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lunes, 2 de enero de 2012

“War Horse” Una amistad y una fortaleza irrompibles.

Uno de los elementos que más ha ayudado a desarrollar tramas y a crear historias que se puedan retratar a través de cualquier medio, que ha expuesto de la manera más cruda y honesta la naturaleza humana en todos sus niveles y que ha aportado a la consolidación de numerosos dramas que al mismo tiempo se desprenden de él y enmarcan otro tipo de reflexión sobre el hombre mismo y su formación a través de su contexto político y social, es la guerra. Pero no la guerra contada como una noticia o un suceso coyuntural, no como un capítulo más en una enciclopedia o libros de historia o como el engranaje que ayudó a que el desarrollo social a través de las eras se diera de manera secuencial, sino como un suceso que condiciona la vida y la perspectiva de una persona. Un individuo como cualquier otro que enmarca en sí mismo todos los dramas y conflictos que estos acontecimientos pueden desatar, pero que afectan directamente la naturaleza del ser humano y lo exponen y desnudan ante los ojos de la desprejuiciada cámara que lo percibe desde la mirada más estética y enriquecedora posible.
Valiéndose de una fotografía deslumbrante y de una historia monumental y enternecedora, “War Horse” es otro ejemplo de cómo la guerra ha sido tan enormemente provechosa para el cine que la mira, la critica, la reflexiona y propone nuevas maneras y personajes para hablar de ella, y sobre esto es en lo que se apoya esta historia. Esta vez no es un soldado que lo abandona todo para luchar por su país. No es la camaradería que une a todo un pelotón que se juega la vida contra el enemigo en inhóspitos escenarios, ni es la historia de amor trágica que rompe un lazo sentimental y lo pisotea con tanques, balas y trincheras. La mirada ha cambiado y el enfoque trasciende al de un caballo que, a diferencia de los humanos, no es dueño de ninguna tierra y anda por donde lo lleve su instinto animal, por ende no siente obligación de defender nada ni arriesgar su vida por estas causas absurdas como las guerras; aún así, el protagonista de esta historia, que es sin duda el animal, refleja todos estos dramas y sentimientos que despiertan estos acontecimientos, y más aún cuando esta historia de valentía y supervivencia es atravesada por la amistad. Una amistad fundada sobre la confianza y la lealtad que si bien también se puede dar entre seres de la misma especie, parece ser que cuando éstas no son las mismas el fruto de ella es más sólido y fuerte, y es por esto que este relato eleva ese sentimiento de amistad y lo fortalece, y sigue el viaje de incertidumbre repleto de altibajos de este cuadrúpedo.
También muestra una faceta de ser vivo que se asemeja o podría decirse es igual a la del humano. No presenta a Joey, el caballo protagonista, como un autómata que reacciona a órdenes o como una insensible bestia que está sólo para las labores físicas, sino que es expuesto como un ser viviente, una criatura que sufre, teme y reconoce la amistad y la confianza. Su carrera por sobrevivir que es en gran medida predestinada por las andanzas y las decisiones del hombre, es lo que se despliega a lo largo de este argumento narrado con excepcional maestría en las manos de Steven Spielberg que utiliza, como ya mencionado, una espectacular concepción visual que presenta las grandes praderas y campos de la Inglaterra rural donde se yergue la criatura y se contrasta con la crudeza y frialdad de los campos de batalla empapados de lodo, explosiones y circundados por intimidantes barreras de púas y trincheras sofocantes; todo esto para poner a prueba la fortaleza y valentía que se encarnan en este animal que por su condición misma, siempre estará bajo la mano del hombre que en una secuencia llena de emoción y una puesta en escena efectiva, se decide su destino en las vueltas de una moneda en caída.
Spielberg es sin duda uno de los grandes narradores que han pasado por el escenario cinematográfico mundial. La imagen como alma y esencia del cine, es llevada a su máxima expresión con esta película y por supuesto, la anatómica belleza con la que carga el caballo (quien fuera el animal que ayudó a consolidar los primeros inicios del cine con el experimento de Standford) hace de esta narración algo bastante épico. Las esbeltas pero al mismo tiempo poderosas piernas del caballo arando un campo de cultivo y arrastrando un pesado cañón, o galopando mientras arrastras consigo cientos de púas incrustadas en su cuerpo, exhiben la perseverancia de una gran criatura cuyo vínculo con el humano transciende las barreras y todo tipo de obstáculos y es tan bello y conmovedor como esta deslumbrante y visual épica historia.

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