los mismos nervios del Rey segundos antes de dar su discurso. Sencillamente una manera magistral de mostrar lo vulnerable del ser humano y el valor que se necesita para superar hasta el más comprometedor defecto sin dejar de ser uno mismo.

sábado, 12 de febrero de 2011

True Grit (Joel & Ethan Coen)

True Grit (Joel & Ethan Coen)
La amistad y el compañerismo son dos cosas que jamás se alejarán de la naturaleza del ser humano, pues aunque queramos, es humanamente imposible salir adelante sin una mano que nos levante o un hombro en el cual podamos llorar. Esto queda más que sentado en la impecable y clásica historia que se desarrolla en la última película de los Hermanos Coen, muestra infalible que la colaboración, tanto en el mundo de este degustador western como en la carrera de estos visionarios y ambiciosos directores, es clave para el cumplimiento de un objetivo claro.

Acompañada de una fotografía magistral, llena de atardeceres abrumadores en unas praderas casi infinitas y esos árboles que ocultan el peligro y la incertidumbre que invaden hasta al más experimentado vaquero al adentrarse en territorios salvajes; True Grit es una clásica y muy bien contada historia que nos evoca a esos primeros westerns donde la maldad siempre paga y tiene su merecido. Unos personajes muy bien desarrollados que superan, a través de la trama, los conflictos que se generan entre ellos para enfocarse en un objetivo común y la obstinación de la ceguera adolescente que nos hace hacer cosas casi sin imaginar las consecuencias y por otro lado el negarse a aceptar las limitaciones de la edad, son los sentimientos que reflejan y se contraponen entre los tres protagonistas de esta historia llena de emoción y suspenso, que aunque suene contradictorio, está muy bien combinado.

Una historia clásica y contada en forma lineal es la que nos ofrecen Joel e Ethan Coen, contando con imágenes tan conmovedoras como desgarradoras que ponen a prueba al personaje de Mattie Russ, quien busca vengar la muerte de su padre. Envuelta en este desgarrador paisaje lleno de peligros y muertes, forjará su temperamento y la hará más firme con respecto a la misión que quiere llevar a cabo. Sin embargo, los obstáculos naturales no son todo lo que la aleja de su objetivo. Su temperamento sale a relucir al enfrentarse y tratar de persuadir al experimentado comisario del pueblo para ir en busca del asesino de su padre. Un conflicto que podría considerarse una especie de sub trama ya que ambos tratan de alcanzar metas no tan distintas pero aun así motivadas por razones totalmente opuestas: dinero y honor familiar.

Una historia ilustremente contada con escenarios impresionantes con una iluminación sutil debido a la predominación de exteriores y un buen conjunto de situaciones que guían a la historia a un final totalmente esperado y un clímax bastante emocionante que puede llevarte al extremo de tu asiento. Sin duda una historia recomendada para aquellos que disfrutamos mirando hacia el pasado y nos damos cuenta que por más “civilizados” que sigamos siendo, la compañía y el apoyo de una persona así como aprender a valorarla por lo que hace y no por lo que es, es crucial a la hora de emprender cualquier proyecto que se nos cruce en el camino.