Tratando de entender el mundo en imágenes móviles.

domingo, 2 de octubre de 2011

"Póker" A merced de la suerte

Perdido vive el hombre en su cotidianidad. Cada decisión que toma es un dado tirado que definirá su suerte. Cada acontecimiento que condiciona su comportamiento, es la carta que le dirá si arriesgarlo todo o retirarse con poco o nada. Dentro de esta lógica y haciendo referencia directa al juego de azar que es la vida, se mueve “Póker”, una muy buena apuesta del cine nacional que apela por una historia universal encarnada en personajes conflictivos y un tratamiento bastante vertiginoso y de alto ritmo narrativo.

Esta historia se desarrolla dentro de una estructura narrativa fragmentada y aunque se recurra a la fórmula de empezar el relato con el clímax, no genera la expectativa facilista de enganchar al espectador para mantener el suspenso hasta llegar a esta parte, sino que la historia misma cuenta con momentos propios de alta tensión y relevancia narrativa, que el impacto que genera esta primera secuencia se mimetiza con la intensidad emocional con la que cuenta la película. En esta historia no se toma por separado a ninguno de los cuatro personajes principales del argumento como centro de la misma, sino que hace énfasis en cada una de sus vidas para ilustrar los diferentes puntos de vista y lo variable que puede ser el resultado o las consecuencias de jugar con la suerte o el “destino”. El paralelo que se hace entre el espacio que los acoge en la mayoría del argumento (la mesa de póker) y en sí sus experiencias individuales, le da un toque más personal y reflexivo al asunto que está expuesto en la historia y también logra un dinamismo muy bien logrado al momento de contar la historia, pues no es una película tediosa o narrativamente lenta ya que, siguiendo la estética y la tensión que maneja el juego del póker, decide mostrar y presentar la información por partes, desde diferentes ángulos y, como lo permite cualquier juego de azar, ocultar la información y revelarla en el momento justo y decisivo y apelar a la sorpresa con los giros y las reacciones de los personajes. Sin embargo uno de los desaciertos con los que lidia el guión de este film es la llamada “enfermedad retórica”: la tendencia de los personajes a decir, a través de los diálogos, lo que se está mostrando en imágenes; pues si bien en la conducta de un jugador de póker y en lo que demanda este ambiente se tiende a decir lo mismo que se expresa con las meras actitudes, esa característica propia del juego, se esparce a otras situaciones del argumento, lo que debilita un poco la carga narrativa y el impacto mismo de la historia.

Al tener un ritmo narrativo tan acelerado y una estructura fragmentada, la fotografía que enmarca todo esto tiene que seguir la misma estética, lo cual se cumple a cabalidad y se combina con diferentes movimientos de cámara de descripción espacial que al mismo tiempo generan tensión y complementan las actuaciones, e imágenes movidas con cámara al hombro que definen los momentos tensionantes de la historia que cuenta a su vez con una apariencia más bien oscura y contrastada.

La construcción misma de los personajes también expresa ese contraste que muestra la concepción visual, pues se toman a personajes muy opuestos entre sí, con problemas bastante significativos y motivaciones bien establecidas que se acogen a la psicología que se desplega y logra presentársele al espectador durante todo el argumento. Todas estas diferencias ayudan a incrementar más el conflicto que trasciende el ámbito de una simple y cotidiana partida de póker sino que a eso se le suma todo un trasfondo que, como lo ya mencionado, es expuesto de una manera fragmentada que se intercala y complementa con lo que pasa en “tiempo real” que es la partida de póker en la que literalmente se está jugando el todo por el todo.

En conclusión, ésta es una historia netamente universal que reflexiona de manera directa y con una mirada personal de su director y guionista Juan Sebastián Valencia, sobre esa insignificancia que caracteriza al hombre ante la incertidumbre de su destino y lo muestra, de manera magistral y en contraparte con el argumento central del film hasta en los personajes que parecieran menos relevantes de la historia, cómo una simple decisión de entregar o no una billetera o un simple giro del destino podría darle un abrupto golpe a nuestras vidas y que no importa lo que se haga, siempre se estará totalmente indefenso ante ese asesino con vendas en los ojos que es el azar.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario