Antes de ahondar en lo que propuso esta película, hay que tener en cuenta uno de los principios cardinales de la crítica y la apreciación de cine: no se le puede pedir a una película más de lo que propone ni se puede pretender que ésta diga cosas que en realidad no tiene la intención de decir.
Con esto en mente, entremos al universo de Simon. Un muchacho que cursa el último año del colegio, vive una vida normal, con familia y amigos normales y se aproxima a su adultez con un secreto que lo carcome desde hace varios años: es gay. En esencia parecería una historia ya muchas veces contada y sin nada novedoso que aportar. Y en realidad así lo es. Es un drama nada fuera de lo normal, contado de manera cronológica y con personajes poco complejos en situaciones no muy significativas que rara vez los exponen. Sin embargo, el verdadero valor de esta película, la verdadera razón por la cual ha generado tanto impacto yace en asuntos meramente extra cinematográficos. Es la primera vez que uno de los más grandes e importantes estudios de cine del mundo, 20th Century Fox, se le mide a hacer una película cuyo tema central sea la sexualidad no hegemónica de su protagonista y haya alcanzado una distribución y exhibición en una escala tan masiva. Claro que en el pasado ha habido películas con estas temáticas y en las que la sexualidad de sus protagonistas juega un papel fundamental en el desarrollo de la trama (todo el despliegue mediático que tuvo Brokeback Mountain en su momento da fe de ello), pero éstas se dieron desde el circuito independiente, con una distribución limitada y usaban estas características para tratar otro tipo de temas y resaltar cualidades diferentes a la historia que contaban.
Ahora, volviendo al argumento de Love, Simon, lo que hace que la trama pueda avanzar es la correspondencia secreta que mantiene con otro muchacho gay de su colegio que elige publicar en un blog su misma orientación sexual: este el primer detonante que hace que Simon deje de reprimir y ocultar su sexualidad, para pasar a hacerla una de sus prioridades diarias. A través de estos mails, iremos conociendo muchas de las posturas que tiene la película, por medio de su protagonista, sobre temas relacionados con ser gay en una sociedad heteronormatizada. Probablemente la situación más éticamente compleja que propone la película es la aparición de Martin, el compañero que termina por chantajearlo y eventualmente lo saca del clóset a la fuerza.
Es en realidad una lástima ver cómo una historia que tenía tanto potencial y más en una sociedad como la actual, se vio reducida a un drama adolescente como muchos otros que se privó de proponer situaciones más complejas que despertaran reflexiones en torno al hecho del martirio al que se ven expuestos las personas gays de tener que declaran con toda la parsimonia del asunto su orientación sexual, como si de una enfermedad se tratara.
Aunque no todo es malo en esta película. Sí hay situaciones íntimas y diálogos certeros que hacen que la historia de Simon pueda tocar muchos corazones (la conversación que mantiene con su madre lo prueba) sin importar si se es gay o no.
Pero volviendo al título de este texto y dejando de lado la inocencia o ingenuidad que tiene esta película, la verdadera grandeza de Love, Simon está en el hecho de haber presentado en pantalla gigante y en miles de teatros a nivel mundial una historia que urge ser contada ahora más que nunca. El impacto ha sido tal, que muchos activistas y personalidades LGBT han reservado teatros enteros para que las juventudes que atraviesan por el mismo martirio de Simon puedan verse y puedan entender que lo que sienten y lo que viven no es exclusivo de sus realidades, en otras palabras: que no están solos.
Esta película quizás no sea recordada por un guión memorable, una fotografía evocadora o unas actuaciones magistrales (aunque su protagonista, Nick Robinson, haga un excelente trabajo), y de hecho está claro que esa no es su intención, pero sí lo será por haber magnificado el drama de miles de niños, jóvenes y hasta adultos que siguen conteniendo la respiración y pueda ayudarlos algún día a empezar a ser mucho más ellos mismos y como lo dice la comprensiva y sabia madre de Simon, puedan, finalmente, exhalar.