Uno de los conflictos más impactantes que puede afectar a cualquier individuo es la búsqueda de su identidad y de su razón de ser en este mundo. Tratar de ocultar las verdaderas apariencias al pretender ser alguien totalmente opuesto a lo que verdaderamente se es, puede resultar en una total revolución interior, especialmente cuando la cuestión de la identidad propia y el lugar que se ocupa en el universo no está del todo definido. Todo esto lo presenta “Rango”, una historia que recurre a la clásica organización de un relato en el género western y recurre a personajes propios de este tipo de regiones para plasmar una imagen perseverante, obstinada y ciertamente afortunada de alguien que está totalmente perdido en el mundo.
Sin duda, el western y toda su iconografía visual, jamás dejará de funcionar y de innovar en su contenido y su tratamiento visual. Esta película es la mejor muestra de ello. Con una estructura narrativa muy clásica y apegada totalmente al estilo de este género, se muestra una historia que expone y mantiene un conflicto netamente definido que guiará la historia a través de éste y expondrá situaciones que plasman al personaje principal dentro de una imagen que conmueve, divierte y hace auto interrogar sobre el propio destino.
La estructura narrativa de este relato tiene dos enfoques principales: el primero, presentar en todo su haber al personaje principal, quien cargará con toda línea argumental de la historia y se enfrentará a todos los conflictos, Rango; el segundo, es exponer la problemática que se vive en el pueblo “Tierra” que guiará a una total transformación del personaje de Rango y terminará de plasmar la idea que se plantea en esta historia, a través de personajes bien caracterizados, con conflictos que ayudan a alimentar más la personalidad del personaje y en general la transformación que éste sufre a medida que combina su personalidad obstinada y perseverante con la busqueda de su identidad y de encajar en una verdadera sociedad. Y a medida que avanza la historia, se cruzan estos dos enfoques para construir una verdadera trama en la que intervienen todo tipo de personajes que siguen ligados a esta estetica, lo que deja ver de una excelente manera los dilemas y las confusiones que afronta el protagonista con sus obstinadas decisiones y sus paradojicas reacciones a las causas de las mismas.
Visualmente, es increíblemente realista hasta en el más mínimo detalle, tanto de los personajes como del escenario inhóspito y árido que los acoge. Las características de cada uno de los particulares animales que conforman este universo, y todo el amiente que los rodea, encajan y se complementan en todos los sentidos, que la fotografía del viejo oeste se luce en todo su esplendor. Todos los escenarios enmarcados en planos generales amplios que evidencian la soledad y la abstracción de este pueblo, ayuda a incrementar mas el peso de los efectos que contrae consigo el problema central de la trama y las consecuencias que trae consigo el personaje principal.
Una muestra original, clásica, y muy bien lograda que representa el hecho de que cada uno es forjador de su propio destino y que aunque se esté atrapado en la más confusa e incomprensible incertidumbre, hasta el más abstraído contratiempo puede llevar a un auto descubrimiento totalmente inesperado que conlleve a una fuerte superación personal.
Definitivamente, una historia que utiliza de manera magistral todos los recursos narrativos para exponer un conflicto central que mantenga enfocada toda la historia y un objetivo claro del personaje. Con la inacabable estética del western que complementa totalmente a todos los personajes que encarnan, en un pueblo remoto, una temática universal y común a cualquier ser humano, aunque no sea tratada por humanos.
Tratando de entender el mundo en imágenes móviles.
sábado, 26 de marzo de 2011
sábado, 19 de marzo de 2011
“The Kids are All Right” Y sí que lo están.
Está más que claro que la concepción que se tiene de la familia, ese núcleo formador de la sociedad y primera escuela de la vida, no ha cambiado mucho, en teoría. Pero con la libertad de pensamiento que se ha producido en el siglo XXI, todas estas concepciones han cambiado, para bien, en todos los ámbitos de la sociedad. “The Kids are All Right” muestra, sin ningún tipo de censura ni miedo, qué tan cerca están todos los problemas que pueden afectar la unión y la integridad de una familia sin importar por quiénes esté conformada.
Una familia poco convencional, con un problema poco convencional. Todo expuesto en una historia poco convencional. En este relato se muestran todo tipo de problemas que pudieran afectar a cualquier núcleo familiar, pero lo interesante de ello es que se tiene una mirada más moderna y liberal al derrumbar todos los tabúes y todos los prejuicios que se tienen sobre una familia que se construye a partir de una pareja homosexual. Con personajes muy bien caracterizados y con conflictos bien establecidos, la pareja protagonista “Nic” y “Jules” se enfrenta al dilema que acoge a cualquier padre o madre: el ver a sus hijos crecer y cortar el cordón umbilical que los une a ellos. Y como lo mencionado anteriormente, no es sólo la maduración de los hijos, es también la curiosidad que los impulsa a generar aun más tensión entre su intimidad familiar. El hecho de querer conocer a su progenitor. La irrupción de este personaje pondrá a prueba la fidelidad y la lealtad que se ha construido en esta peculiar familia en la que, claramente había varias disfunciones desde antes que apareciera este personaje.
Con una historia lineal, cargada de situaciones que exponen muy bien la personalidad de cada uno de los personajes: su intimidad, sus miedos y sus dilemas adolescentes, se expone de una manera muy original desde los mismos diálogos que dejan ver el trasfondo de la historia acompañado de un presente lleno de ironía y miedo a revelar los verdaderos sentimientos. También una fotografía sutil en donde priman los planos medios y primeros planos que dejan ver el reflejo del espíritu libre que acompaña toda la película, encarnado en la personalidad de sus personajes.
Sin duda una historia diferente que se atreve a tratar un tema común desde una perspectiva que no oculta nada, sino que deja ver en todo su furor la libertad para hablar de temas como la amistad, la sexualidad, el amor y la infidelidad sin juzgar sino simplemente dejando ver la humanidad que acoge a todo tipo de personas y el lazo que se puede tejer entre hijos y padres o en este caso madres que aun así, teniendo presente el contexto de esta historia, se mantiene latente la figura de un padre que no encajaría dentro del imaginario de cualquiera que, si bien actúa como una especie de antagonista, en realidad ayuda a esclarecer, a través de los conflictos que se generan a su alrededor, todos los problemas que a veces se temen revelar y que las situaciones más comprometedoras que ponen a prueba al lazo fraternal que une a las familias.
El desenlace de esta historia muestra de la mejor manera y es sin duda, un gran ejemplo de que la paternidad y la crianza no están encasilladas dentro de ningún molde y no comprende ninguna fórmula para su ejecución. El hecho de afrontar una etapa de la vida extremadamente turbulenta, como lo es la adolescencia, pone a prueba a cualquier padre y este relato muestra como la autoridad y el carácter de los mismos, encarnados en mujeres tan distintas entre sí, pueden llegar a formar jóvenes sólidos y seguros de sí mismos.
Una familia poco convencional, con un problema poco convencional. Todo expuesto en una historia poco convencional. En este relato se muestran todo tipo de problemas que pudieran afectar a cualquier núcleo familiar, pero lo interesante de ello es que se tiene una mirada más moderna y liberal al derrumbar todos los tabúes y todos los prejuicios que se tienen sobre una familia que se construye a partir de una pareja homosexual. Con personajes muy bien caracterizados y con conflictos bien establecidos, la pareja protagonista “Nic” y “Jules” se enfrenta al dilema que acoge a cualquier padre o madre: el ver a sus hijos crecer y cortar el cordón umbilical que los une a ellos. Y como lo mencionado anteriormente, no es sólo la maduración de los hijos, es también la curiosidad que los impulsa a generar aun más tensión entre su intimidad familiar. El hecho de querer conocer a su progenitor. La irrupción de este personaje pondrá a prueba la fidelidad y la lealtad que se ha construido en esta peculiar familia en la que, claramente había varias disfunciones desde antes que apareciera este personaje.
Con una historia lineal, cargada de situaciones que exponen muy bien la personalidad de cada uno de los personajes: su intimidad, sus miedos y sus dilemas adolescentes, se expone de una manera muy original desde los mismos diálogos que dejan ver el trasfondo de la historia acompañado de un presente lleno de ironía y miedo a revelar los verdaderos sentimientos. También una fotografía sutil en donde priman los planos medios y primeros planos que dejan ver el reflejo del espíritu libre que acompaña toda la película, encarnado en la personalidad de sus personajes.
Sin duda una historia diferente que se atreve a tratar un tema común desde una perspectiva que no oculta nada, sino que deja ver en todo su furor la libertad para hablar de temas como la amistad, la sexualidad, el amor y la infidelidad sin juzgar sino simplemente dejando ver la humanidad que acoge a todo tipo de personas y el lazo que se puede tejer entre hijos y padres o en este caso madres que aun así, teniendo presente el contexto de esta historia, se mantiene latente la figura de un padre que no encajaría dentro del imaginario de cualquiera que, si bien actúa como una especie de antagonista, en realidad ayuda a esclarecer, a través de los conflictos que se generan a su alrededor, todos los problemas que a veces se temen revelar y que las situaciones más comprometedoras que ponen a prueba al lazo fraternal que une a las familias.
El desenlace de esta historia muestra de la mejor manera y es sin duda, un gran ejemplo de que la paternidad y la crianza no están encasilladas dentro de ningún molde y no comprende ninguna fórmula para su ejecución. El hecho de afrontar una etapa de la vida extremadamente turbulenta, como lo es la adolescencia, pone a prueba a cualquier padre y este relato muestra como la autoridad y el carácter de los mismos, encarnados en mujeres tan distintas entre sí, pueden llegar a formar jóvenes sólidos y seguros de sí mismos.
viernes, 11 de marzo de 2011
“Los Colores de la Montaña” Una infancia arrebatada.
“Errare humanun est”. Recita la clásica expresión latina en donde se deja por sentado la naturaleza equívoca y errónea del ser humano. El hecho de que equivocarse es tan natural y tan nuestro como lo es asustarse, respirar o la mismísima muerte. Entre esa naturaleza humana del error se han manifestado los estragos más devastadores de la historia de la humanidad: guerra tras guerra tras guerra, sean civiles o mundiales han acabado con todo y todos, y aunque desafortunado para la sociedad, han hecho del arte su más comprometido fanático y crítico al mismo tiempo. Por supuesto Colombia no se escapa a estos errores y “Los Colores de la Montaña” muestra de la manera más dramática y emotiva las consecuencias que puede traer este conflicto a los más vulnerables e inocentes de esta guerra, los niños. Que se une a las demás que acaban o rectifican la humanidad del hombre.
Éste es un relato que toma como punto de vista central a un tradicional niño campesino de los montes colombianos. Unos escenarios bien caracterizados y en general un grupo de protagonistas que hacen ver la realidad palpable de las verdaderas víctimas, cuyo único “pecado” fue llevar una vida tranquila y hacer lo posible por mantener la paz y la integridad en sus respectivas tierras. Acompaña a todos estos elementos, una estructura narrativa que presenta el conflicto central desde los primeros momentos, al tiempo que se muestran las vidas cotidianas de las personas que, quiéranlo o no, se ven inmiscuidas en este problema.
Definitivamente una fotografía que resalta los escenarios rurales. Deja ver en todo su esplendor los fondo montañosos, los empolvados caminos y las tradicionales y típicas fincas que acogen a estos simples y trabajadores campesinos; sin embargo, se mantiene el interés, sin dejar de lado los escenarios, en los mismos personajes, pues se evidencia un muy buen uso de los teleobjetivos para realzar las figuras humanas sobre los fondos y dar prioridad en las acciones de los personajes, algo que sin duda ayuda a intensificar más la fuerza psicológica y las reacciones que acompañan esta historia repleta de sorpresas y obstáculos. También desde una muy bien lograda dirección de arte se exponen muy bien las tradiciones y actividades cotidianas que acompañan a estas personas, como el ordenar, la cocina cacera y la intimidad y cercanía del interior de estas acogedoras y simples fincas.
Manuel, como personaje principal, es tomado como modelo para simbolizar la inocencia y el efecto que trae consigo este desastroso conflicto. Con situaciones muy cotidianas del universo de la niñez, enmarcadas dentro del contexto campirano, se muestra como, con la incidencia del enemigo bien caracterizado y más que conocido, se va desquebrajando esta vida simple y buena que debería acompañar a un niño del campo: estudiar, jugar, crecer, ser niño. Un arrebato despiadado de todas estas cosas que acompañan a cualquier niño en el esplendor de sus años más libres y alegres, es lo que nos muestra esta historia: la educación, la diversión, un hogar una familia, un amigo, todo sepultado para siempre bajo las balas y los camuflados que arrasan sobre cualquier rama o árbol que se les cruce en sus objetivos. También juega un papel fundamental la amistad y el compañerismo que son mostrados en todo su esplendor y son desarrollados de igual manera bajo el yugo y la represión de estos enemigos y usurpadores del campo. Con una perseverancia acompañada de terquedad se construye le que es quizás uno de los conflictos más emotivos de esta historia. El hecho de querer recuperar el balón, que simboliza más que un juego, más que un deporte; simboliza esa diversión arrebatada y casi destruida. Un factor, la evasión, se mantiene constante durante toda la historia, al tomar como referencia la visión de un niño que trata de escaparle a estos problemas de adultos, pues en todos los momentos de tensión de la historia se muestra a Manuel alejado consciente o inconscientemente de estas situaciones.
Es sin duda uno de los retratos más emotivos y dramáticos que se han hecho del conflicto armado en el país. Una muestra magistral de los afectados directos de este problema y el hecho de verlo desde abajo, desde la infante faceta de un niño, le da más carga emocional y psicológica al relato, cuyo final es otro comienzo de otra historia casi tan dura y cruel como la vivida, que se gesta en un escenario opuesto: la ciudad, el desplazamiento.
Éste es un relato que toma como punto de vista central a un tradicional niño campesino de los montes colombianos. Unos escenarios bien caracterizados y en general un grupo de protagonistas que hacen ver la realidad palpable de las verdaderas víctimas, cuyo único “pecado” fue llevar una vida tranquila y hacer lo posible por mantener la paz y la integridad en sus respectivas tierras. Acompaña a todos estos elementos, una estructura narrativa que presenta el conflicto central desde los primeros momentos, al tiempo que se muestran las vidas cotidianas de las personas que, quiéranlo o no, se ven inmiscuidas en este problema.
Definitivamente una fotografía que resalta los escenarios rurales. Deja ver en todo su esplendor los fondo montañosos, los empolvados caminos y las tradicionales y típicas fincas que acogen a estos simples y trabajadores campesinos; sin embargo, se mantiene el interés, sin dejar de lado los escenarios, en los mismos personajes, pues se evidencia un muy buen uso de los teleobjetivos para realzar las figuras humanas sobre los fondos y dar prioridad en las acciones de los personajes, algo que sin duda ayuda a intensificar más la fuerza psicológica y las reacciones que acompañan esta historia repleta de sorpresas y obstáculos. También desde una muy bien lograda dirección de arte se exponen muy bien las tradiciones y actividades cotidianas que acompañan a estas personas, como el ordenar, la cocina cacera y la intimidad y cercanía del interior de estas acogedoras y simples fincas.
Manuel, como personaje principal, es tomado como modelo para simbolizar la inocencia y el efecto que trae consigo este desastroso conflicto. Con situaciones muy cotidianas del universo de la niñez, enmarcadas dentro del contexto campirano, se muestra como, con la incidencia del enemigo bien caracterizado y más que conocido, se va desquebrajando esta vida simple y buena que debería acompañar a un niño del campo: estudiar, jugar, crecer, ser niño. Un arrebato despiadado de todas estas cosas que acompañan a cualquier niño en el esplendor de sus años más libres y alegres, es lo que nos muestra esta historia: la educación, la diversión, un hogar una familia, un amigo, todo sepultado para siempre bajo las balas y los camuflados que arrasan sobre cualquier rama o árbol que se les cruce en sus objetivos. También juega un papel fundamental la amistad y el compañerismo que son mostrados en todo su esplendor y son desarrollados de igual manera bajo el yugo y la represión de estos enemigos y usurpadores del campo. Con una perseverancia acompañada de terquedad se construye le que es quizás uno de los conflictos más emotivos de esta historia. El hecho de querer recuperar el balón, que simboliza más que un juego, más que un deporte; simboliza esa diversión arrebatada y casi destruida. Un factor, la evasión, se mantiene constante durante toda la historia, al tomar como referencia la visión de un niño que trata de escaparle a estos problemas de adultos, pues en todos los momentos de tensión de la historia se muestra a Manuel alejado consciente o inconscientemente de estas situaciones.
Es sin duda uno de los retratos más emotivos y dramáticos que se han hecho del conflicto armado en el país. Una muestra magistral de los afectados directos de este problema y el hecho de verlo desde abajo, desde la infante faceta de un niño, le da más carga emocional y psicológica al relato, cuyo final es otro comienzo de otra historia casi tan dura y cruel como la vivida, que se gesta en un escenario opuesto: la ciudad, el desplazamiento.
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