En el momento de presentar una historia en la que la línea narrativa está totalmente ligada a un sólo personaje y es narrada en primera persona, se suele recurrir a la muy conocida y efectiva voz en off; pero esta película deja más que claro que no es necesario hacer uso de este recurso cuando se tienen miles de posibilidades tanto narrativas como visuales para hacer que el espectador se meta dentro de la piel del personaje y viva al 100% todo lo que éste vive. “Black Swan” lo expone de manera magistral en esta conmovedora e increíblemente intensa historia.
Una historia de límites, de extremos, dedicación y obsesión con un sueño, es la que nos presenta Darren Aronofsky haciendo un espectacular uso de todos los recursos técnicos y artísticos para narrar una historia que, si bien, no es muy innovadora en su estructura narrativa, su fuerza recae en las imágenes y las acciones del personaje principal que conducen el relato a través de situaciones que la conllevan a una paradójica transformación, tanto física como psicológica y que, como lo mencionado anteriormente, atrapa de manera magistral al meter al espectador de lleno dentro de la mente de Nina, el personaje principal; que hay momentos en los que la realidad y la irrealidad no tienen diferenciación. Retomando la línea narrativa de esta historia, en donde se evidencia una exquisita construcción de todos los acontecimientos, pues contiene marcados puntos de giro, un objetivo bien planteado y un desenlace lleno de dramatismo y que satisface todas las expectativas que se plantean desde los primeros momentos.
Una historia eminentemente visual, con un lado oscuro estrictamente contrastado con la “pureza” de la protagonista de la historia y conflictos internos que enriquecen aun más el relato, pues la historia sería una más del montón sin este particular detalle de la transformación psicológica que deviene e influye fuertemente en sus conflictos externos en los que pareciera que todos son antagonistas cuando, en realidad, son dos opuestos encarnados en una sola mujer.
Una historia eminentemente cargada de simbolismos e interpretaciones; todas ligadas a alimentar la personalidad y el desarrollo del personaje y cómo esto guía el relato a un clímax bastante intenso y cargado de suspenso. Entre los símbolos más recurrentes se encuentra el espejo: aquella ventana a una dimensión paralela en la que se es literalmente opuesto, juega un papel definitorio en “Nina”, una mirada muy paradójica de la realidad, ese ojo que es el que juzga con más fuerza y al que parece que nunca se escucha, esa copia que parece idéntica pero que en realidad no es ni remotamente parecida a la original. Estas ventanas a dimensiones paralelas son las más representativas muestras de uno de los temas más recurrentes de la historia: el deseo de cambiar y transformarse en un opuesto, sustentado totalmente en la imagen y la superficialidad de satisfacer a un público en el despiadado mundo de la danza. Algo que apasiona totalmente a su protagonista. Como mencionado anteriormente, una historia que lleva todo al extremo y procura que todo gire en torno a la transformación de la protagonista, y uno de estos elementos es la misma calidad fotográfica de la imagen en la que la sensibilidad de la película es puesta a niveles altísimos que reflejan el gránulo de la superficie de la misma ¿tendrá algún significado? Puede que sí o puede que no, sin embargo y teniendo en cuenta que todo está destinado a soportar al personaje principal, encajaría efectivamente en una metáfora a la sensibilidad y la fragilidad de Nina.
Volviendo a los extremos de la película, en algunas ocasiones corre el riesgo de pasar a lo ridículo y lo cliché, con secuencias como en la que Nina se desase de su, ya muy muerta, inocencia, utilizando los peluches. Un sentimiento que, a mi parecer, se pudo haber mostrado de una manera más sutil sin tocar el límite del ridículo; algo que pasa con muchas de las acciones que se ven pero que, si se analiza correctamente, el espectador está totalmente sumergido dentro de la mente de Nina y pues ¿Qué más ridículo que los propios pensamientos y alucinaciones provocadas por una presión por ser perfecto?
Sin duda, una total sobredosis de emociones en la que todo gira en torno a un mismo eje y en la que priman los conflictos internos y las debilidades emocionales como obstáculo e impulso al mismo tiempo para alcanzar un objetivo que parece alejarse y acercarse conforme avanza la historia.
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