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sábado, 9 de abril de 2011

“Another Year” El miedo a la monótona soledad.

El ser humano siempre ha estado y seguirá estando ligado a la naturaleza. Esos cambios y evoluciones constantes que se manifiestan visualmente en las facetas superficiales que revisten todo el trasfondo psicológico de una persona. Al igual que lo hace la naturaleza con sus facetas netamente identificadas en cada una de las estaciones del año y que el hombre se vale de ellas para que, a través del arte, pueda asociarlas con sus propias emociones y sentimientos. Tomando como base esta analogía, es como “Another Year” representa el miedo a una soledad y una incertidumbre enmarcados dentro de un contexto muy cercano a cualquier espectador, una familia común, con personas comunes y situaciones comunes, y que sin embargo, encaran reacciones que elevan a un punto muy sublime las tensiones que generan estos miedos y la inseguridad que nace de ellos.

Esta historia de personajes cotidianos con situaciones no muy fuera de lo común parecería, a primera vista, algo muy simple o incluso aburrido; pero es, sin duda, el tratamiento visual y la estructura narrativa de la misma, lo que la hacen una historia universal muy bien presentada. Una manera netamente innovadora de presentar a los protagonistas de la historia. Todo se da a través de enlaces en los que se recurre a otro personaje, como ocurre al inicio de la historia, para encajar de muy buena manera con el personaje central del argumento; sin duda un recurso innovador y muy bien utilizado, que expone muy naturalmente muchos aspectos del personaje y mantiene la atención en el tema central de la historia. Esta constante se mantiene durante todo el relato, que viene acompañado de extensos diálogos y conversaciones que a su vez, presentan muchos aspectos de los personajes y al mismo tiempo, conllevan a una innumerable cantidad de conflictos entre sí que transforma a los mismos desde un esplendor hasta una decadencia total, como lo muestran las estaciones del año y se ve enmarcado, principalmente en Mary y su relación con la familia protagonista.

Se mantiene una puesta en escena netamente sobria y sencilla en la que se busca un interés por las conversaciones y la revelación de información a través de las mismas. Se destaca brillantemente el largo plano de la última secuencia en el comedor para terminar en un primer plano cerrado del rostro de Mary, luego de recorrer toda una natural y ordinaría cena familiar. Un verdadero logro del director Mike Leigh que se multiplica en muchas de las situaciones que componen este relato.

Enmarcado dentro de un contexto muy íntimo y cotidiano, se muestra un tema tan universal como lo es el hecho de una amistad, pero no cualquier amistad. Es esa amistad que llega a convertirse en la viga que sostiene una insegura y conflictiva vida. Esa persona que se convierte en un confidente y llega a ser incluso familia. Pero como en todas las familias, los conflictos definitorios de esas relaciones se manifiestan en todo su furor, y sólo es posible cuando se tienen todos esos elementos que ayudan a soportar esos contrastes y le dan verosimilitud a los mismos, lo cual se muestra de una manera magistral en unos personajes muy bien construidos, con trasfondos claros que se presentan sutil y naturalmente a medida que avanza la historia; interpretaciones que ciertamente llenan de credibilidad todos los conflictos tanto internos como externos de los personajes; y una estructura que lo presenta todo de una manera descendente teniendo como base esa longeva relación entre la pareja de Tom y Gerri y toda su familia y Mary acompañada de su relativamente trágica existencia.

Sin duda una muestra dramática y netamente emotiva de la soledad que acoge a cualquier ser humano y que a veces se teme aceptar y no siempre se tiene a alguien tan cercano con quien compartirla o llenar ese vacío.

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