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sábado, 19 de febrero de 2011

“The King’s Speech” El poder de la palabra

El lenguaje lo construye y lo destruye todo, incluso a nosotros mismos. La influencia de una persona sobre toda una nación. El poder que ejerce un monarca y la confianza que debe impregnar éste en sus palabras. Aun así, hasta el más ancestral monarca no deja de ser un ser humano y como tema recurrente en diferentes obras cinematográficas no se puede salir adelante solo y mucho menos con una discapacidad o debilidad, como se quiera ver. Esto lo dejó más que claro la abrumadora y conmovedora historia de George VI en “The King’s Speech”

Una fotografía monumental, tal como su personaje principal, pero sin dejar de lado el común de la vida de un habitante corriente del Imperio británico, es donde acontece la inspiradora relación de George VI con su terapeuta vocal, Lionel Louge. Con decorados que le dan una total verosimilitud a todo el universo de la realeza inglesa, se muestra la humanidad que acompaña a cualquier miembro de la nobleza contemporánea y la fragilidad que implica estar siempre en el ojo público en la que todo el mundo espera el mejor ejemplo del líder de una nación.

Una historia muy bien construida en la que se exponen de manera muy clara y acogedora los altos y bajos de la relación entre el Rey y su “doctor”. Algo que después se convertirá en una amistad. Está claro que el protagonismo de la historia se reparte entre estos dos personajes en donde cada uno lidia con sus propios problemas, lo que le da al espectador una mejor perspectiva en la vida de estos dos hombres.

La figura del micrófono, como un arma capaz de destruir al mundo como lo demostró Hitler, sale a relucir desde el primer plano de la película. Una manera de mostrar la sumisión que tiene el Rey con su discapacidad y la enemistad que llega a desarrollar ante cualquier audiencia pública. Volviendo a la amistad que se desarrolla a través de la historia, Lionel Louge deja de lado cualquier protocolo impuesto y exige igualdad con su paciente, uno de los elementos más sobresalientes de esta historia, el demostrar que la monarquía no está llena de semidioses omnipotentes sino de seres humanos no diferentes de cualquier otra persona.

La valentía absoluta de Bertie, como lo llaman, para tomar las riendas de su país y la desmedida confianza que manifiesta hacia Louge son valores que sin duda alguna llenan este historia de un sentido humano que nos hace pensar sobre cualquier dificultad que se nos presenta y la inacabable idea de el valor de una mano ayuda.

Con actuaciones memorables de Colin Firth al encarnar la tartamudez sin ningún exceso ni ridiculez al punto en el que el espectador siente casi que los mismos nervios del Rey segundos antes de dar su discurso. Sencillamente una manera magistral de mostrar lo vulnerable del ser humano y el valor que se necesita para superar hasta el más comprometedor defecto sin dejar de ser uno mismo.

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