El
sentimiento de culpa es uno de los más fuertes e impactantes que puede sufrir
un ser humano a lo largo de todas las experiencias que tenga en su vida. Tanta es
la fuerza de este sentimiento que no se necesita un ente externo del sujeto,
como en el amor, para que surta un efecto devastador hasta el punto de
llevarnos a la locura o peor aún, a una autodestrucción, ya sea física o
psicológica; sin embargo, la vida sigue y a veces esa culpa que pareciera que
quedará impregnada cual tatuaje en la piel, se desvanece con el tiempo o
cicatriza como una herida de guerra.
Esta
reflexión es la que hace Guiseppe Capotondi en una película que combina un
montaje bastante vertiginoso y “elíptico”, en lo referente al ritmo y a la
manera en que transita de un espacio o situación a otra; unas actuaciones
bastante intensas e impactantes en las que la tensión se vive tanto interna,
como lo condiciona una gran parte de la película, y externa, cuando los
demonios que se carcomen por dentro a la protagonista emergen de sí; y por
último, una fotografía que juega bastante con los claroscuros en los espacios
cerrados y de mayor tensión dramática, encuadres sobrios y bien logrados y en
general una relación entre personaje y espacio (junto con la puesta en escena)
que deja ver el incremento de ese drama culposo/amoroso que vive la
protagonista.
Uno
de los grandes logros de esta película es su estructura narrativa, pues si bien
es lineal, con puntos de giro bastante bien establecidos y objetivos bien
marcados, la manera de presentar la información es lo que la engrandece, pues
su historia se mueve entre dos realidades (como lo denota el título): un mundo
onírico del cual el espectador es un total testigo de lo que vive la
protagonista, y la realidad en sí en el que todos esos acontecimientos que
nunca salieron de su inconsciente toman vida y se materializan completamente.
Es aquí donde la historia empieza a cobrar mucho más sentido, ya que, al
acogerse a un tratamiento tanto visual como narrativo que está inscrito dentro
del género del thriller, muchas de las situaciones parecieran ser bastante
predecibles y lo que parece el final, terminaría siendo algo molesto y cliché,
pero he ahí la cualidad de esta película: ese giro inesperado y muy bien oculto
a los ojos del espectador que mantiene la lógica del género y le da un giro de
casi 180 grados a la historia en donde se refuerza aún más ese duelo interno
que sufre Sonia, la protagonista, con el hecho de haber traicionado la confianza
de su pareja, un elemento que intensifica la idea que se plasma en la película,
pues al cruzarse con una relación amorosa, ya no se trata sólo del auto-perdón
o la tranquilidad en la consciencia, sino que también se le suma el papel que
juega esa otra persona dentro de este proceso de debate interior.
Ese
dilema interno y ese auto-castigo que se afronta al saber que lo que se hace
está mal, es sobre lo que se hace más énfasis en este relato y lo hace de una
manera muy directa, pues utiliza los mismo recursos narrativos de los que está
construida la historia para transportar al espectador dentro de esa consciencia
literal de Sonia y allí desarrollar una especie de metalepsis en donde el
relato que se desarrolla en este fragmento del argumento general de la película,
podría tomarse y analizarse fácilmente en independencia con el resto del
argumento, pero al enlazarse (a través del punto de giro bastante fuerte que
provee la historia) con el resto del desarrollo de la misma, es cuando se
comprende aún más esa turbulencia emocional, pues se ha vivido hasta al punto
de pensar que se estaban tocando los límites del terror, que vive la protagonista.
El desenlace
de esta historia es uno bastante realista y acorde con la naturaleza humana que
nos acoge en todo lo que hacemos. A veces ese duelo con la culpa se supera
hasta al punto en el que se borran esos recuerdos y se es una persona
diferente, algo que el film expone de manera magistral y efectiva en dónde
pareciera que nuestra protagonista termina envolviéndose en una faceta
antagónica por las decisiones que toma, todo, como lo ya dicho, presentado con
una muy buena propuesta de un thriller de suspenso que llega a mezclarse con
algo de terror, pero que no prioriza ese atractivo comercial del que viene
acompañado, sino que lo utiliza para complementar una idea que no es ajena a
nadie y que sirve de espejo de crítica a la manera como actuamos y simplemente
seguimos pensando como diría Celia Cruz: “Pues la vida es un carnaval y las
penas se van cantando”, y así de simple nos olvidamos del pasado, pasamos y
cubrimos de polvo esas heridas que propiciamos al exterior y sólo seguimos sin
mirar atrás.
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