Tratando de entender el mundo en imágenes móviles.

lunes, 13 de agosto de 2012

“Sofía y el Terco” Fábulas optimistas.


Siendo un arte netamente humanista y al igual que los individuos que hacen parte de la humanidad y forman su más grande inspiración y preocupación, el cine también se expresa condicionado por ciertas personalidades: está el cine extrovertido y alegre que siempre quiere hacer reír no importa qué tenga que hacer para conseguirlo; hay otro que filosofa todo el tiempo con diálogos inteligentes y profundos y que no teme decir nada, ya sea de manera explícita o adornando de manera estética ese mensaje o reflexión que quiere dar a conocer; y entre muchas otras, está esa personalidad tímida, sencilla y clara que se camufla a través de personajes comunes y situaciones naturales pero que dan a entender justo ese sentimiento que por ser tan común, se subestima o ni siquiera se le tiene en cuenta. Eso es precisamente lo que pasa en Sofía y el Terco, una película que susurra todo lo que tiene que decir y lo hace de una manera tan poética y sencilla que además de llegarle con claridad a un gran público, pareciera como si fuese algo nuevo, pero lo real es que su historia no refleja algo novedoso, más bien es la forma en la que está encajado ese mensaje lo que hace de esta película tan trascendental.

Se tiene en esta historia una muy buena construcción argumental en la que el personaje protagonista cuenta con una motivación muy marcada, trasfondos bien establecidos y expuestos y un contexto que da a conocer no sólo su interioridad sino también la de todos los demás personajes a su alrededor que impulsan y soportan en todo el relato el viaje y la transformación de esta mujer. Los acontecimientos están establecidos de tal manera que la historia pueda adquirir elementos de diferentes estéticas de narración cinematográfica, lo cual hace de esta película algo novedoso: está el humor siempre atravesando la mayoría de las situaciones, el naturalismo en las interpretaciones y los escenarios en donde acontecen los hechos y el más importante e indispensable de este relato, que es su facultad de road movie, género que se caracteriza por la predominancia de una viaje, tanto de manera literal que le da esta connotación al género, como de manera metafórica en donde el o los personajes son los que llevan a cabo un viaje interior para sufrir un cambio progresivo. En esta historia se tiene esa misma intención pero lo que la hace diferente es que a diferencia de otras road movies en donde el protagonista va hacia el horizonte sin mirar atrás, en ésta el origen sigue siendo relevante y sumamente importante para la unidad del filme; con esta característica se trata de sobresaltar y un tanto reivindicar el papel de la mujer en el hogar, tan menospreciado a veces y cómo su ausencia puede envolver algo más grande que sólo la falta una compañía.

Si bien en esta película se está contando una historia con personajes y escenarios muy naturales y cotidianos, el tono que adquiere no lo es tanto. Con un tinte fabulesco que se evidencia principalmente en Sofía, el personaje protagónico en la que su conducta no es la de una persona corriente y también con las secuencias oníricas que dan a entender muchos de sus sentimientos y aspiraciones, esta historia refuerza aún más su idea de la perseverancia y el asunto de la toma de decisiones autónomas que de alguna manera vayan en contravía de un imaginario colectivo.

La puesta en escena y la dirección de arte dan cuenta de un meticuloso trabajo en el que se pensaba cada espacio y cada decorado como un personaje más que complementara esa realidad interna de Sofía. Otro de los aspectos de suma relevancia e importancia de este filme es su banda sonora, pues es a través de ésta que Sofía se comunica con el espectador y expone sus verdaderos sentimientos; en momentos cruciales del argumento y en los marcados puntos de giro que guían el relato, resuenan estas piezas que pintan el paisaje psicológico de Sofía y acompañan las silenciosas expresiones en cada una de sus acciones hasta estar articulado completamente como una voz única y completamente identificable.

Es pues ésta una historia de perseverancia y valentía que envuelve en algunos detalles ese espíritu hippie de libertad y desafío al sistema que se oculta tras la historia, no sólo con personajes como el marihuanero y todos los otros que demandaba la utilización de este género en la película, sino también la construcción de Sofía, su fiel confidente y la niña pintora que encierran ese aura de rebelión sutil pero muy efectiva. Un cierre contundente y más que anhelado le pone el punto a este relato beneficioso para el cine colombiano en donde la variación y muy buena apelación al cine de género le hizo una muy buena jugada a la historia y además enalteció esa idea de las raíces y el asunto con el origen pues esta es una historia sin ningún tipo de nacionalidades que representa fielmente ese conflicto permanente entre aquel infante que no piensa y sólo sigue sus instintos y las cadenas de terquedad que lo mantienen inhibido.

viernes, 13 de julio de 2012

“To Rome with Love” La cruda fantasía.


En una ciudad tan llena de historia y de historias como lo es Roma, uno esperaría que el tiempo se detuviera. Que la realidad se alterara por unos momentos para sumergirse en esa urbe cuyos edificios inspiran esa nostalgia del pasado en cada ladrillo. Transitar por las empedradas y angostas calles en donde el efímero encuentro con cualquier extraño puede significar el punto de giro total en la vida de un individuo; donde el estar perdido puede al mismo tiempo significar el hecho de encontrar lo que en realidad faltaba en la vida. Pero aún así, esta fantástica ciudad es una como cualquier otra: con calles, autos, edificios, ciudadanos que viven el día a día en su cotidianidad y que no importa qué tan impactante pueda ser el tránsito por cualquier lugar del mundo, transformándose al mismo tiempo en una metáfora del mismo, siempre se vuelve a esa monotonía y crudeza que caracteriza la existencia misma.

Con esta historia coral en la que las situaciones fuera de lo común que limitan con lo mágico hacen parte de su unidad en general y algunos guiños a lo ridículo y arbitrario que puede llegar a ser el mundo del espectáculo contemporáneo, Woody Allen termina de clavar los pies sobre la tierra y después de su amena reflexión sobre la inutilidad “moral” de la nostalgia de un pasado no vivido con “Midnight in Paris”, ya no es tanto una fantasía hacia el pasado, sino más bien hacia el futuro lo que ocupa la historia. Esta película carga a sus personajes con las mismas motivaciones y el desenlace, de alguna manera, parece ser el mismo, pero todo esto está intercalado con situaciones bastante curiosas, su humor sarcástico bastante característico y una alteración del tiempo de línea argumental a otra en la que se exponen diferentes miradas sobre el tema que se enmarca en el relato. La gran motivación que impulsa la mayoría de los relatos es el deseo desenfrenado y al mismo tiempo cohibido de probar algo nuevo ya sea voluntario o por efectos del azar; de la aventura y esa lucha constante que se manifiesta literal y gráficamente aquí, con el subconsciente y el temor a la incertidumbre.

Son cuatro historias que representan universos muy distintos entre sí pero que al mismo tiempo enmarcan ese mismo deseo por lo nuevo y esa amarga sorpresa de que a veces por más grandes que sean las expectativas que se tengan, la realidad termina siendo otra, o no otra, sino la misma con la que se llegó a esa fantasía caprichosa. La aspiración por querer seguir en el mundo laboral a pesar de la edad, la aparente inconformidad sentimental que puede llegar a despertar una relación, el despertar emocional de una pareja moldeada en todos los estereotipos y la más extraña de todas que representa en todo su haber el realismo mágico en la obra de este director, la repentina e injustificada fama de un ciudadano común de la cita eterna.

Como ha sido constante en muchas de sus otras películas y como lo indica el título de ésta, Woody Allen hace de la ciudad un escenario vivo que cobra suma importancia tanto literal como metafóricamente en muchas de las situaciones enmarcadas en el relato. En una es el reencuentro mágico-real de un personaje con su pasado y en la otra es la ciudad que se devora al individuo y que junto con sus habitantes, lo llevan hacia otra dirección que transforma su vida pero que como lo indica la idea transmitida con esta historia, ese sueño de verano en la ciudad eterna, al igual que el de el resto de participantes de este juego de azares y decepciones, se estrella con la fuerte muralla realista de que las cosas nunca son tan buenas, aunque así lo parezcan.

Otra cosa característica y sobresaliente que se mantiene firme en cada obra del señor Allen es la solidez de sus guiones y la continuidad semántica de todas las situaciones que componen sus películas. En esta ocasión puede observarse cómo la construcción de una de las líneas argumentales, la de las familias de la pareja a casarse, es muy integral y que soporta todo el peso del verdadero enfoque de ésta que se alía con el de las otras.

El hecho de que haya sido una historia contada desde perspectivas tan disímiles ayuda a enfatizar más la idea y al mismo tiempo, la carga de un dinamismo que le da mayor versatilidad y variabilidad al tipo de situaciones que se desarrollan a lo largo de la historia y no la vuelven una monótona y repetitiva, algo con lo que Woody Allen nunca ha tenido problema pues si bien sus historias tienden a ser de un solo protagonista, aquí la pluralidad fue la clave de la efectividad y la fuerza con la que se concretaron las ideas y en sus demás historias ese solo personaje la comanda para simbolizar en sí mismo, muchos otros sentimientos.

La gran metáfora de la vida que es el cine se evidencia en su máxima expresión en la historia de Leopoldo. Aquí hay una crítica directa a esa condición humana del hambre por tener una celebridad en la mira de todos, no importa quién sea ni qué haya hecho. Y por supuesto, el sello de su autor no podría faltar, además de revivir al neurótico alter ego, Woody nos conmueve con la humanidad que se esconde tras el canto en una ducha y la magnifica al nivel de la ópera.

Ese deseo humano impulsado por la insatisfacción del presente y el hecho de siempre querer lo que no se posee, combinado con algo de terquedad y tonta perseverancia, es lo que envuelve a estos personajes que se embarcan en una aventura personal hacia los riesgos (otro de los énfasis de la historia), y terminan enfrentándose con la crudeza de sus fantasías y lo cálida y segura que puede llegar a ser su propia realidad. Algunos con más impacto que otros pero al final y con mucha poética y cierto optimismo, se cierra una historia de decepciones pero que no decepciona, pues la sutileza y efectividad con la que son contadas, hacen que ese ser realista que emerge después de un golpe con mucha más fuerza y decisión, sea más vistoso y con los sentidos mejor puestos.

martes, 12 de junio de 2012

“Una Separación” Los ilímites de la justicia.


Cuando un juez dicta una sentencia, cuando su martillo choca con fuerza y estridencia sobre la madera de su “trono” y queda marcado el destino del acusado, no es sólo el de éste, sino el de todos y todo a su alrededor. En esta sólida y directa historia se puede evidenciar con lucidez y autenticidad cómo la justicia se desborda, sin temor, de los límites que encierran la oficina de un juzgado y altera enormemente las ya turbulentas e inestables vidas de los mortales que viven día a día a merced de esa enorme institución que legaliza las venganzas de sus súbditos.
En esta historia entran en juego no sólo los elementos concernientes al contexto de las leyes y todos los debates morales que esto incluye, sino que también se plantea dentro de un contexto socio-cultural muy específico que le da al argumento ciertas licencias de las cuales puede valerse para incrementar la significancia dramática de los personajes y los hechos que condicionan sus conductas y también desarrollar reflexiones que trascienden este contexto y la hacen una historia universal y humana; dos conceptos que aunque directamente están relacionados con la religión y el estado, no hacen distinción alguna en su condición natural, es decir, el humano o la sociedad necesita de la religión como guía moral y vigilante de su conducta y el estado como ente organizador de la misma, pero como se ve, éstos son en condición singular y sin etiquetas. Siendo así, todos los elementos culturales que enriquecen más el relato y sus personajes, son los que al final desencadenan las demás reflexiones sobre la condición humana que se plantea la película: la cuestión de la honestidad, la estructura y solidez de una familia y el que más se resalta, la delgada línea que divide el juicio moral de un hombre que se debate entre salvaguardar su honor y más importante, su estabilidad económica, o seguir las enseñanzas de su iglesia y asegurarse de algún modo, la vida eterna sin privilegiar sus necesidades inmediatas sabiendo que la balanza ya no se inclina en su favor.
El otro elemento que llega a ocupar un lugar bastante grande en la tela de juicio expuesta en esta historia es la familia. Aquí se plantea de manera muy explícita cuál es el conflicto que debilita aún más la frágil estructura sobre la que se edificó este grupo de personas. Esta otra trama que se desarrolla en paralelo pero enteramente relacionada con el conflicto central de la historia, podría decirse que es la que al final recibe todo el peso de la mirada escrutadora que se le hace a la justicia como tal y pone a prueba qué tanta fidelidad hay en esto, algo que desde el mismo principio se sabe que ha pasado a un segundo plano en lo concerniente a la pareja protagonista, ambos luchan por sus objetivos personales  y para incrementar aún más el conflicto, está la hija de este matrimonio, ejemplos todos de la solidez de la trama, en la que cada personaje es indispensable para el desarrollo y la secuencialidad de la misma.
Aquí también se percibe una estética naturalista y cercana con interpretaciones bastante intensas y dramáticas en las que los conflictos nunca se desvanecen, más bien se entrelazan unos con otros y la manera en la que se presenta el hecho que desencadena la premisa central de la historia junto con la presentación de la mujer que ocupa el otro lado de esta disputa legal, al igual que con la ya mencionada crisis familiar de la pareja, se rectifica aún más esa epidemia que se esparce en todos los niveles de esta partícula y reflejo de la sociedad de los efectos colaterales de la justicia que puede fácilmente transmutar en una ciega venganza. Esta es en definitiva una efectiva y potente historia que saca lo peor del ser humano cuando sus batallas se entrecruzan con el campo más escéptico de todos como lo es el judicial y que al mismo tiempo, sus decisiones son guiadas por ese ámbito religioso que se le es inevitable al ser humano y menos aún en este contexto. Una película bien hecha que da cuenta de la solidez narrativa de su director y más aún de la universalidad de esos singulares espacios que se puedan pensar irrepetibles.

domingo, 25 de marzo de 2012

“The Hunger Games” Supervivencia y rebelión.


Vuelve y juega el controversial fenómeno de las adaptaciones literarias que pasan de la tinta en el papel al nitrato en el celuloide; del sillón en la biblioteca a la butaca en el teatro, y tiene mucha más repercusión por ser también un fenómeno cultural y estético del que viene cargada la literatura juvenil contemporánea. Esta vez es sobre una novela de ciencia ficción que sitúa su argumento en un futuro distópico, como se suele hacer, para plantear sus críticas y desarrollar tramas cuya verosimilitud tiene las correas menos ajustadas.

Por el momento no me ocuparé del nivel de adaptación en el que se puede situar a esta película ni qué tan efectiva fue en su labor, sino que lo que ocupará un mayor espacio será la película en sí, su mensaje a través de las imágenes y todos los otros elementos que componen el significado y la estructura de un filme. Esta película es efectivamente contundente en los enfoques que quiere resaltar, las críticas que quiere plantear y sin desligarse mucho de su versión original literaria, la ilustración de un mundo distópico sumido en una gran depresión social no muy diferente al actual.

Ésta es una historia de desafío hacia la autoridad y valentía no sólo contra el sistema sino también, y en conjunto, contra la naturaleza misma y la puesta al límite del cuerpo y la condición humana. Con un tono muy personal y directo en el que la cámara al hombro, los primeros planos y diálogos contundentes que dejan ver más a los individuos que habitan este futuro indeseable y su problemática situación social, se dejan de lado muchos efectos visuales que sólo agrandan gratuitamente una producción y la hubieran alejado de esa estética íntima y humana que caracteriza este filme. Su banda sonora también es otro aspecto a resaltar: grandes piezas épicas acompañan muy bien los momentos más contundentes del argumento, desde las grandes y aceleradas persecuciones por la vida o la muerte, hasta los momentos emotivos y tremendamente significativos.

Esta película es una que pinta a su protagonista y a su contexto de manera ascendente y va revelando toda su personalidad a través de diversos eventos que la obligan a dejar salir todo su rencor y todo el descontento que sólo pueden manifestarse en cercanos diálogos y gestos comunitarios. Un castigo general es toda esta historia futurista que se deja contar muy bien y conecta de igual manera con el espectador, pues su protagonista es una marginada y este argumento es el que convierte su experiencia en una de ascenso, superación, reflexión personal y reivindicación de principios, atravesada por una trama amorosa en un segundo plano que enriquece más a su protagonista y le proporciona más motivaciones y giros argumentales.

Eminentes planos detalles que dejan ver todos esos aspectos identificables de los personajes y los espacios. Secuencias muy bien logradas que dejan al descubierto las emociones de su protagonista y de su entorno en relación directa a ella.

Como ya lo había mencionado, ésta es una adaptación y las comparaciones no se hacen esperar y son inevitables. Si bien, la novela está muy bien escrita, engancha fácilmente al lector y en sí es una cierta crítica política y a la misma conducta del mundo televisivo, carece de otros aspectos que al lado de otras grandes novelas, la dejan como sólo un fenómeno juvenil que a diferencia de otros, goza de una muy notable calidad e innovación. La versión cinematográfica logra de manera magistral muchas de las secuencias enmarcadas en la novela: el episodio de la manzana, el incendio y el emotivo clímax son algunos ejemplos que a pesar de algunos intrascendentes detalles, se tradujeron muy bien del papel a la pantalla. Otro aspecto que resultó bastante beneficioso para el filme fue la conversión de una narración totalmente introspectiva, en primera persona y en calidad de testigo que se da desde la perspectiva de la protagonista en la novela, a una más amplia pero que mantuvo esa mirada personal gracias a una gran utilización de los recursos visuales para exponer en su mayor expresión, ese mirada de testigo de la protagonista.

Tanto en su versión fílmica como literaria, ésta es una historia válida con una trama sólida y efectiva. Una crítica al presente desde el futuro, exposición voraz de la crueldad del ser humano y sin duda, una metáfora del hambre, pero no sólo el hambre en condición de codicia por la victoria y la venganza, sino un hambre voyerista y perverso que se encarna en el fenómeno mismo de la televisión. Algo falta de poética la novela pero como se evidenció, con enormes posibilidades cinematográficas; campo en el cual la mirada personal y detallista son su punto fuerte y la presentación de una mujer desafiante y valiente, guían esta historia hacia un sinfín de probabilidades, al igual que reflexiones sobre la sociedad y sus gobiernos opresores.

sábado, 17 de marzo de 2012

“Drive” El depredador citadino.


El escenario de la ciudad es uno complejo, misterioso, peligroso, despiadado e impredecible. Tremendamente cinematográfico y cargado de contrastes, frialdad, pero al mismo tiempo recogimiento y cercanía para los habitantes que la poseen y la habitan en todos sus niveles. Esas características mutan del escenario al personaje que lo habita. En “Drive”, un hombre misterioso e impredecible como la ciudad misma en la que se mueve, al que ni siquiera se le conoce el nombre, es el conductor en el amplio sentido de la palabra, de esta historia de venganza y autoexploración; enmarcada en una estética impecable que refleja al mismo tiempo la personalidad de su protagonista: silenciosa, observadora, pero cargada de emociones que espera hasta el momento oportuno para descargar y contraponer con otros niveles de sí misma a través de una puesta en escena guiada con ojo maestro por su director.

Los altibajos del personaje protagonista de esta historia lineal de venganza y misterio, son los que le dan esa fuerza y ese impacto al argumento. El enigma que produce el sólo ver cómo camina y actúa a través de las diferentes facetas de su vida, nos hace ver al que sólo se conoce como “Driver”, como alguien misterioso y en definitiva la sólida y convincente actuación de Ryan Gosling la revisten de una verosimilitud innegable.

Las historias no se pueden valer por sí mismas para generar un impacto y proporcionar una idea clara y directa en el espectador. Ya que el cine es un reflejo de la realidad y por tanto tiene la obligación de mantener ese aspecto y cuidarlo en todas sus expresiones, son los personajes que se enmarcan en la historia los que le dan forma a esa idea que se quiere plantear. Ese mensaje que le debe llegar a cada espectador a través del ser que decide, se mueve y reacciona en esos fragmentos de la vida que es el argumento de una película. En este caso en particular, el protagonista es alguien cargado de contrastes y misterios, sus emociones siempre están al límite y la relación directa entre él y los acontecimientos extraordinarios que lo acompañan en su diario vivir se juntan de manera ejemplar para desnudar completamente todas esas facetas de la condición humana que sólo se revelan cuando alguien relativamente normal y común se enfrenta a situaciones poco comunes y se ve obligado a afrontarlas y a superar obstáculos y conflictos que al mismo tiempo, reflejan sus pensamientos y su moral.

Y es precisamente ése uno de los elementos que mejor expone esta película, la ética de su protagonista. Envuelto en su misterio e introspección, se va desarrollando a lo largo de todo el argumento, luego de una sólida presentación, todo lo que este hombre tiene para mostrar; una empatía con los niños, faceta de buen vecino, claro y directo cuando emprende el “trabajo sucio”, despiadado en los momentos de supervivencia, sensible y amistoso con la que llega a ser la mejor compañía de su vida. Todos estos contrastes hacen de este personaje alguien que en definitiva no tiene una senda fija durante toda la historia, sino que explora varios caminos y diversidad de calles, como la ciudad misma. La eficacia y sutileza con que su director desarrolla a este personaje y la ubicación efectiva que da la estructura narrativa a todos los acontecimientos que condicionan su conducta demuestra en gran medida la superioridad de esta obra. El simbolismo excepcional que conlleva una secuencia en la que colisionan dos sentimientos opuestos en el interior de un mismo hombre mientras está dentro de los confines de un ascensor, da razones para afirmar lo paradójica e ideológicamente rica que es esta historia.

Claro está que esta película es una que opta en gran medida por la introspección y la identificación con su protagonista en todo momento. Un objetivo bien planteado y claro y un contexto bien establecido, son los elementos que le dan una gran solidez a esta historia. Una experiencia que ilustra de manera magistral y efectiva la pasión y lealtad hacia sí mismo. Una maleta repleta de billetes en el suelo al lado de un cadáver, es esa prueba irrefutable de cómo la bondad (en términos morales estandarizados) se puede camuflar dentro de diferentes pieles. La secuencialidad y coherencia de todos los eventos que se masifican con una estética lúgubre y contrastada (un reflejo más de su personaje)  y colores muy saturados, reflejo de sus emociones y reacciones; todos elementos que hacen de esta obra una mirada interior de la conducta humana, una oda a la identidad y a la lealtad y casi que una mirada al depredador en jefe de la selva de cemento.


martes, 6 de marzo de 2012

“Chronicle” Una mirada cercana.

En el cine la cámara juega un papel fundamental e indispensable por obvias razones. No sólo es el recurso técnico que documenta todo el material fílmico que unido y puesto en su lugar le dan forma y cuerpo a una película, sino que también, dependiendo de la manera en la que sea manipulada o usada, marca una estética única para cada director, género o temática. Los movimientos, enfoques y elementos que se usen dentro de su humilde encuadre, le dan al director-creador la etiqueta de autor y sello personal a cada una de sus obras. Pero esta cámara siempre se ha visto como ese narrador o testigo omnisciente que siempre pasa desapercibido y alimenta el voyerismo propio de la actividad fílmica propia y del hambre de los espectadores. Hitchcock trató este tema mucho antes con “La ventana indiscreta”, en la que presenta a la cámara como un arma que puede llegar a desdibujar la realidad o al contrario, a aumentarla hasta un contexto enorme que se sale de control. Con “Chronicle”, una película un tanto arriesgada que tiende a dejarse llevar por el espectáculo más que por su trasfondo, la cámara es una total protagonista. Metida enteramente dentro de la diégesis misma de la historia, condicionando las reacciones de los personajes, dando una mirada personal y desafiante desde múltiples perspectivas y acercando al espectador a un ojo más honesto y cercano, es como se expone esta extraordinaria historia que presenta personajes comunes en situaciones fuera de lo normal, pero que aún así, y cargando con una estética que desde un principio sugiere intimidad y profundidad, se deja seducir por la espectacularidad de las explosiones y secuencias de acción para dejar un tanto de lado ese trasfondo que hubiera sido de muchísimo más provecho para esta historia.
Un argumento sólido con un personaje principal bien presentado en varios niveles; su situación en una típica escuela pública con los ya reconocidos personajes que se presentan en este ámbito, en el cual nuestro protagonista hace parte de ese grupo que suelen ser los más llamativos a la hora de contar una historia en este contexto: el outsider marginado que no sólo lidia con esta soledad en el ámbito académico, sino que también se muestra cómo esto se mezcla con su entorno personal: una familia desmoronándose en todo sentido. Teniendo todas estas características del contexto del personaje es lo que le da esa fuerza a la historia. La situación totalmente extraordinaria que funciona como detonante del argumento central, se enmarca dentro de la ideología y la intención de darle el poder a los débiles, una manera totalmente efectiva de llegarle puntualmente a cualquier espectador y de sentir esta historia más cercana y con un componente ético más fuerte. Un planteamiento ordinario y sin muchas sorpresas, con marcados puntos de giro y un clímax bastante efectivo y directo, es lo que acompaña al héroe de esta historia que literalmente documenta paso a paso su transformación interna con altas repercusiones en su contexto.
Esta película podría fácilmente ubicarse dentro del género fantástico y a su vez el subgéreno de la ciencia ficción, pero es aquí donde recae esa ambivalencia que intriga tanto sobre este film. Si bien no hace tanto alarde de impresionantes secuencias alucinantes, sino que trata de balancear ese elemento fundamental en el argumento con otras facetas de la historia, en su desenlace pareciera priorizar más las luces, explosiones y secuencias externamente emocionantes, sobre ese trasfondo y relación entre los personajes que hubiera servido mejor para la historia.
Una de las cosas que más sobresalen en esta película, además de sus impresionantes efectos visuales y unas ciertamente originales secuencias y eventos dentro del argumento, es la manera en que son vistas; como lo mencionado anteriormente, la cámara no se disfraza de ojo invisible que atestigua todos los eventos, sino que está dentro de la historia. Es un espectador más que incomoda y condiciona enormemente a los personajes desde el inicio y sólo a través de estos artefactos esenciales para la historia, el espectador puede observar e introducirse en la misma. Un recurso que sin duda juega a favor de ese carácter personal y tan propio que sin duda es un reto creativo de este film.
A pesar de tener un planteamiento sólido, bien presentado y personajes que soportan muy bien toda la historia (como ya lo es común en muchas producciones de Hollywood), queda incompleta esa intención, y a medias esa profundidad que pudo llegar más lejos y valerse de las características propias y singulares de este argumento, para reflexionar sobre muchos niveles de la condición humana haciendo alarde de las posibilidades técnicas que conllevaba esta historia. Una película altamente entretenida y que nos sumerge en un planteamiento novedoso, cercano y ya bastante conocido.

viernes, 17 de febrero de 2012

“The Artist” Un orgullo romántico.

Una vez más nos encontramos frente a otro homenaje hecho al cine a través de sí mismo. La exposición de uno de los acontecimientos que revolucionaron por completo el escenario cinematográfico mundial y cambiaron totalmente la manera de hacerlo, percibirlo y analizarlo. Sin embargo, ésta no es sólo una historia sobre el cine, pues éste es únicamente el telón de fondo que soporta las acciones, conflictos y eventos que rodean a los personajes. Una mirada al pasado con un tema que no tiene época y un guiño a esa nostalgia de la cual nos seguimos alimentando cada día y suspiramos con ingenuidad sobre lo que nunca se vivió; eso es “The Artist”. Una película arriesgada en su forma pero que agrada desde el comienzo de la mano de una narración sólida, directa, y una puesta en escena ejemplar.

El cine no sería sino un espectáculo vacío y egocéntrico sino contara con aquéllos que hacen de él una ciencia que requiera análisis y estudio, un fenómeno cultural y social que impacta fuertemente en el imaginario común y un arte que genere debate desde su forma y su manera de presentarse ante el público provocando una única experiencia estética. Películas como “Hollywood Ending” del inigualable Woody Allen, o la que parece ser uno de los mayores referentes de esta película, “Singing in the Rain”, han criticado y mostrado respectivamente, ese asunto del cine desde sus entrañas: cómo es elaborado y los altibajos que se enfrentan durante su proceso de creación, pero también, como sucede esta vez, exponen toda la problemática y el revuelo que fue la migración total del cine tradicional silente a la nueva revolución sonora, pero no como un evento coyuntural masivo, sino desde la perspectiva de uno de sus protagonistas que sufre las adversidades sembradas en un alto orgullo, que lo llevaron a una alta depresión y conflicto interno.

Esta película cuenta con una historia y personajes muy bien estructurados y desarrollados. La presentación del contexto junto con el protagonista se dan de manera simultánea y los conflictos internos con repercusiones externas que sufre George, el actor protagonista, son hábilmente enmarcados con una puesta en escena que se impregna de esas dos maneras de hacer cine: la contemporánea heredada de más de un siglo de desarrollo cinematográfico y la teatralidad y toque histriónico de las interpretaciones que requería el tono y la estética de la película.

Ya que esta película tenía como objetivo regresar a esas primeras bases de la narrativa cinematográfica y quería ser fiel a esta estética, dada la falta de diálogos, todas esas emociones recaen en el elemento musical que acompaña casi la totalidad de las secuencias que la componen. Una cinematografía muy simbólica, como lo era antes, y no sólo para registrar las acciones, sino para cargar de significado esos espacios y la interacción de los personajes con los mismos, es uno de los aspectos que más resaltan en esta obra; sobre todo en los momentos de soledad y reflexión que atraviesa el protagonista. Debates internos que trascienden hacia esas metáforas visuales que descansan en composiciones fílmicas bastante innovadoras que ponen al descubierto todos esos sentimientos que transitan dentro del héroe de la historia, exaltando aún más el valor de la imagen y cómo esta se sobrepone enormemente, y con una impecable dirección, sobre los diálogos que muchas veces sólo entorpecen y dejan a la imagen mal parada en un arte que hace constantemente de la imagen en movimiento algo más elaborado y significativo.

Un mensaje contundente y directo es lo que se nos presenta a través de la vida de su protagonista. Sencillo y en cierta medida nada novedoso pero es, sin duda, todo lo que lo rodea: ese “clasicismo” mismo de esta obra junto con interpretaciones efectivas que encarnan y comunican todo sin necesidad del lenguaje de las palabras, lo que hace de esta historia una memorable. La exposición permanente del mundo del cine y en esa escena final que se resume todo la paradoja entre sonido y silencio adornan aún más este film.

Una historia sólida, con personajes secundarios que complementan muy bien el crecimiento del protagonista y su lucha contra el sistema y contra sí mismo, es la que se disfruta en esta mirada por el retrovisor hacia esas primeras visiones que el cine exploraba para encarnar los dramas humanos y presentarlos de forma masiva en el arte del siglo XX. Decorados y vestuarios muy bien logrados que definitivamente le hicieron justicia a este romanticismo egocéntrico con el que se lidia en este relato y que conmueve con diferentes acontecimientos a un espectador acostumbrado tanto a la artificialidad del cine contemporáneo tan polarizado entre lo comercial y lo artístico; pues un tanto al igual que su protagonista, esta película se niega a seguir por la misma senda popular y artificial de una gran parte del cine moderno, y se mantiene fiel a sus instintos, aunque es obvio que el desenlace en este relato único tiene otro tipo de recompensas al sentimiento simple y muy tratado en el cine de superar el orgullo.

lunes, 2 de enero de 2012

“War Horse” Una amistad y una fortaleza irrompibles.

Uno de los elementos que más ha ayudado a desarrollar tramas y a crear historias que se puedan retratar a través de cualquier medio, que ha expuesto de la manera más cruda y honesta la naturaleza humana en todos sus niveles y que ha aportado a la consolidación de numerosos dramas que al mismo tiempo se desprenden de él y enmarcan otro tipo de reflexión sobre el hombre mismo y su formación a través de su contexto político y social, es la guerra. Pero no la guerra contada como una noticia o un suceso coyuntural, no como un capítulo más en una enciclopedia o libros de historia o como el engranaje que ayudó a que el desarrollo social a través de las eras se diera de manera secuencial, sino como un suceso que condiciona la vida y la perspectiva de una persona. Un individuo como cualquier otro que enmarca en sí mismo todos los dramas y conflictos que estos acontecimientos pueden desatar, pero que afectan directamente la naturaleza del ser humano y lo exponen y desnudan ante los ojos de la desprejuiciada cámara que lo percibe desde la mirada más estética y enriquecedora posible.
Valiéndose de una fotografía deslumbrante y de una historia monumental y enternecedora, “War Horse” es otro ejemplo de cómo la guerra ha sido tan enormemente provechosa para el cine que la mira, la critica, la reflexiona y propone nuevas maneras y personajes para hablar de ella, y sobre esto es en lo que se apoya esta historia. Esta vez no es un soldado que lo abandona todo para luchar por su país. No es la camaradería que une a todo un pelotón que se juega la vida contra el enemigo en inhóspitos escenarios, ni es la historia de amor trágica que rompe un lazo sentimental y lo pisotea con tanques, balas y trincheras. La mirada ha cambiado y el enfoque trasciende al de un caballo que, a diferencia de los humanos, no es dueño de ninguna tierra y anda por donde lo lleve su instinto animal, por ende no siente obligación de defender nada ni arriesgar su vida por estas causas absurdas como las guerras; aún así, el protagonista de esta historia, que es sin duda el animal, refleja todos estos dramas y sentimientos que despiertan estos acontecimientos, y más aún cuando esta historia de valentía y supervivencia es atravesada por la amistad. Una amistad fundada sobre la confianza y la lealtad que si bien también se puede dar entre seres de la misma especie, parece ser que cuando éstas no son las mismas el fruto de ella es más sólido y fuerte, y es por esto que este relato eleva ese sentimiento de amistad y lo fortalece, y sigue el viaje de incertidumbre repleto de altibajos de este cuadrúpedo.
También muestra una faceta de ser vivo que se asemeja o podría decirse es igual a la del humano. No presenta a Joey, el caballo protagonista, como un autómata que reacciona a órdenes o como una insensible bestia que está sólo para las labores físicas, sino que es expuesto como un ser viviente, una criatura que sufre, teme y reconoce la amistad y la confianza. Su carrera por sobrevivir que es en gran medida predestinada por las andanzas y las decisiones del hombre, es lo que se despliega a lo largo de este argumento narrado con excepcional maestría en las manos de Steven Spielberg que utiliza, como ya mencionado, una espectacular concepción visual que presenta las grandes praderas y campos de la Inglaterra rural donde se yergue la criatura y se contrasta con la crudeza y frialdad de los campos de batalla empapados de lodo, explosiones y circundados por intimidantes barreras de púas y trincheras sofocantes; todo esto para poner a prueba la fortaleza y valentía que se encarnan en este animal que por su condición misma, siempre estará bajo la mano del hombre que en una secuencia llena de emoción y una puesta en escena efectiva, se decide su destino en las vueltas de una moneda en caída.
Spielberg es sin duda uno de los grandes narradores que han pasado por el escenario cinematográfico mundial. La imagen como alma y esencia del cine, es llevada a su máxima expresión con esta película y por supuesto, la anatómica belleza con la que carga el caballo (quien fuera el animal que ayudó a consolidar los primeros inicios del cine con el experimento de Standford) hace de esta narración algo bastante épico. Las esbeltas pero al mismo tiempo poderosas piernas del caballo arando un campo de cultivo y arrastrando un pesado cañón, o galopando mientras arrastras consigo cientos de púas incrustadas en su cuerpo, exhiben la perseverancia de una gran criatura cuyo vínculo con el humano transciende las barreras y todo tipo de obstáculos y es tan bello y conmovedor como esta deslumbrante y visual épica historia.