¿Tiene que ser la muerte un
triste acontecimiento? La historia que se nos cuenta en esta película nos demuestra
que éste no es necesariamente el caso, pues en la forma en la que enfrentemos
la desaparición de este ser querido (o aceptemos la propia) y la manera en la
que lo recordemos, está esa fortaleza y esa otra mirada con la que se puede percibir
y vivir este cierre inevitable de la naturaleza humana.
Gus van Sant nos presenta un
relato con una estética bastante naturalista tanto en sus actuaciones como en
sus decorados y fotografía, cuya fuerza recae principalmente en su original
historia que hace una reflexión profunda y directa sobre la muerte y sobre las
actuaciones de sus protagonistas, que guían el relato con mucha verosimilitud e
intimismo y hacen del mensaje del relato algo efectivo y ameno de percibir.
Por más que una historia o
argumento cuente con la más detalla y sólida construcción, sino cuenta con los
personajes que la encarnen correctamente y la lleven hasta el desenlace de una
manera verosímil y acorde con los propósitos de la misma, ésta no funcionará;
esta película en definitiva contiene ambos elementos que se complementan
obviamente entre sí. Un guión sólido con conflictos bien establecidos y
personajes desarrollados en todo el argumento, es lo que propone esta historia
que resalta enormemente por su originalidad, pero al mismo tiempo su simpleza y
naturalismo en su puesta en escena. También hay imágenes igualmente originales
y un tanto irreverentes que complementan el tono y la personalidad de los
protagonistas que le dan vida a la historia Los elementos enfocados a la
relación entre la vida y la muerte, que rodean a la pareja protagonista, le dan
un agregado simbólico bastante fuerte a la historia; cosas como que el amigo
imaginario o fantasma que acompaña a Enoch sea un kamikaze, una persona
entrenada para morir, y que Annie sienta una especial admiración hacia la vida
silvestre y se interese por Darwin, le dan un significado bastante grande a la construcción
de estos protagonistas y carga de elementos a la trama que se desarrolla entre
ellos.
Pero esta historia no es
sólo una sobre la muerte, el amor también se ve implicado y atraviesa toda esta
trama. Esta característica de la historia es la que le da mayor relevancia al
sentimiento de desaparición, pues es una relación que no prevalecerá por más de
tres meses pero la manera en que estos personajes asumen esos tres meses, es lo
que encarna la idea del relato. La muerte está a la vuelta de la esquina, pero
no quiere decir que se deba asumir el miedo como el eterno acompañante. Situaciones
curiosas y que dan cuenta de un tono autoral e íntimo son las que componen el
argumento. Conflictos significativos que exponen cada vez más y adentran al
espectador en el interior de Enoch, que es sin duda el personaje más intrigante;
saber de su pasado, su relación en carne propia con la muerte y la actitud con
la que la enfrenta en su presente, hacen de sus acciones algo mucho más
trascendente y conflictivas que elevan el relato a algo más profundo, un clímax
igual de curioso como todo lo anterior a él y un final contundente y directo.
Una sonrisa es la que
cierra esta historia. Una sonrisa hacia el recuerdo y no hacia el olvido. Un guiño
hacia la complicidad que se ve reflejado en la comida servida que se presenta a
través de un muy bien logrado paneo descriptivo. Todas señales de una nueva
forma de ver la muerte. La inexistencia de una persona cercana que transforma
la vida puede seguir causando el mismo efecto gracias al poder de la memoria, pues
esos acontecimientos y capítulos prevalecerán sin descanso en ella.