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martes, 12 de junio de 2012

“Una Separación” Los ilímites de la justicia.


Cuando un juez dicta una sentencia, cuando su martillo choca con fuerza y estridencia sobre la madera de su “trono” y queda marcado el destino del acusado, no es sólo el de éste, sino el de todos y todo a su alrededor. En esta sólida y directa historia se puede evidenciar con lucidez y autenticidad cómo la justicia se desborda, sin temor, de los límites que encierran la oficina de un juzgado y altera enormemente las ya turbulentas e inestables vidas de los mortales que viven día a día a merced de esa enorme institución que legaliza las venganzas de sus súbditos.
En esta historia entran en juego no sólo los elementos concernientes al contexto de las leyes y todos los debates morales que esto incluye, sino que también se plantea dentro de un contexto socio-cultural muy específico que le da al argumento ciertas licencias de las cuales puede valerse para incrementar la significancia dramática de los personajes y los hechos que condicionan sus conductas y también desarrollar reflexiones que trascienden este contexto y la hacen una historia universal y humana; dos conceptos que aunque directamente están relacionados con la religión y el estado, no hacen distinción alguna en su condición natural, es decir, el humano o la sociedad necesita de la religión como guía moral y vigilante de su conducta y el estado como ente organizador de la misma, pero como se ve, éstos son en condición singular y sin etiquetas. Siendo así, todos los elementos culturales que enriquecen más el relato y sus personajes, son los que al final desencadenan las demás reflexiones sobre la condición humana que se plantea la película: la cuestión de la honestidad, la estructura y solidez de una familia y el que más se resalta, la delgada línea que divide el juicio moral de un hombre que se debate entre salvaguardar su honor y más importante, su estabilidad económica, o seguir las enseñanzas de su iglesia y asegurarse de algún modo, la vida eterna sin privilegiar sus necesidades inmediatas sabiendo que la balanza ya no se inclina en su favor.
El otro elemento que llega a ocupar un lugar bastante grande en la tela de juicio expuesta en esta historia es la familia. Aquí se plantea de manera muy explícita cuál es el conflicto que debilita aún más la frágil estructura sobre la que se edificó este grupo de personas. Esta otra trama que se desarrolla en paralelo pero enteramente relacionada con el conflicto central de la historia, podría decirse que es la que al final recibe todo el peso de la mirada escrutadora que se le hace a la justicia como tal y pone a prueba qué tanta fidelidad hay en esto, algo que desde el mismo principio se sabe que ha pasado a un segundo plano en lo concerniente a la pareja protagonista, ambos luchan por sus objetivos personales  y para incrementar aún más el conflicto, está la hija de este matrimonio, ejemplos todos de la solidez de la trama, en la que cada personaje es indispensable para el desarrollo y la secuencialidad de la misma.
Aquí también se percibe una estética naturalista y cercana con interpretaciones bastante intensas y dramáticas en las que los conflictos nunca se desvanecen, más bien se entrelazan unos con otros y la manera en la que se presenta el hecho que desencadena la premisa central de la historia junto con la presentación de la mujer que ocupa el otro lado de esta disputa legal, al igual que con la ya mencionada crisis familiar de la pareja, se rectifica aún más esa epidemia que se esparce en todos los niveles de esta partícula y reflejo de la sociedad de los efectos colaterales de la justicia que puede fácilmente transmutar en una ciega venganza. Esta es en definitiva una efectiva y potente historia que saca lo peor del ser humano cuando sus batallas se entrecruzan con el campo más escéptico de todos como lo es el judicial y que al mismo tiempo, sus decisiones son guiadas por ese ámbito religioso que se le es inevitable al ser humano y menos aún en este contexto. Una película bien hecha que da cuenta de la solidez narrativa de su director y más aún de la universalidad de esos singulares espacios que se puedan pensar irrepetibles.