Pocos
son los objetos que transforman la vida de un ser humano como lo hace el
dinero. Para algunos es una bendición que llega justo en el momento preciso
para resolver todos los problemas; otros que viven más acostumbrados a él, lo
ven como parte de su cotidianidad y su presencia, o su temporal ausencia, no
parece afectarles en nada; pero para aquellos que ven el dinero como un lujo
efímero o con funcionalidades estrictamente prácticas, un suplemento que ayuda
a sobrevivir, al recibir más de lo que pueden controlar, este exceso puede
causar daños colaterales que terminan por transformar sus vidas y su manera de
ver el mundo.
Esto
es lo que sucede en la vida de Jasmine French. Una mujer de la que sabemos sólo
algunos asuntos puntuales de su vida anterior a la llegada del rico magnate de
las propiedades que transformará su vida en una endeble burbuja de cristal, que
con el tiempo terminó quebrándose en mil pedazos, al igual que ella misma. No fue
solo la relación la que le dio un vuelco a su vida, sino todo ese mundo
materialista y elitista la que la transformó en una mujer de clase, compradora
y cargada de prejuicios para los que no están a su altura, incluyendo su propia
hermana. Luego de haber estado en la cumbre de la sociedad, la caída desde
aquel cerro puede llegar a ser muy dolorosa y hacer mucho ruido por mucho
tiempo; eso fue lo que tuvo que sufrir Jasmine luego de que toda la glamurosa
fachada de su vida de plástico se viera opacada por una sucesión de infidelidades
de su esposo, algo que desembocaría en el destape de todo el engaño tanto
material como ético del que había sido víctima. Pero de esta caída Jasmine no
se levanta sola, tiene a su hermana de crianza para apoyarse y halarla a ella
hasta su misma condición.
Esta
historia de altibajos es contada con la claridad, la fluidez y la maestría que
tanto han caracterizado a los universos fílmicos de Woody Allen. Un director
necesitado de contar historias y de transfigurar sus obsesiones y frustraciones
en personajes que fácilmente son una extensión de sí mismo (o por lo menos del
Woody que logramos conocer a través de su cine) y que son una suerte de antihéroes
que deben enfrentarse ante sus mismos vicios, salir o no de ellos y terminar
rectificando, como sucede esta vez, su misma tragedia. En esta película sucede
algo bastante interesante en cuanto a la estructura: si bien se maneja una
narración lineal con un desarrollo (o deterioro) de los personajes, en especial
de su protagonista, hay momentos claves y enfatizadores de la historia que nos
llevan hacia esa otra vida por la cual Jasmine está ahora pagando las
consecuencias y de la que el espectador es un impotente testigo. Jasmine llega
a esa otra ciudad apartada, tratando de refugiarse bajo el techo de su aún más
apartada hermana y lidiando con sus mismos defectos que sin duda la siguen
atando inserviblemente a su doloroso pasado y le impiden ver con nuevos y
optimistas ojos el futuro que ahora le toca enfrentar. A través de esos incisos
con apariencia de flashbacks, el espectador puede ir mesurando y teniendo una
perspectiva aún más amplia de cuánto ha caído Jasmine desde que se le fue
arrebatada esa vida artificial y cómo son los sufrimientos de ahora en comparación
a los de su pasado.
Otro
asunto fundamental en el que recae mucha de la fuerza de esta película es su
protagonista y al mismo tiempo la actriz que la interpreta. Cate Blanchett es
una actriz que navega en los abismos más profundos de la condición de este
personaje para presentarla fiel y sin prejuicios como en realidad es; una
interpretación que sin duda es la que le da mucha de la unidad al filme y la
que permite que las consecuencias de esa mentira por la que Jasmine se esmera
todo el tiempo en seguir viviendo se vean de primera mano. El elemento
femenino, de esa mujer de clase burguesa que sufre las inclemencias de la
sociedad contemporánea, es otro aspecto recurrente que habla mucho del universo
“allenístico” que luego de casi 45 películas, ya ha creado sus propias normas y
sus propios preceptos de lo que es verosimilitud en aras de proporcionar el
efecto que se quiere lograr.
Luego
de salir apenas con vida e integridad psicológica de una falsa vida, Jasmine no
se rinde y pretende mantener su imagen y su reputación intacta en esta ciudad de San Francisco que funciona más como telón de fondo y cuyo protagonismo
pareciera más recaer en el simbolismo, dada su ubicación geográfica totalmente
alejada de la Nueva York de la que ella pretende escapar. La vida de esta mujer
es una que tiene que pagar el precio de la mentira de la que quiere olvidarse y
de la mentira que quiere fabricar, empezando desde su mismo nombre, para encontrar una luz entre tanta obscuridad
que se le presenta en un futuro incierto. Un presente que, tanto interna como
externamente, le sigue recordando sus errores y sus pasadas angustias con
recursos muy del universo de este director en el que los encuentros fortuitos y
sorpresivos entre personajes para enfatizar algo no parecen chocar con la
fluidez de la historia. Historias que como en esta ocasión, vislumbran un
devenir trágico a sus protagonistas; personajes de ese lado humano que muchas
veces nos negamos a mirar.