Tratando de entender el mundo en imágenes móviles.

lunes, 17 de octubre de 2011

“Biginners” La carga del pasado.

Un dibujo bocetado por varias líneas abstractas y que aún así se entiende perfectamente: un figura humana aplastada y destrozada completamente por una gran roca; de la roca una flecha que señala la palabra “pasado”. En esta imagen que toma lugar en alguna parte del film, queda sintetizada la idea que se plasma en esta excepcional e íntima película cargada de una narrativa poco convencional que le apuesta al monólogo interno del personaje, una reflexión personal con trascendencia universal y cierta originalidad en varias secuencias del argumento.

El miedo de volver a empezar, de voltear la página, de seguir adelante sabiendo que seguiremos encadenados, inevitablemente, al pasado turbulento y ambiguo del que nunca nos podremos desprender; todo esto es presentado de manera magistral en “Biginners”, una película que recurre a la utilización de fotografías literales para ilustrar de una manera más dinámica y sin seguir los convencionalismos narrativos del cine tradicional, los pensamientos del personaje principal que debate toda su existencia y la relaciona con todo lo que hay detrás de sí y también detrás de los demás.

Esta película se mueve principalmente en un solo tiempo, pues aunque hay una alta recurrencia a los diferentes flashbacks, su intención no es desarrollar una subtrama paralela al tiempo principal de la película, sino hacer énfasis en esos aspectos definitorios del presente del personaje y a su vez, explicarlos. Cabe resaltar lo bien planteado que está todo el argumento en general y ese toque de originalidad e irreverencia con el que cargan muchas de las secuencias; los diálogos constantes entre Oliver y Arthur, el perro que perteneció alguna vez a su fallecido padre y que expresa directamente ese nexo que se mantiene durante toda la historia, entre Oliver y su padre, y en general con todo su pasado.

En general, ésta es una película que enfatiza enormemente en esa relación irrompible que se teje entre el presente y el pasado y ese afán que se tiene por tratar de parecerse lo menos posible a los padres o por lo menos de no cometer los mismos errores. Mantiene un ritmo muy constante, una fotografía simple y unos personajes muy bien construidos que guían la historia a través de situaciones de alta significancia que dotan al relato de un alto contenido reflexivo no sólo del asunto del pasado, sino que siguiendo esa misma estructuración de personajes, la revelación de la homosexualidad del padre, todo su dilema interno y la farsa que termina siendo toda su vida matrimonial y familiar, hacen que cada una de las situaciones que acontece Oliver, sean más significativas: su relación amorosa, principalmente, y el papel fundamental e indispensable que tiene Arthur, el perro, en cada momento de su vida como ese único recuerdo palpable que tiene de su padre.

Una historia bastante conmovedora e innovadora en algunos aspectos, que cuenta con actuaciones si bien pasivas pues las cargas emocionales no son tan explícitas, resaltan de una manera que acercan más al espectador a la historia dada su naturalidad y verosimilitud en las mismas. Una mirada íntima con trascendencia universal sobre el sentido de la vida y la relación de la misma con ese trasfondo imborrable que es nuestro pasado y un guiño de esperanza a esa incertidumbre y locura con la que a veces hay que enfrentar el futuro sin tratar de medir o preconcebir cada acto que hacemos o cada relevancia que pueda tener ese acto en nuestro presente, a partir del pasado que pueda o no afectar la vida misma.

sábado, 8 de octubre de 2011

"El Páramo" De las emociones sin fondo.

Últimamente, el cine colombiano le ha estado apostando a un lenguaje y a un tratamiento de temas más universales con el fin de no sólo llegarle y tratar de cautivar al escaso público que acude a las salas, sino también de lograr una distribución que supere las fronteras nacionales y logre un impacto mayor tanto en el público ajeno al país, como en el propio, el cual se ve mal acostumbrado a la maquinaria hollywoodense que inunda en su gran mayoría, la cartelera nacional. Esta estrategia no es mala, por el contrario, es sumamente importante para llegar, algún día, a cimentar unos inicios de una futura industria cinematográfica nacional que sea capaz de competir con el mismo Hollywood o con otros países cuyos sistemas de producción fílmica están mejor consolidados que el nuestro, y sobre todo, tratar de hablarle a un público que, como lo ya mencionado, está programado a recibir mensajes empaquetados al estilo Hollywood con un lenguaje simple y directo, que por lo tanto, tendrán una percepción de este cine mucho más positiva y no se sentirán alejados por películas muy intimistas que los excluyen completamente, pues al fin y al cabo, el público es la razón de ser de un arte tan social como lo es el cine y sin él no existe esa alteridad tan necesaria y fundamental en este medio de expresión.

Sin embargo, se corre el riesgo de inclinar la balanza, al momento de iniciar la producción o creación de una película, demasiado hacia al lado del público, esa masa uniforme que casi siempre se cautiva por una forma llena de brillos y artificios, y poco fondo y trascendencia. Ése fue el gran desacierto de “El Páramo”, una película que carga con una factura, fotografía y dirección de arte excepcionales, pero que descuida uno de los grandes aspectos expresivos del cine y que comparte con las demás artes, que es el hecho de hacer una reflexión del hombre mismo y su naturaleza interior, y no sólo buscar enmarcar y personificar sentimientos y situaciones comunes y conocidas por cualquier público, sino buscar una mirada particular y una opinión certera y firme sobre una problemática que acoja a la sociedad o al ser humano en particular.

Por esto es que “El Páramo” no deja de ser una película anecdótica que, enmarcada dentro del género del thriller de suspenso y terror, cuenta una historia donde las emociones que produce en el espectador no tienen tanta fuerza y significancia, sino que se dan de una manera más bien gratuita (dentro de la lógica del argumento), y padece una falta de trasfondo en sus personajes que justifiquen y soporten el porqué de sus acciones y reacciones y hagan del mensaje de la película algo que de verdad pueda trascender el hecho de espectacularidad que el buen cine, sin duda, sobrepasa sin problemas. Aunque cuente con un conflicto central bien establecido y desarrollado que a su vez se multiplica en otras problemáticas dentro del grupo de protagonistas, las consecuencias y resoluciones de estos conflictos carecen de unas causas narrativas bastante evidentes, como lo es el hecho de que el personaje Cortez se rebele contra su superior y termine “vengando” al mismo tiempo la muerte de su otro superior, algo contradictorio y sin justificación alguna.

Ese facilismo y falta de solidez se presenta en la construcción de la misma historia: desde las primeras secuencias sólo se ve una misión cualquiera de un grupo de soldados del ejército, intercalada con lo que parece ser un flashback de su protagonista, cosa que no le aporta ningún significado o paréntesis aclaratorio al argumento que se desarrolla en el tiempo principal de la historia y sólo hasta muy avanzada la misma se conoce el conflicto central y la necesidad dramática del grupo de personajes, cosa que aporta aún más a esa debilidad narrativa de la película. Otra falla del film es la falta de énfasis en la presentación e introducción de los personajes, sus conflictos y sus características principales que hacen de la historia una con sentido, fuerza y trascendencia; en esta película, esto se obvia casi por completo, lo que deja al desarrollo de la misma en una simple sucesión de hechos que no tienen esa misma fuerza narrativa que si se dieran a conocer todos esos trasfondos sociales que soporten y expliquen de manera general la personalidad de cada uno de los protagonistas, pues tan deliberada es la importancia de este aspecto que apenas si se conoce un pequeño detalle del protagonista principal de la historia, que en parte ayuda a que todas sus reacciones cobren un poco más de sentido narrativo y emocional con el espectador.

Si bien, la película tropieza bastante en su construcción de personajes y situaciones, cuenta con una impecable concepción visual y una estética muy expresiva, dado el uso de planos muy cerrados y atención a los detalles espaciales que sumergen de inmediato en ese inhóspito espacio y le dan a los personajes mayores obstáculos que no se les presentan tan fuerte de manera psicológica, sino de una manifestación física y espacial.

Ésta es una película que puede ser disfrutada en forma general pero que, sin duda, carece de ese elemento de trascendencia y reflexión que le da poder a todas las situaciones que, en conjunto, conforman la totalidad de la historia, y en su lugar genera un montón de emociones sin un trasfondo claro y busca simplemente sorprender al espectador a través de mecanismos facilistas y subtramas, como la del afectado por la mina, que no aportan nada a la idea del film, sino que sirven como un relleno o comodín que de alguna manera esconde esa debilidad narrativa y emocional que padece la historia.

domingo, 2 de octubre de 2011

"Póker" A merced de la suerte

Perdido vive el hombre en su cotidianidad. Cada decisión que toma es un dado tirado que definirá su suerte. Cada acontecimiento que condiciona su comportamiento, es la carta que le dirá si arriesgarlo todo o retirarse con poco o nada. Dentro de esta lógica y haciendo referencia directa al juego de azar que es la vida, se mueve “Póker”, una muy buena apuesta del cine nacional que apela por una historia universal encarnada en personajes conflictivos y un tratamiento bastante vertiginoso y de alto ritmo narrativo.

Esta historia se desarrolla dentro de una estructura narrativa fragmentada y aunque se recurra a la fórmula de empezar el relato con el clímax, no genera la expectativa facilista de enganchar al espectador para mantener el suspenso hasta llegar a esta parte, sino que la historia misma cuenta con momentos propios de alta tensión y relevancia narrativa, que el impacto que genera esta primera secuencia se mimetiza con la intensidad emocional con la que cuenta la película. En esta historia no se toma por separado a ninguno de los cuatro personajes principales del argumento como centro de la misma, sino que hace énfasis en cada una de sus vidas para ilustrar los diferentes puntos de vista y lo variable que puede ser el resultado o las consecuencias de jugar con la suerte o el “destino”. El paralelo que se hace entre el espacio que los acoge en la mayoría del argumento (la mesa de póker) y en sí sus experiencias individuales, le da un toque más personal y reflexivo al asunto que está expuesto en la historia y también logra un dinamismo muy bien logrado al momento de contar la historia, pues no es una película tediosa o narrativamente lenta ya que, siguiendo la estética y la tensión que maneja el juego del póker, decide mostrar y presentar la información por partes, desde diferentes ángulos y, como lo permite cualquier juego de azar, ocultar la información y revelarla en el momento justo y decisivo y apelar a la sorpresa con los giros y las reacciones de los personajes. Sin embargo uno de los desaciertos con los que lidia el guión de este film es la llamada “enfermedad retórica”: la tendencia de los personajes a decir, a través de los diálogos, lo que se está mostrando en imágenes; pues si bien en la conducta de un jugador de póker y en lo que demanda este ambiente se tiende a decir lo mismo que se expresa con las meras actitudes, esa característica propia del juego, se esparce a otras situaciones del argumento, lo que debilita un poco la carga narrativa y el impacto mismo de la historia.

Al tener un ritmo narrativo tan acelerado y una estructura fragmentada, la fotografía que enmarca todo esto tiene que seguir la misma estética, lo cual se cumple a cabalidad y se combina con diferentes movimientos de cámara de descripción espacial que al mismo tiempo generan tensión y complementan las actuaciones, e imágenes movidas con cámara al hombro que definen los momentos tensionantes de la historia que cuenta a su vez con una apariencia más bien oscura y contrastada.

La construcción misma de los personajes también expresa ese contraste que muestra la concepción visual, pues se toman a personajes muy opuestos entre sí, con problemas bastante significativos y motivaciones bien establecidas que se acogen a la psicología que se desplega y logra presentársele al espectador durante todo el argumento. Todas estas diferencias ayudan a incrementar más el conflicto que trasciende el ámbito de una simple y cotidiana partida de póker sino que a eso se le suma todo un trasfondo que, como lo ya mencionado, es expuesto de una manera fragmentada que se intercala y complementa con lo que pasa en “tiempo real” que es la partida de póker en la que literalmente se está jugando el todo por el todo.

En conclusión, ésta es una historia netamente universal que reflexiona de manera directa y con una mirada personal de su director y guionista Juan Sebastián Valencia, sobre esa insignificancia que caracteriza al hombre ante la incertidumbre de su destino y lo muestra, de manera magistral y en contraparte con el argumento central del film hasta en los personajes que parecieran menos relevantes de la historia, cómo una simple decisión de entregar o no una billetera o un simple giro del destino podría darle un abrupto golpe a nuestras vidas y que no importa lo que se haga, siempre se estará totalmente indefenso ante ese asesino con vendas en los ojos que es el azar.