Cuando un juez dicta una
sentencia, cuando su martillo choca con fuerza y estridencia sobre la madera de
su “trono” y queda marcado el destino del acusado, no es sólo el de éste, sino
el de todos y todo a su alrededor. En esta sólida y directa historia se puede
evidenciar con lucidez y autenticidad cómo la justicia se desborda, sin temor,
de los límites que encierran la oficina de un juzgado y altera enormemente las
ya turbulentas e inestables vidas de los mortales que viven día a día a merced
de esa enorme institución que legaliza las venganzas de sus súbditos.
En esta historia entran en
juego no sólo los elementos concernientes al contexto de las leyes y todos los
debates morales que esto incluye, sino que también se plantea dentro de un
contexto socio-cultural muy específico que le da al argumento ciertas licencias
de las cuales puede valerse para incrementar la significancia dramática de los
personajes y los hechos que condicionan sus conductas y también desarrollar
reflexiones que trascienden este contexto y la hacen una historia universal y
humana; dos conceptos que aunque directamente están relacionados con la
religión y el estado, no hacen distinción alguna en su condición natural, es
decir, el humano o la sociedad necesita de la religión como guía moral y
vigilante de su conducta y el estado como ente organizador de la misma, pero
como se ve, éstos son en condición singular y sin etiquetas. Siendo así, todos
los elementos culturales que enriquecen más el relato y sus personajes, son los
que al final desencadenan las demás reflexiones sobre la condición humana que
se plantea la película: la cuestión de la honestidad, la estructura y solidez
de una familia y el que más se resalta, la delgada línea que divide el juicio
moral de un hombre que se debate entre salvaguardar su honor y más importante,
su estabilidad económica, o seguir las enseñanzas de su iglesia y asegurarse de
algún modo, la vida eterna sin privilegiar sus necesidades inmediatas sabiendo
que la balanza ya no se inclina en su favor.
El otro elemento que llega a
ocupar un lugar bastante grande en la tela de juicio expuesta en esta historia
es la familia. Aquí se plantea de manera muy explícita cuál es el conflicto que
debilita aún más la frágil estructura sobre la que se edificó este grupo de
personas. Esta otra trama que se desarrolla en paralelo pero enteramente
relacionada con el conflicto central de la historia, podría decirse que es la
que al final recibe todo el peso de la mirada escrutadora que se le hace a la
justicia como tal y pone a prueba qué tanta fidelidad hay en esto, algo que
desde el mismo principio se sabe que ha pasado a un segundo plano en lo
concerniente a la pareja protagonista, ambos luchan por sus objetivos
personales y para incrementar aún más el
conflicto, está la hija de este matrimonio, ejemplos todos de la solidez de la
trama, en la que cada personaje es indispensable para el desarrollo y la
secuencialidad de la misma.
Aquí también se percibe una
estética naturalista y cercana con interpretaciones bastante intensas y
dramáticas en las que los conflictos nunca se desvanecen, más bien se
entrelazan unos con otros y la manera en la que se presenta el hecho que
desencadena la premisa central de la historia junto con la presentación de la
mujer que ocupa el otro lado de esta disputa legal, al igual que con la ya
mencionada crisis familiar de la pareja, se rectifica aún más esa epidemia que
se esparce en todos los niveles de esta partícula y reflejo de la sociedad de
los efectos colaterales de la justicia que puede fácilmente transmutar en una
ciega venganza. Esta es en definitiva una efectiva y potente historia que saca
lo peor del ser humano cuando sus batallas se entrecruzan con el campo más
escéptico de todos como lo es el judicial y que al mismo tiempo, sus decisiones
son guiadas por ese ámbito religioso que se le es inevitable al ser humano y
menos aún en este contexto. Una película bien hecha que da cuenta de la solidez
narrativa de su director y más aún de la universalidad de esos singulares
espacios que se puedan pensar irrepetibles.