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domingo, 6 de noviembre de 2011

“Whatever Works” Convivir con la amena incertidumbre.

El conformismo ha cobrado una enorme importancia en la psiquis del hombre moderno y/o contemporáneo. Ya sea por la frustración e incapacidad con la que regularmente se cuenta a la hora de enfrentar cualquier problemática mundial o personal que haya sido producida por todo un contexto exterior al propio, o por una simple indiferencia que optamos por asumir porque simplemente no queremos lidiar con problemas existenciales que nos compliquen aún más la vida. Este dilema es expuesto con una ya clásica estructura y un tratamiento recurrente en la obra del director Woody Allen, en esta película en la que el humor y la exposición ideológica de este excepcional autor son llevadas hasta su más alto nivel.

Una de las cosas más interesantes y atrayentes de este film, es cómo le ocurren las cosas a su protagonista, quien goza de una exquisita construcción al contar con una actitud bastante pesimista ante la vida en la que nada lo satisface, pero que al mismo tiempo parece conformarse con cualquier cosa (lo que podría justificar lo primero), y vivir su día a día sin mucha planificación, pues sabe cómo terminará todo: mal. Lo mismo ocurre con todos los otros personajes que complementan la historia con nuevas subtramas que recargan aún más esa reflexión sobre la incertidumbre que acompaña al ser humano a través de su existencia. Otro aspecto imprescindible de cualquier obra del señor Allen es cómo el amor atraviesa cualquiera de estas reflexiones de la condición humana, en las ocasiones en las que éste no es el centro de atención, lo que en esta película podría ser tratado como un elemento del tema central y que sin embargo, es un tanto opacado por la trascendencia en el tono universal en términos de perspectiva, que toma la película.

La estructura narrativa, como es normal en Woody, no tiene defecto alguno. Todas las situaciones están elaboradas ya sea para subrayar la idea planteada desde el principio o (y acompañadas de unos diálogos inteligentes y amenos) generar un humor muy bien elaborado que cuenta con un sarcasmo muy directo que terminan de engrandecer la fuerza con la que dice las cosas esta historia. Algo que realmente hace de esta película una experiencia poco repetitiva es la manera en la que el director/guionista hace de esta historia algo más personal para un público universal. La inclusión directa y literal del espectador en las experiencias narradas por el protagonista, el rompimiento sin anestesia de la denominada en teatro cuarta pared (límite entre lo que sucede en el escenario y lo que acontece al público testigo), sin duda termina de resaltar aún más ese carácter contemporáneo del que goza la película.

A medida que se desarrolla el personaje principal a través del argumento, se empiezan a ver reflejados en el resto de personajes que de alguna manera, son catapultados a la historia por todos los nexos que existen entre ellos mismos, es decir, su inclusión en la historia no es gratuita ni innecesaria, todos esos aspectos pesimistas y reveladores que se contagian de Boris, el personaje principal y aquí entra en juego otro de los elementos ciertamente recurrentes en la obra de Allen, que es ese misterio sin resolver que rodea muchos aspectos de la historia y que le agrega aún más humor y dinamismo al film. En este caso es el hecho de que sin razón alguna, los padres de Melody la hayan encontrado en la gran ciudad de Nueva York y a partir de allí, se haya dado una metamorfosis total en las vidas de estas personas, las cuales están muy bien caracterizadas en sus facetas conservadores provenientes del sur de los Estados Unidos, donde esta conducta es bastante generalizada.

Una reflexión sobre la vida misma y el cómo enfrentarla, encarnada en personajes sólidos y un argumentos dinámico y efectivo que toma los diferentes puntos de vista: el veterano y el joven, y de alguna manera le da un aliento de esperanza a ambas partes para no perder la ilusión en un optimismo por la vida y como lo ilustra su personaje principal, sólo basta con voltear la página del periódico matutino y seguir comiendo los huevos del desayuno y nunca esperar nada de nadie ni de ningún acontecimiento, sino estar abierto a que cualquier cosa puede llegar a funcionar.

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