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sábado, 8 de octubre de 2011

"El Páramo" De las emociones sin fondo.

Últimamente, el cine colombiano le ha estado apostando a un lenguaje y a un tratamiento de temas más universales con el fin de no sólo llegarle y tratar de cautivar al escaso público que acude a las salas, sino también de lograr una distribución que supere las fronteras nacionales y logre un impacto mayor tanto en el público ajeno al país, como en el propio, el cual se ve mal acostumbrado a la maquinaria hollywoodense que inunda en su gran mayoría, la cartelera nacional. Esta estrategia no es mala, por el contrario, es sumamente importante para llegar, algún día, a cimentar unos inicios de una futura industria cinematográfica nacional que sea capaz de competir con el mismo Hollywood o con otros países cuyos sistemas de producción fílmica están mejor consolidados que el nuestro, y sobre todo, tratar de hablarle a un público que, como lo ya mencionado, está programado a recibir mensajes empaquetados al estilo Hollywood con un lenguaje simple y directo, que por lo tanto, tendrán una percepción de este cine mucho más positiva y no se sentirán alejados por películas muy intimistas que los excluyen completamente, pues al fin y al cabo, el público es la razón de ser de un arte tan social como lo es el cine y sin él no existe esa alteridad tan necesaria y fundamental en este medio de expresión.

Sin embargo, se corre el riesgo de inclinar la balanza, al momento de iniciar la producción o creación de una película, demasiado hacia al lado del público, esa masa uniforme que casi siempre se cautiva por una forma llena de brillos y artificios, y poco fondo y trascendencia. Ése fue el gran desacierto de “El Páramo”, una película que carga con una factura, fotografía y dirección de arte excepcionales, pero que descuida uno de los grandes aspectos expresivos del cine y que comparte con las demás artes, que es el hecho de hacer una reflexión del hombre mismo y su naturaleza interior, y no sólo buscar enmarcar y personificar sentimientos y situaciones comunes y conocidas por cualquier público, sino buscar una mirada particular y una opinión certera y firme sobre una problemática que acoja a la sociedad o al ser humano en particular.

Por esto es que “El Páramo” no deja de ser una película anecdótica que, enmarcada dentro del género del thriller de suspenso y terror, cuenta una historia donde las emociones que produce en el espectador no tienen tanta fuerza y significancia, sino que se dan de una manera más bien gratuita (dentro de la lógica del argumento), y padece una falta de trasfondo en sus personajes que justifiquen y soporten el porqué de sus acciones y reacciones y hagan del mensaje de la película algo que de verdad pueda trascender el hecho de espectacularidad que el buen cine, sin duda, sobrepasa sin problemas. Aunque cuente con un conflicto central bien establecido y desarrollado que a su vez se multiplica en otras problemáticas dentro del grupo de protagonistas, las consecuencias y resoluciones de estos conflictos carecen de unas causas narrativas bastante evidentes, como lo es el hecho de que el personaje Cortez se rebele contra su superior y termine “vengando” al mismo tiempo la muerte de su otro superior, algo contradictorio y sin justificación alguna.

Ese facilismo y falta de solidez se presenta en la construcción de la misma historia: desde las primeras secuencias sólo se ve una misión cualquiera de un grupo de soldados del ejército, intercalada con lo que parece ser un flashback de su protagonista, cosa que no le aporta ningún significado o paréntesis aclaratorio al argumento que se desarrolla en el tiempo principal de la historia y sólo hasta muy avanzada la misma se conoce el conflicto central y la necesidad dramática del grupo de personajes, cosa que aporta aún más a esa debilidad narrativa de la película. Otra falla del film es la falta de énfasis en la presentación e introducción de los personajes, sus conflictos y sus características principales que hacen de la historia una con sentido, fuerza y trascendencia; en esta película, esto se obvia casi por completo, lo que deja al desarrollo de la misma en una simple sucesión de hechos que no tienen esa misma fuerza narrativa que si se dieran a conocer todos esos trasfondos sociales que soporten y expliquen de manera general la personalidad de cada uno de los protagonistas, pues tan deliberada es la importancia de este aspecto que apenas si se conoce un pequeño detalle del protagonista principal de la historia, que en parte ayuda a que todas sus reacciones cobren un poco más de sentido narrativo y emocional con el espectador.

Si bien, la película tropieza bastante en su construcción de personajes y situaciones, cuenta con una impecable concepción visual y una estética muy expresiva, dado el uso de planos muy cerrados y atención a los detalles espaciales que sumergen de inmediato en ese inhóspito espacio y le dan a los personajes mayores obstáculos que no se les presentan tan fuerte de manera psicológica, sino de una manifestación física y espacial.

Ésta es una película que puede ser disfrutada en forma general pero que, sin duda, carece de ese elemento de trascendencia y reflexión que le da poder a todas las situaciones que, en conjunto, conforman la totalidad de la historia, y en su lugar genera un montón de emociones sin un trasfondo claro y busca simplemente sorprender al espectador a través de mecanismos facilistas y subtramas, como la del afectado por la mina, que no aportan nada a la idea del film, sino que sirven como un relleno o comodín que de alguna manera esconde esa debilidad narrativa y emocional que padece la historia.

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