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sábado, 17 de marzo de 2012

“Drive” El depredador citadino.


El escenario de la ciudad es uno complejo, misterioso, peligroso, despiadado e impredecible. Tremendamente cinematográfico y cargado de contrastes, frialdad, pero al mismo tiempo recogimiento y cercanía para los habitantes que la poseen y la habitan en todos sus niveles. Esas características mutan del escenario al personaje que lo habita. En “Drive”, un hombre misterioso e impredecible como la ciudad misma en la que se mueve, al que ni siquiera se le conoce el nombre, es el conductor en el amplio sentido de la palabra, de esta historia de venganza y autoexploración; enmarcada en una estética impecable que refleja al mismo tiempo la personalidad de su protagonista: silenciosa, observadora, pero cargada de emociones que espera hasta el momento oportuno para descargar y contraponer con otros niveles de sí misma a través de una puesta en escena guiada con ojo maestro por su director.

Los altibajos del personaje protagonista de esta historia lineal de venganza y misterio, son los que le dan esa fuerza y ese impacto al argumento. El enigma que produce el sólo ver cómo camina y actúa a través de las diferentes facetas de su vida, nos hace ver al que sólo se conoce como “Driver”, como alguien misterioso y en definitiva la sólida y convincente actuación de Ryan Gosling la revisten de una verosimilitud innegable.

Las historias no se pueden valer por sí mismas para generar un impacto y proporcionar una idea clara y directa en el espectador. Ya que el cine es un reflejo de la realidad y por tanto tiene la obligación de mantener ese aspecto y cuidarlo en todas sus expresiones, son los personajes que se enmarcan en la historia los que le dan forma a esa idea que se quiere plantear. Ese mensaje que le debe llegar a cada espectador a través del ser que decide, se mueve y reacciona en esos fragmentos de la vida que es el argumento de una película. En este caso en particular, el protagonista es alguien cargado de contrastes y misterios, sus emociones siempre están al límite y la relación directa entre él y los acontecimientos extraordinarios que lo acompañan en su diario vivir se juntan de manera ejemplar para desnudar completamente todas esas facetas de la condición humana que sólo se revelan cuando alguien relativamente normal y común se enfrenta a situaciones poco comunes y se ve obligado a afrontarlas y a superar obstáculos y conflictos que al mismo tiempo, reflejan sus pensamientos y su moral.

Y es precisamente ése uno de los elementos que mejor expone esta película, la ética de su protagonista. Envuelto en su misterio e introspección, se va desarrollando a lo largo de todo el argumento, luego de una sólida presentación, todo lo que este hombre tiene para mostrar; una empatía con los niños, faceta de buen vecino, claro y directo cuando emprende el “trabajo sucio”, despiadado en los momentos de supervivencia, sensible y amistoso con la que llega a ser la mejor compañía de su vida. Todos estos contrastes hacen de este personaje alguien que en definitiva no tiene una senda fija durante toda la historia, sino que explora varios caminos y diversidad de calles, como la ciudad misma. La eficacia y sutileza con que su director desarrolla a este personaje y la ubicación efectiva que da la estructura narrativa a todos los acontecimientos que condicionan su conducta demuestra en gran medida la superioridad de esta obra. El simbolismo excepcional que conlleva una secuencia en la que colisionan dos sentimientos opuestos en el interior de un mismo hombre mientras está dentro de los confines de un ascensor, da razones para afirmar lo paradójica e ideológicamente rica que es esta historia.

Claro está que esta película es una que opta en gran medida por la introspección y la identificación con su protagonista en todo momento. Un objetivo bien planteado y claro y un contexto bien establecido, son los elementos que le dan una gran solidez a esta historia. Una experiencia que ilustra de manera magistral y efectiva la pasión y lealtad hacia sí mismo. Una maleta repleta de billetes en el suelo al lado de un cadáver, es esa prueba irrefutable de cómo la bondad (en términos morales estandarizados) se puede camuflar dentro de diferentes pieles. La secuencialidad y coherencia de todos los eventos que se masifican con una estética lúgubre y contrastada (un reflejo más de su personaje)  y colores muy saturados, reflejo de sus emociones y reacciones; todos elementos que hacen de esta obra una mirada interior de la conducta humana, una oda a la identidad y a la lealtad y casi que una mirada al depredador en jefe de la selva de cemento.


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