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lunes, 13 de agosto de 2012

“Sofía y el Terco” Fábulas optimistas.


Siendo un arte netamente humanista y al igual que los individuos que hacen parte de la humanidad y forman su más grande inspiración y preocupación, el cine también se expresa condicionado por ciertas personalidades: está el cine extrovertido y alegre que siempre quiere hacer reír no importa qué tenga que hacer para conseguirlo; hay otro que filosofa todo el tiempo con diálogos inteligentes y profundos y que no teme decir nada, ya sea de manera explícita o adornando de manera estética ese mensaje o reflexión que quiere dar a conocer; y entre muchas otras, está esa personalidad tímida, sencilla y clara que se camufla a través de personajes comunes y situaciones naturales pero que dan a entender justo ese sentimiento que por ser tan común, se subestima o ni siquiera se le tiene en cuenta. Eso es precisamente lo que pasa en Sofía y el Terco, una película que susurra todo lo que tiene que decir y lo hace de una manera tan poética y sencilla que además de llegarle con claridad a un gran público, pareciera como si fuese algo nuevo, pero lo real es que su historia no refleja algo novedoso, más bien es la forma en la que está encajado ese mensaje lo que hace de esta película tan trascendental.

Se tiene en esta historia una muy buena construcción argumental en la que el personaje protagonista cuenta con una motivación muy marcada, trasfondos bien establecidos y expuestos y un contexto que da a conocer no sólo su interioridad sino también la de todos los demás personajes a su alrededor que impulsan y soportan en todo el relato el viaje y la transformación de esta mujer. Los acontecimientos están establecidos de tal manera que la historia pueda adquirir elementos de diferentes estéticas de narración cinematográfica, lo cual hace de esta película algo novedoso: está el humor siempre atravesando la mayoría de las situaciones, el naturalismo en las interpretaciones y los escenarios en donde acontecen los hechos y el más importante e indispensable de este relato, que es su facultad de road movie, género que se caracteriza por la predominancia de una viaje, tanto de manera literal que le da esta connotación al género, como de manera metafórica en donde el o los personajes son los que llevan a cabo un viaje interior para sufrir un cambio progresivo. En esta historia se tiene esa misma intención pero lo que la hace diferente es que a diferencia de otras road movies en donde el protagonista va hacia el horizonte sin mirar atrás, en ésta el origen sigue siendo relevante y sumamente importante para la unidad del filme; con esta característica se trata de sobresaltar y un tanto reivindicar el papel de la mujer en el hogar, tan menospreciado a veces y cómo su ausencia puede envolver algo más grande que sólo la falta una compañía.

Si bien en esta película se está contando una historia con personajes y escenarios muy naturales y cotidianos, el tono que adquiere no lo es tanto. Con un tinte fabulesco que se evidencia principalmente en Sofía, el personaje protagónico en la que su conducta no es la de una persona corriente y también con las secuencias oníricas que dan a entender muchos de sus sentimientos y aspiraciones, esta historia refuerza aún más su idea de la perseverancia y el asunto de la toma de decisiones autónomas que de alguna manera vayan en contravía de un imaginario colectivo.

La puesta en escena y la dirección de arte dan cuenta de un meticuloso trabajo en el que se pensaba cada espacio y cada decorado como un personaje más que complementara esa realidad interna de Sofía. Otro de los aspectos de suma relevancia e importancia de este filme es su banda sonora, pues es a través de ésta que Sofía se comunica con el espectador y expone sus verdaderos sentimientos; en momentos cruciales del argumento y en los marcados puntos de giro que guían el relato, resuenan estas piezas que pintan el paisaje psicológico de Sofía y acompañan las silenciosas expresiones en cada una de sus acciones hasta estar articulado completamente como una voz única y completamente identificable.

Es pues ésta una historia de perseverancia y valentía que envuelve en algunos detalles ese espíritu hippie de libertad y desafío al sistema que se oculta tras la historia, no sólo con personajes como el marihuanero y todos los otros que demandaba la utilización de este género en la película, sino también la construcción de Sofía, su fiel confidente y la niña pintora que encierran ese aura de rebelión sutil pero muy efectiva. Un cierre contundente y más que anhelado le pone el punto a este relato beneficioso para el cine colombiano en donde la variación y muy buena apelación al cine de género le hizo una muy buena jugada a la historia y además enalteció esa idea de las raíces y el asunto con el origen pues esta es una historia sin ningún tipo de nacionalidades que representa fielmente ese conflicto permanente entre aquel infante que no piensa y sólo sigue sus instintos y las cadenas de terquedad que lo mantienen inhibido.

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