Siendo
un arte netamente humanista y al igual que los individuos que hacen parte de la
humanidad y forman su más grande inspiración y preocupación, el cine también se
expresa condicionado por ciertas personalidades: está el cine extrovertido y
alegre que siempre quiere hacer reír no importa qué tenga que hacer para
conseguirlo; hay otro que filosofa todo el tiempo con diálogos inteligentes y
profundos y que no teme decir nada, ya sea de manera explícita o adornando de
manera estética ese mensaje o reflexión que quiere dar a conocer; y entre
muchas otras, está esa personalidad tímida, sencilla y clara que se camufla a
través de personajes comunes y situaciones naturales pero que dan a entender
justo ese sentimiento que por ser tan común, se subestima o ni siquiera se le
tiene en cuenta. Eso es precisamente lo que pasa en Sofía y el Terco, una
película que susurra todo lo que tiene que decir y lo hace de una manera tan
poética y sencilla que además de llegarle con claridad a un gran público,
pareciera como si fuese algo nuevo, pero lo real es que su historia no refleja
algo novedoso, más bien es la forma en la que está encajado ese mensaje lo que
hace de esta película tan trascendental.
Se
tiene en esta historia una muy buena construcción argumental en la que el
personaje protagonista cuenta con una motivación muy marcada, trasfondos bien
establecidos y expuestos y un contexto que da a conocer no sólo su interioridad
sino también la de todos los demás personajes a su alrededor que impulsan y
soportan en todo el relato el viaje y la transformación de esta mujer. Los
acontecimientos están establecidos de tal manera que la historia pueda adquirir
elementos de diferentes estéticas de narración cinematográfica, lo cual hace de
esta película algo novedoso: está el humor siempre atravesando la mayoría de
las situaciones, el naturalismo en las interpretaciones y los escenarios en
donde acontecen los hechos y el más importante e indispensable de este relato,
que es su facultad de road movie, género que se caracteriza por la
predominancia de una viaje, tanto de manera literal que le da esta connotación
al género, como de manera metafórica en donde el o los personajes son los que llevan
a cabo un viaje interior para sufrir un cambio progresivo. En esta historia se
tiene esa misma intención pero lo que la hace diferente es que a diferencia de
otras road movies en donde el protagonista va hacia el horizonte sin mirar
atrás, en ésta el origen sigue siendo relevante y sumamente importante para la
unidad del filme; con esta característica se trata de sobresaltar y un tanto
reivindicar el papel de la mujer en el hogar, tan menospreciado a veces y cómo
su ausencia puede envolver algo más grande que sólo la falta una compañía.
Si bien
en esta película se está contando una historia con personajes y escenarios muy
naturales y cotidianos, el tono que adquiere no lo es tanto. Con un tinte
fabulesco que se evidencia principalmente en Sofía, el personaje protagónico en
la que su conducta no es la de una persona corriente y también con las
secuencias oníricas que dan a entender muchos de sus sentimientos y aspiraciones,
esta historia refuerza aún más su idea de la perseverancia y el asunto de la
toma de decisiones autónomas que de alguna manera vayan en contravía de un
imaginario colectivo.
La puesta
en escena y la dirección de arte dan cuenta de un meticuloso trabajo en el que
se pensaba cada espacio y cada decorado como un personaje más que complementara
esa realidad interna de Sofía. Otro de los aspectos de suma relevancia e
importancia de este filme es su banda sonora, pues es a través de ésta que Sofía
se comunica con el espectador y expone sus verdaderos sentimientos; en momentos
cruciales del argumento y en los marcados puntos de giro que guían el relato,
resuenan estas piezas que pintan el paisaje psicológico de Sofía y acompañan las
silenciosas expresiones en cada una de sus acciones hasta estar articulado
completamente como una voz única y completamente identificable.
Es pues
ésta una historia de perseverancia y valentía que envuelve en algunos detalles
ese espíritu hippie de libertad y desafío al sistema que se oculta tras la
historia, no sólo con personajes como el marihuanero y todos los otros que
demandaba la utilización de este género en la película, sino también la
construcción de Sofía, su fiel confidente y la niña pintora que encierran ese
aura de rebelión sutil pero muy efectiva. Un cierre contundente y más que
anhelado le pone el punto a este relato beneficioso para el cine colombiano en
donde la variación y muy buena apelación al cine de género le hizo una muy
buena jugada a la historia y además enalteció esa idea de las raíces y el
asunto con el origen pues esta es una historia sin ningún tipo de
nacionalidades que representa fielmente ese conflicto permanente entre aquel
infante que no piensa y sólo sigue sus instintos y las cadenas de terquedad que
lo mantienen inhibido.
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