El
escenario de la ciudad es uno complejo, misterioso, peligroso, despiadado e
impredecible. Tremendamente cinematográfico y cargado de contrastes, frialdad,
pero al mismo tiempo recogimiento y cercanía para los habitantes que la poseen
y la habitan en todos sus niveles. Esas características mutan del escenario al
personaje que lo habita. En “Drive”, un hombre misterioso e impredecible como
la ciudad misma en la que se mueve, al que ni siquiera se le conoce el nombre,
es el conductor en el amplio sentido de la palabra, de esta historia de
venganza y autoexploración; enmarcada en una estética impecable que refleja al
mismo tiempo la personalidad de su protagonista: silenciosa, observadora, pero
cargada de emociones que espera hasta el momento oportuno para descargar y
contraponer con otros niveles de sí misma a través de una puesta en escena
guiada con ojo maestro por su director.
Los
altibajos del personaje protagonista de esta historia lineal de venganza y
misterio, son los que le dan esa fuerza y ese impacto al argumento. El enigma
que produce el sólo ver cómo camina y actúa a través de las diferentes facetas
de su vida, nos hace ver al que sólo se conoce como “Driver”, como alguien
misterioso y en definitiva la sólida y convincente actuación de Ryan Gosling la
revisten de una verosimilitud innegable.
Las historias
no se pueden valer por sí mismas para generar un impacto y proporcionar una
idea clara y directa en el espectador. Ya que el cine es un reflejo de la
realidad y por tanto tiene la obligación de mantener ese aspecto y cuidarlo en
todas sus expresiones, son los personajes que se enmarcan en la historia los
que le dan forma a esa idea que se quiere plantear. Ese mensaje que le debe
llegar a cada espectador a través del ser que decide, se mueve y reacciona en
esos fragmentos de la vida que es el argumento de una película. En este caso en
particular, el protagonista es alguien cargado de contrastes y misterios, sus
emociones siempre están al límite y la relación directa entre él y los acontecimientos
extraordinarios que lo acompañan en su diario vivir se juntan de manera
ejemplar para desnudar completamente todas esas facetas de la condición humana
que sólo se revelan cuando alguien relativamente normal y común se enfrenta a
situaciones poco comunes y se ve obligado a afrontarlas y a superar obstáculos
y conflictos que al mismo tiempo, reflejan sus pensamientos y su moral.
Y es
precisamente ése uno de los elementos que mejor expone esta película, la ética
de su protagonista. Envuelto en su misterio e introspección, se va desarrollando
a lo largo de todo el argumento, luego de una sólida presentación, todo lo que
este hombre tiene para mostrar; una empatía con los niños, faceta de buen
vecino, claro y directo cuando emprende el “trabajo sucio”, despiadado en los
momentos de supervivencia, sensible y amistoso con la que llega a ser la mejor compañía
de su vida. Todos estos contrastes hacen de este personaje alguien que en
definitiva no tiene una senda fija durante toda la historia, sino que explora
varios caminos y diversidad de calles, como la ciudad misma. La eficacia y
sutileza con que su director desarrolla a este personaje y la ubicación
efectiva que da la estructura narrativa a todos los acontecimientos que
condicionan su conducta demuestra en gran medida la superioridad de esta obra.
El simbolismo excepcional que conlleva una secuencia en la que colisionan dos
sentimientos opuestos en el interior de un mismo hombre mientras está dentro de
los confines de un ascensor, da razones para afirmar lo paradójica e ideológicamente
rica que es esta historia.
Claro
está que esta película es una que opta en gran medida por la introspección y la
identificación con su protagonista en todo momento. Un objetivo bien planteado
y claro y un contexto bien establecido, son los elementos que le dan una gran
solidez a esta historia. Una experiencia que ilustra de manera magistral y
efectiva la pasión y lealtad hacia sí mismo. Una maleta repleta de billetes en
el suelo al lado de un cadáver, es esa prueba irrefutable de cómo la bondad (en
términos morales estandarizados) se puede camuflar dentro de diferentes pieles.
La secuencialidad y coherencia de todos los eventos que se masifican con una
estética lúgubre y contrastada (un reflejo más de su personaje) y colores muy saturados, reflejo de sus
emociones y reacciones; todos elementos que hacen de esta obra una mirada
interior de la conducta humana, una oda a la identidad y a la lealtad y casi
que una mirada al depredador en jefe de la selva de cemento.
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