Últimamente, el cine
colombiano le ha estado apostando a un lenguaje y a un tratamiento de temas más
universales con el fin de no sólo llegarle y tratar de cautivar al escaso
público que acude a las salas, sino también de lograr una distribución que
supere las fronteras nacionales y logre un impacto mayor tanto en el público
ajeno al país, como en el propio, el cual se ve mal acostumbrado a la
maquinaria hollywoodense que inunda en su gran mayoría, la cartelera nacional.
Esta estrategia no es mala, por el contrario, es sumamente importante para
llegar, algún día, a cimentar unos inicios de una futura industria
cinematográfica nacional que sea capaz de competir con el mismo Hollywood o con
otros países cuyos sistemas de producción fílmica están mejor consolidados que
el nuestro, y sobre todo, tratar de hablarle a un público que, como lo ya
mencionado, está programado a recibir mensajes empaquetados al estilo Hollywood
con un lenguaje simple y directo, que por lo tanto, tendrán una percepción de
este cine mucho más positiva y no se sentirán alejados por películas muy
intimistas que los excluyen completamente, pues al fin y al cabo, el público es
la razón de ser de un arte tan social como lo es el cine y sin él no existe esa
alteridad tan necesaria y fundamental en este medio de expresión.
Sin embargo, se corre el
riesgo de inclinar la balanza, al momento de iniciar la producción o creación
de una película, demasiado hacia al lado del público, esa masa uniforme que
casi siempre se cautiva por una forma llena de brillos y artificios, y poco
fondo y trascendencia. Ése fue el gran desacierto de “El Páramo”, una película
que carga con una factura, fotografía y dirección de arte excepcionales, pero
que descuida uno de los grandes aspectos expresivos del cine y que comparte
con las demás artes, que es el hecho de hacer una reflexión del hombre mismo y
su naturaleza interior, y no sólo buscar enmarcar y personificar sentimientos y
situaciones comunes y conocidas por cualquier público, sino buscar una mirada
particular y una opinión certera y firme sobre una problemática que acoja a la
sociedad o al ser humano en particular.
Por esto es que “El Páramo”
no deja de ser una película anecdótica que, enmarcada dentro del género del
thriller de suspenso y terror, cuenta una historia donde las emociones que
produce en el espectador no tienen tanta fuerza y significancia, sino que se
dan de una manera más bien gratuita (dentro de la lógica del argumento), y
padece una falta de trasfondo en sus personajes que justifiquen y soporten el
porqué de sus acciones y reacciones y hagan del mensaje de la película algo
que de verdad pueda trascender el hecho de espectacularidad que el buen cine,
sin duda, sobrepasa sin problemas. Aunque cuente con un conflicto central bien
establecido y desarrollado que a su vez se multiplica en otras problemáticas
dentro del grupo de protagonistas, las consecuencias y resoluciones de estos
conflictos carecen de unas causas narrativas bastante evidentes, como lo es el
hecho de que el personaje Cortez se rebele contra su superior y termine
“vengando” al mismo tiempo la muerte de su otro superior, algo contradictorio y
sin justificación alguna.
Ese facilismo y falta de
solidez se presenta en la construcción de la misma historia: desde las primeras
secuencias sólo se ve una misión cualquiera de un grupo de soldados del
ejército, intercalada con lo que parece ser un flashback de su protagonista,
cosa que no le aporta ningún significado o paréntesis aclaratorio al argumento
que se desarrolla en el tiempo principal de la historia y sólo hasta muy
avanzada la misma se conoce el conflicto central y la necesidad dramática
del grupo de personajes, cosa que aporta aún más a esa debilidad narrativa de
la película. Otra falla del film es la falta de énfasis en la presentación e
introducción de los personajes, sus conflictos y sus características
principales que hacen de la historia una con sentido, fuerza y trascendencia;
en esta película, esto se obvia casi por completo, lo que deja al desarrollo de
la misma en una simple sucesión de hechos que no tienen esa misma fuerza
narrativa que si se dieran a conocer todos esos trasfondos sociales que
soporten y expliquen de manera general la personalidad de cada uno de los
protagonistas, pues tan deliberada es la importancia de este aspecto que apenas
si se conoce un pequeño detalle del protagonista principal de la historia, que
en parte ayuda a que todas sus reacciones cobren un poco más de sentido
narrativo y emocional con el espectador.
Si bien, la película
tropieza bastante en su construcción de personajes y situaciones, cuenta con
una impecable concepción visual y una estética muy expresiva, dado el uso de
planos muy cerrados y atención a los detalles espaciales que sumergen de
inmediato en ese inhóspito espacio y le dan a los personajes mayores obstáculos
que no se les presentan tan fuerte de manera psicológica, sino de una
manifestación física y espacial.
Ésta es una película que
puede ser disfrutada en forma general pero que, sin duda, carece de ese
elemento de trascendencia y reflexión que le da poder a todas las situaciones
que, en conjunto, conforman la totalidad de la historia, y en su lugar genera
un montón de emociones sin un trasfondo claro y busca simplemente sorprender al
espectador a través de mecanismos facilistas y subtramas, como la del afectado
por la mina, que no aportan nada a la idea del film, sino que sirven como un
relleno o comodín que de alguna manera esconde esa debilidad narrativa y
emocional que padece la historia.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario