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viernes, 10 de junio de 2011

“Blue Valentine” Un desamor predestinado.

Las historias de amor siempre han sido y serán recurrentes en todo tipo de arte. Han existido en toda la historia de la literatura, el teatro no podía ser indiferente a ellas y, por supuesto, el cine, como producto de la unión de estas y las demás artes, no podía dejarlo atrás. Sin embargo, es el tratamiento y la manera en que se mire al amor, lo que hace que este tema nunca se desgaste, pues se han utilizado tramas amorosas hasta en las más violentas y espectaculares películas y obviamente la llamada comedia romántica lo explota en su manera más cómica e idealista.

Derek Cianfrance ha construido este universo desde una perspectiva íntima y naturalista en la que, con dos personajes altamente contrastados que llenan la trama con una carga emocional bastante poderosa, retrata ese lado oscuro del amor que nunca se es capaz de mirar sin soltar una lágrima.

Esta historia utiliza el recurso de una estructura escalonada en la que cuenta con sucesivos flashbacks en los que se muestran, alternados con el presente, la construcción y destrucción, respectivamente, de esa relación amorosa que se trata en el relato. Afectada enteramente por las condiciones sociales de cada uno de los protagonistas y de otros elementos externos a ellos que condicionan la manera en la que se desarrolla su relación y como todo esto tiene un fuerte impacto en su vida un tanto avanzada de casados, a pesar y por ser una pareja joven. Los diálogos que acompañan las situaciones íntimas y definitorias de su relación, están llenos de una alta carga ideológica que ayuda a contrastar más la personalidad de Cindy y Dean, la pareja protagonista. También, junto con el recurso del flashback propio de la estructura del relato, estos diálogos proporcionan mayor información sobre las personalidades de cada uno de ellos y hace que el conflicto se intensifique cada día más y con la ayuda del montaje se relacionen directamente sus encuentros del pasado junto con la angustia que los destruye desde dentro en el presente.

Todos estos elementos cinematográficos hacen de esta historia una netamente realista que mira con otros ojos al amor. Unos ojos que no dejan de mirar al pasado y que le dan un significado mayor a esos detalles insignificantes que parecieran no tener mucha importancia, pero es precisamente la solidez en la construcción de estos dos personajes paradójicos entre sí, lo que le da a esos detalles de convivencia mutua la carga emocional que condiciona altamente las reacciones entre esta pareja. Cuestiones sobre el futuro, el trabajo. Antiguos encuentros, simples preguntas o un saludo formal, toman otro significado en esta historia que hace de esta pareja no otra del montón, con problemas clichés de infidelidades ni desacuerdos, sino algo más profundo, más definitorio que se sustenta en todo su haber en la personalidad firme e imponente de los miembros de esta pareja que construyen un conflicto novedoso en términos narrativos y llenan la historia de giros inesperados que elevan el relato a un punto dramático tan incluyente con los personajes de esta relación se vuelven un espejo amplificado de cualquier otra relación promedio que teme exponer sus miedos e inseguridades.

El clímax de esta historia está perfectamente logrado tanto desde el punto de vista técnico como narrativo. Un alto ritmo en el montaje y actuaciones impactantes y abrumadoras le dan el cierre final a esta historia de altibajos que se enmarca en una fotografía que acentúa aún más esa intimidad y naturalidad constante en toda la historia. Sencilla pero muy bien lograda da prioridad a los planos cerrados y la cámara movida que le da un toque de documental e incrementa el naturalismo y realismo del relato.

En suma, esta historia, cargada con un alto contenido intimista e ideológico, muestra a una pareja común, con marcadas diferencias sociales, y deja ver desde un punto de vista bellamente dramático cómo un matrimonio se desmorona poco a poco. Es todo un deleite dramático soportado en actuaciones verosímiles e impactantes que junto con la manera paralela de intercalar esas dos líneas temporales, enfatizan más en ese contraste tan grande y esa incertidumbre de que hasta la pareja más “perfecta” puede sucumbir a la indeleble unión que acoge un par de anillos.

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